Estrenada en la 56ª edición del Festival de Karlovy Vary y con una puntuación de un 7.1 en Filmin, este año ha obtenido 13 candidaturas en los Premios Goya 2024, aunque finalmente no ha sido nominada en ninguna de las categorías.
Una semana más, la película de hoy también es una ópera prima. El primer bello intento de alguien por contar una historia a través del lenguaje audiovisual y, esta vez, hablamos de Ramona (2022), de Andrea Bagney. Una película rodada en 16mm con un presupuesto bajísimo en el que la directora es, además, productora, post-productora y distribuidora. Pero en esta ocasión, vamos más allá, pues esta es también la primera interpretación de Lourdes Hernández en el cine. Russian Red, tal y como es conocida en el mundo de la música, comenzó su carrera sobre el 2007 dentro del género indie - pop. Y a pesar de que ser actriz era uno de sus sueños, hasta que Bagney la llamó, no había trabajado en el cine antes.
¿Cómo llega una cantante que vive en LA a protagonizar una película en Madrid? La historia es bien curiosa. Andrea Bagney tenía un deseo ferviente por hacer esta película. Independientemente de todo lo demás, del presupuesto, de los tiempos, quería contar esta historia. Cuenta en una entrevista que su equipo le recomendó contratar a alguien famoso para ayudarle al primer impulso, pero entre todas las actrices españolas, buscó caras y le costó encontrar una que encajase con su Ramona. En ese camino, un día Youtube le recomendó un videoclip de Russian Red y cuando la vió, supo que era ella por el encanto, la energía, la fuerza, y al mismo tiempo, la fragilidad, tal y como ella dice.

