Si usted y su pareja entraran en esta habitación pequeña y oscura, ¿podrían salir sonriendo? Claramente no; ni siquiera hay necesidad de preguntarlo. Si fuera tan claro como se muestra en la película, me rendiría sin siquiera dudarlo.
Recuerdo cuando una vez viajé al extranjero. El seguridad de un museo de arte interrogó a mi marido por acercarse demasiado a las obras. En vez de estar a su lado, le creí al guardia de seguridad, sin observar la situación con claridad; de lo contrario, ¿por qué sólo llamaron su atención? Después, mi marido me preguntó por qué no testifiqué en su favor. Me quedé sin palabras y, en el fondo, me di cuenta que él estaba enojado con la situación. Tenemos una relación muy estrecha; ¿no debería haberme puesto del lado de mi marido desde el principio? ¿Cómo podría ponerme del lado de un extraño en un país extranjero?

No puedo decir si mi marido “estaba demasiado cerca de las obras”. Si me enfrentara a la pregunta profunda: "¿Realmente amo a mi marido?", no me iría mejor que los protagonistas de la película.
Este problema surge de un complejo de inferioridad. No confío en mí misma, por lo que no confío en mi marido ni en nada que me resulte familiar, y eso incluye a las personas y al entorno en el que crecí. Cuanto más pertenece algo a otros, mejor me parece, y cuanto más familiar me resulta, más entiendo su fealdad inherente. Basado en esta creencia, al elegir entre mi gente y los demás, sin duda confiaría en los demás; entre locales y extraños, yo elegiría confiar en los extraños. Cuando comparo a los ciudadanos aquí y a los extranjeros, encuentro que los extranjeros son superiores. La falta de confianza conduce a la incapacidad de confiar en los demás. Aunque la persona ama a los demás, esa persona sigue siendo insegura, y esta inseguridad es probablemente una fuente importante de una mentalidad que admira las culturas extranjeras.

¿Es esta cultura de inferioridad el resultado de cierto tipo de educación? Por ejemplo, desde pequeños debemos ver las fortalezas de los demás y descubrir nuestros defectos. Nos sujetamos a estándares morales de ser “caballeros” y “sabios”, pensando narcisistamente que podemos alcanzar su nivel. Establecernos constantemente expectativas poco realistas no nos convierte en mejores personas; en cambio, nos hace darnos cuenta de que nunca podremos ser tan buenos como ellos. Nuestras esperanzas se hacen añicos y nos volvemos más conscientes de nuestros defectos y debilidades, de nuestras relaciones cercanas y de los grupos a los que pertenecemos. Por otro lado, los extraños siempre parecen impresionantes porque no los entendemos. Entonces, en mi corazón, acepté hace mucho tiempo que todo lo que otros dicen es verdad, mientras que lo que nosotros decimos es sólo un sofisma.

Sin embargo, los protagonistas de la película probablemente no recibieron este tipo de educación de “caballeros” y “sabios”. Sus dudas provocan una ruptura instantánea de la confianza entre ellos. ¿Por qué? La confianza destrozada proviene de fuerzas externas. Obligarte a bailar en público, confiscar tu teléfono celular, discriminación racial flagrante, revelar contraseñas, exponer la privacidad... aunque el hermoso país no lleva a la gente al autocontrol a través del gobierno moral, tiene sus maneras de destruir la voluntad de la gente. La única constante es que, debido a un mayor autocontrol moral o a la cruel destrucción del mundo exterior, las voluntades individuales son inútiles frente a la máquina gigante.




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