Cecilia (Mia Farrow) trabaja como camarera en Nueva Jersey y mantiene a su marido. Su única distracción es el cine, al que va una y otra vez para evadirse de la dura realidad y soñar con un mundo que les es lejano. Una noche, el protagonista de su película favorita, "La rosa púrpura de El Cairo", se fija en ella y atraviesa la pantalla para conocerla.

Una obra maestra hecha en conjunto por Allen y Farrow, una de las tantas. Todo el talento que tiene Woody Allen para crear y guionar historias están demostrados en este film. Jugando como siempre con la comedia para tratar de hacer más grata una historia que nos puede provocar un gran vacío interno, debido a lo certera que es.
En un poco menos de una hora y media, la historia nos muestra la realidad de la clase media americana luego de la Gran Depresión, el refugio en el arte e, incluso, la falsedad en "la tierra de las oportunidades".

Allen en alguna de sus películas tuvo una gran ventaja que siempre supo aprovechar: el talento de Mia Farrow. La actriz tiene la capacidad de mostrarnos sus estados de ánimos y/o sentimientos con solo algunos cambios de expresión facial, sin necesidad de recurrir a líneas y líneas de guion para entender que está triste.
Farrow, además, siempre jugó muy bien con sus cambios de timbre de voz, agudizando por momentos su voz para transmitirnos sensación de una persona vulnerable, débil.
En La rosa púrpura de El Cairo juega varías veces con este recurso, siempre de gran manera.



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