Es así como se construye este personaje, partiendo de lo que ofrece la propia actriz. Ramona (2022) no habla de una historia en el que hay una chica, ella es la historia, su vivencia cotidiana y su día a día. Es más, si hubiese decidido otra cosa (y no continuar en la película), estoy segura de que la habríamos acompañado igual. La trama no es el motivo, lo es ella. Y esto es lo que vemos en el personaje. Lourdes Hernández interpreta a una joven llena de luminosidad y carácter, desde una inocencia y un gusto por la vida pero llena de terror.
¿En qué nos recuerda Ramona (2022) con Frances Ha (2012)?
Bien, si habéis podido leer alguna de mis otras publicaciones, esta película resuena en gran medida a Frances Ha (2012), aquella película de Noah Baumbach y Greta Gerwig. Las similitudes son varias, desde que ambas están rodadas en blanco y negro, pasando por la vocación artística de las protagonistas, y llevar por título el nombre de las mismas y ser dos jóvenes mujeres que no tienen demasiado atado su futuro, debatiéndose entre la inestabilidad y el deseo por construir una vida que les gusta.
En este caso, el argumento es bien simple: Ramona es una joven actriz que se acaba de mudar a Madrid con su novio, Nico. El eco de todas aquellas películas de los sesenta en la que los jóvenes del pueblo llegaban a la gran ciudad con una maleta cargada de ilusiones por empezar a construir una nueva vida llena de éxitos. Este es también el caso de Ramona, pero el suyo con el sueño de la actuación; llega a la ciudad con el objetivo de ser actriz y dedicarse a la interpretación. Nada más darle al play, la película cumple la fórmula básica de casi todas las películas de amor en la actualidad, en la que una chica (con pareja, en este caso) conoce a un chico y tiene que decidir cuál de los dos es el verdadero amor. Lo que sucede esta vez es que el chico al que conoce, Bruno, interpretado por Bruno Lastra, es el director del casting (y de la película) a la que se va a presentar el día siguiente.
«I had this idea of an actress saying no to a director at a casting because she knows that the director is in love with her» (Andrea Bagney)
Cuando están ya en el proceso de ensayos y Bruno aparece con una nueva actriz, Lola, de alguna manera vuelve a repetirse este mensaje que la directora quería introducir con Ramona. Se repite el patrón: Bruno se reencuentra con está nueva mujer apenas horas antes del proceso de la película, y al sentir cierta fascinación, decide de inmediato que va a ser una actriz más. A mis ojos, considero que Ramona se enfada no tanto por celos. Más bien porque le recuerda a su idea inicial de que no la haya cogido por su valor como actriz, sino porque esté enamorado de ella, que le guste personalmente, como parece que sucede con esta actriz.
«I thought it was like a 1930 sketch, and I love Billy Wilder movies. I love classic American comedies. I started building the script around that moment» (Andrea Bagney)
A partir de estos referentes construye Andrea Bagney el mundo de la protagonista. Capta la esencia y la estructura de estos géneros a la hora de dirigirla. Por eso nos encontramos ante una producción que, a diferencia de Frances Ha (2012), aleja esa parte del género drama e introduce constantes tintes de comedia, todo ello englobado por una historia de amor que (casi) la convierte en la típica película rom-com de un domingo por la tarde. Bagney perseguía la creación de su “película favorita”, por eso se inspira en sus referentes e intenta imitarlos de alguna manera. Y la historia de Frances Ha (2012) también es uno de ellos, tal y como ella explica. Todo un acierto, a mis ojos, poner en valor a tus referentes y no esconderlos, pues las similitudes son notorias y no valdría de nada intentar mostrar que no forman parte de un mismo lugar.
Introducción, capítulos, final feliz… ¿Un cuento?
La estructura de Ramona (2022) nos puede recordar en gran medida a un cuento, por la construcción sencilla pero bella y fácil de la trama y sus elementos. Vamos a analizar de cuáles estamos hablando.
Como en la mayoría de las historias de amor, el drama está conformado por tres personajes; dos que están unidos y un disidente que viene de fuera. El tridente de actores de este triángulo amoroso lo constituyen Bruno, Ramona y Nico, y así, son ellos tres quienes llevan todo el peso de la trama.
Pero la estructura del cuento, de relato, comienza nada más empezar con la introducción. Se nos presenta a la protagonista en su mundo anterior, en lo que es antes de lo que quiere llegar a ser: una niñera que acaba de llegar a Madrid, vive en Lavapiés y pasea mientras conoce al barrio y a sus vecinos. Pero además, este cuento también está estructurado por capítulos y cada uno de ellos es introducido por intertítulos. La directora buscaba así una estructura fresca, una forma de hacer que la película fuese liviana y fácil de recibir. Cuando cuenta esto, se refiere a las películas de Wilder o Woody Allen. Un recurso que no es en absoluto necesario para el entendimiento de la película pero la directora decide introducir, como en el capítulo 1: «Ramona conoció a Bruno».
Sin embargo, a nivel de trama, no estaríamos hablando de un cuento canónico, con un clásico final feliz, no. Ramona, tal y como hace Frances Ha, comienza la película buscando dejar atrás su inestabilidad para lanzarse al vacío por sus sueños. Le da igual comenzar de cero si el final es poder vivir de la interpretación. Ambas son personajes alocados (diría que la segunda lo es algo más) que saltan al vacío en mitad de un entorno que no las favorece en nada. Tal y como le sucede a Frances, cuyo caos reside, en gran parte, en las casas por las que iba pasando debido a su precariedad laboral, Ramona también habita un entorno caótico en el que su paz mental no está en absoluto asegurada: vecina de dos pisos okupas en los que la venta de drogas la asusta cada día.
«A mí me interesa un tipo de cine que nos hace soñar, y aunque busco que el espectador se sienta reflejado en los personajes que está viendo, también busco que se adentre en un mundo donde la vida es más bonita que nuestra vida real. Por ello, aunque hablemos de los narco pisos de Lavapiés, he intentado realzar Madrid, mostrarla en todo su esplendor. Pienso que París y Nueva York ocupan un lugar muy especial para muchos de nosotros por la imagen de ellas que nos han creado los cineastas. Yo quería poner a Madrid ahí arriba. Siempre concebí el comienzo de la película como una contestación a Manhattan de Woody Allen»
Con la ordenación por capítulos, Andrea Bagney también hace un paralelismo con el propio proceso de construcción de una película, del montaje de la misma. La introducción sirve para hablar de la escritura del guión, presentando los hilos de la trama, y en el final, es la propia Ramona la que pregunta al editor si va bien el montaje, haciendo referencia al proceso final de todo largometraje. De alguna manera, este elemento tan imperceptible si la vemos como una película de domingo por la tarde, nos introduce lo que para mí es quizás el recurso más interesante de todo el film: el metacine.

El detalle de Ramona (2022), que Frances Ha (2012) no tiene
Hay un elemento que cuando vi Ramona (2022) agradecí enormemente: el recurso del metacine. Para todos aquellos que no estéis familiarizados con el concepto, estoy hablando del uso de elementos del lenguaje audiovisual y de sus propios materiales dentro de la propia película. Este recurso me fascina en cada una de las disciplinas artísticas (en el teatro y en la novela sucede muy habitualmente), pero cuando sucede en la pantalla, la poeticidad de la imagen llega a unos niveles superiores, pues no solo se siente, se lee, o se ve; se acoge con todos y cada uno de los sentidos y puede volver a revivirse una y otra vez.
Voy a romper una lanza a favor de Frances Ha (2012) en este sentido, pues en Ramona (2022) resulta mucho más sencillo utilizar este recurso ya que la protagonista es actriz. En el caso de Frances, siendo bailarina, estaríamos hablando de este recurso si se introdujesen elementos propios del teatro, la que la habría convertido en una película teatralizada y alejándola de su característica veracidad. En este artículo ya hablamos del cine teatral y estaríamos hablando de películas como Dogville (2003), entre otras, donde el teatro y sus mecanismos se fusionan con el lenguaje audiovisual.
¿Cómo se introduce el metacine aquí?
Partimos del elemento más básico y sencillo a la hora de introducir este recurso: la intención de hacer una película dentro de otra. Siendo Ramona una actriz, era fácil hablar del mundo audiovisual dentro de la ficción. Sin embargo, la elección de grabar una película como punto clave de la trama genera una doble ficción. Además, a nivel espacial resultaba muy sencillo situar a los personajes en entornos cinematográficos, pues se dedican al mundo y en su propia vivencia aparecen de manera natural. La sala de ensayo o el local en el que se realiza el casting apoyan el uso de este recurso. Así, Ramona se coloca frente a una cámara en varias ocasiones a lo largo de todo el film, volviendo a la doble ficción que os acabo de mencionar y generando que la propia actriz tenga que interpretar un papel dentro de su papel. Una multiplicación de planos e intenciones se abren gracias al uso de este recurso, haciendo que la película sea más rica y, de alguna manera, generando implícitamente un homenaje al propio cine.

«Para mí, el hecho de rodar es un acto poético en sí mismo, y yo quería homenajear al cine en sí, al medio, a tantos cineastas que han filmado antes que yo. Casi todas mis películas favoritas están rodadas en celuloide, y yo quería emular esas películas. El analógico crea imágenes con una densidad y una magia que no se puede añadir en post-producción» (Andrea Bagney)
Un ejemplo más donde el uso de este recurso se analiza de manera clara: cuando la misma escena es interpretada en el momento de ensayos de la película ficticia, y es replicada (ahora a todo color) en la grabación “real” de la misma. Además, la propia protagonista de la ficción también se llama como ella, haciendo que gracias a todos estos elementos, la barrera entre la realidad y la mentira se desdibujen cada vez más.
Pero en este sentido, vamos más allá. Y es que Andrea Bagney decide introducir partes del guión de dos películas: Annie Hall (1997) y Antes del atardecer (2004). De alguna manera, este otro homenaje a las películas que inspiran su creación, nos habla de los gustos personales de la propia protagonista. Y así, a partir de este círculo infinito de generar una ficción dentro de otra, Ramona también estaría realizando un homenaje a sus películas favoritas. Si quisiéramos ahondar más en este tema, podríamos intentar encontrar una identificación entre la directora con su personaje. Aunque más allá de eso, este recurso es definitivamente una forma de identificar a Ramona con lo que les sucede a las protagonistas de esas películas; de hacer un paralelismo entre esas historias de amor con la suya propia.
La música también se descubre como un elemento que favorece al metacine. No solo tiene una función emotiva para el espectador, sino también temática a la hora de representar cómo se siente Ramona. Se introduce y se corta de formas abruptas en la escena en la que ella intenta retomar el control de su vida cuando toca la puerta (tras haberse ido de la peli, cocinando, planchando, meditando…). Resulta como si alguien le hubiera dicho al montador: “Párala, que vamos a hablar”. La música extradiegética se convierte así en diegética de un segundo a otro.
¿Qué hay detrás del blanco y negro?
La poética y la magnitud de la película la encontramos, por tanto, en los pequeños detalles. La sugerente música de la escena inicial de ambos tomando café; la fotografía de la ciudad de Madrid en blanco y negro, etc. Este último es el que quizás, a día de hoy, más nos puede llamar la atención pues la mayoría de películas tienen en cuenta el color para contar una historia.
El uso de este recurso puede darse a dos cosas. Por una parte, por similitud e inspiración de la película Frances Ha (2012). Más allá de todas las similitudes que ya hemos analizado, el uso de este recurso sería una forma de generar una asociación directamente con ella. Esto tiene mucho que ver con el hecho de “no esconder las referencias de tu propia creación”, pues tal y como dice Bagney, el uso del blanco y negro supone un acercamiento a sus grandes referentes. Lo introduce para tratar de buscar una película similar a todas aquellas de Wilder y darle a la protagonista un status como el de las grandes estrellas del cine clásico; darle la oportunidad de poder llegar a ser Lauren Bacall. Y también podría recordarnos de alguna manera a las chicas de la Nouvelle Vague, en el estilo del vestuario, el gusto por la estética del tabaco.
«Creo que mucha gente piensa en la Nouvelle Vague por el 16mm, por la relación directa con las calles y la ciudad y porque los personajes no son reyes, espías ni superhéroes, sino personas normales que viven en las ciudades modernas, tratando de buscarle el sentido a la vida. Ese cine está en mi subconsciente muy grabado, pero no hay una película concreta de la Nouvelle Vague que haya servido de referencia para Ramona (2022), sino más bien ese espíritu de contar historias aparentemente pequeñas» (Andrea Bagney)

La omisión del color a lo largo de (casi) toda la película deja a los actores mucho más expuestos ante la cámara y ante la visión del espectador, por el mero motivo de que la atención no se suele ir tanto al vestuario, a los colores de la escena, de los decorados, etc. Así, la relación de Ramona y Bruno se construye en un plano mucho más realista y cercano, dejando poco que ocultar o esconder. Es por esto -y por una reflexión propia del metacine- que Andrea Bagney decide introducir el color únicamente cuando la cámara de la película interna está grabando. La doble ficción cobra un sentido global en este punto. Lo que la grabación de la película interna muestra se llena de color para que el espectador genere el pensamiento de lo que es ficción y lo que es realidad. Por si a alguien le genera algún tipo de duda esto, en el capítulo V, la directora lo deja claro: «La película y la vida» o una reflexión entre lo que es real y lo que él es cine.

Ella es, a menudo, vista no solo por el espectador, sino también desde los ojos del director, que son los de la cámara. Es en estos momentos, cuando está interpretando, donde más ella, más real, se convierte. Y se nos presenta así gracias a la introducción del color. Cuando la imagen se llena de color, la mirada cambia y de alguna manera, se genera una nueva capa de intimidad; somos conscientes de estar viendo algo nuevo, fresco, íntimo. Así, esta relación se construye a través de una lente. Y los personajes hablan del amor a través del lenguaje del cine, tal y como en el capítulo «Ensayos», en el que parece que él se le va a declarar, pero acaba recordándole la hora del ensayo y el estudio del texto.

Sobre cómo se refleja el amor
«Lo que me ha pasado es que me he enamorado de ti. Y creo que tú también te has enamorado de mí. Y creo que ya no deberíamos separarnos nunca más»
La película nos sumerge en una búsqueda personal de lo romántico, sin idealización en la figura del hombre. Ramona es el centro del triángulo, pero no por ser mujer, sino porque el elemento del hombre, el amor, es uno más de su nueva vida, que no condiciona ni marca su destino, como sucedería en los cuentos. Por ello, en cuanto a la forma, la película tiene todas las características del cuento tradicional menos la más importante, la de la trama. Esta comedia romántica destruye lo más importante y dañino que han supuesto las películas de Disney, la idealización de la figura del hombre como salvador. Es más, los dos hombres no son en absoluto idílicos bajo su mirada: uno representa la clásica ilusión de lo nuevo y el otro la calma y la estabilidad. Son una antítesis el uno del otro, alocado y vivalavida que es Bruno (tal y como vemos en el proceso de ensayos, en el que nada tiene claro) y organizado y responsable que se muestra Nico. En la fiesta, por ejemplo, Nico rechaza ir a un bar porque al día siguiente trabaja y ella decide irse a bailar. Pero al mismo tiempo comparten una cosa que Ramona no tiene y ansía, una idea clara, el saber qué es lo conveniente, lo más adecuado para uno mismo. Mientras Ramona se debate entre vivir en un barrio de moda como Lavapiés, quiere huir porque el ambiente le genera pavor; quiere ser actriz pero no quiere que sea a cualquier precio; quiere ser madre pero no quiere hacerse adulta, etc.
Sin embargo, diré que la idealización aparece en esta relación condicionada por el deseo de ella de ser actriz. Bruno no es un chico cualquiera, es un director de cine, lo que absolutamente condiciona la mirada de ella. Aunque no se refleja de manera precisa, considero que esto supone una relación de poder en la que ella tiene una idealización de su figura.

En este viaje de conocerse a una misma y cambiar el rumbo de las cosas, todos los elementos son nuevos y nada le queda de lo de antes, menos su novio, Nico. Así, este es el pilar base, la sujeción a la que se agarra cuando todo lo demás no está en su sitio. Pero empezar de cero también supone dejar atrás todo lo que corresponde a tu vida anterior, como lo es en este caso él, y es ahí donde surgen las dudas de ella.
Pero poco a poco, “el nuevo” va habitando espacios hasta llegar a la puerta de su casa, ocupando el papel de acompañante y protector que al principio tenía Nico, y es la manera de Bagney de decirnos que algunas cosas han empezado a cambiar. Así, la película nos habla del proceso real, uno tan real como la vida misma, sobre las incertidumbres del querer. Qué bello y sincero el momento en el que ella es tan consciente de que está a punto de hacer las cosas mal, y se mira frente al espejo para decirse: “para”. Como si fuese una confesión de la cual nos deja ser parte.
Ramona (2022) también nos habla del miedo a la vida adulta, pero también de que es necesario arriesgarnos para conseguir aquello que verdaderamente deseamos. La protagonista transita una de las que (parece ser) una de las épocas más decisivas de la vida de una mujer, en la que la maternidad acecha por todas las esquinas y parece que es ahora o nunca el momento de tomar esa decisión. Y en este caso, se presenta en una muchacha que nada tiene decidido con su vida más que su sueño por ser actriz. Y todo sucede en la edad en la que parece que es para toda la vida.
La vida real acaba por mezclarse con lo que parece la ficción. El monólogo final del contestador acaba siendo un discurso propio de sus intenciones. Y una vez más, nos demuestra la humanidad del personaje y su destino, el mismo que al inicio del film: una chica en plena crisis existencial que no tiene del todo claro lo que va a hacer con su vida.
Ramona nunca ha sabido qué quiere hacer, pero se arriesga a todos estos cambios. Parece como si estuviese recordándonos de manera indirecta que es mejor vivir por lo que amamos, incluso cuando no sabemos hacia dónde ir.

«Conoces al amor de tu vida y ¡boom! Desaparece»
Por lo que, contestando a la pregunta del título, diré que no. Considero que a pesar de las similitudes, una se apoya en la otra para construir un relato bello y sincero. El eco de Frances reside también aquí. Forma parte de los referentes de la directora y se nota. Si no habéis visto ninguna de las dos, están ambas disponibles en Filmin. Y estoy segura de que con una o con otra, el camino de dudas se hará un poco menos difícil.
Nahia Sillero.



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