
Annihilation: cuando la muerte da paso a la vida
A seis años del estreno de Annihilation, muchos aún recuerdan la tétrica frase que rezaba su afiche promocional. “Teme a lo que está adentro”. El concepto podría pertenecer a cualquier porción de la filmografía de Alex Garland. Desde sus comienzos, el cineasta inglés idea historias donde el vínculo entre el estado interno de los personajes y el afuera es un requisito ineludible. El ambiente en el que los protagonistas se desenvuelven suele actuar como un espejo, y devuelve la actitud que recibe con creces. Así, el director reconstruye el cine de ciencia ficción para acercarlo a la realidad intrínseca de los humanos en lugar de alejarlo hasta extremos fantasiosos, como suele hacerse.
Annihilation es la creación más acabada de Garland en lo que a este binomio de humanidad y ficción respecta. Repensando la novela homónima de Jeff VanderMeer desde un enfoque levemente surrealista, concibió un mundo desdoblado donde coexisten dos realidades al unísono: la que todos conocemos, y el Área X, una zona sobrenatural cuyas fronteras se expanden con rapidez y engullen a cualquiera que las traspase. A su vez, dentro del lugar mutante, la vida y la muerte no son opuestos, sino iguales.
Southern Reach, la organización encargada de contener el fenómeno, envía una expedición de mujeres a recabar información sobre el mismo. Una vez allí, este último será quien las investigue, instalándose en sus cuerpos y corrompiendo sus mentes.
La connotación virósica de “instalar” y “corromper” no debe confundirnos. No se trata de otra historia sobre la típica fuerza paranormal que aplasta y quiebra al ser humano con ambición de dominarlo. El Área X y su poder, apodado “El Brillo”, tienen distintos efectos en cada persona que toma contacto con ellos. Asimilan las formas de vida no agresivas y, como bien indica el título de la película, aniquilan aquellas que se muestran destructivas para con su creación. Los personajes pueden, entonces, sobrevivir a través de la búsqueda del equilibrio entre su mente y las reglas del universo ficcional en el que se inscriben. Analicemos la manera en la que Garland trabajó con los balances para desarrollar una de las grandes obras maestras de la nueva ciencia ficción.

La vida como muerte
La primera parte de la película se centra en construir el mundo no ficcional como un contraste del Área X. En el primero, Lena es una profesora de biología celular que, durante el día, se mezcla con el común de la gente y lleva una vida sin sobresaltos. Sin embargo, todo cambia cuando llega a su hogar y la impacta la tragedia de haber perdido a su marido Kane hace un año, en una misión secreta de la cual nunca regresó. Un día, él reaparece. Instantáneamente, Lena descubre que su marido no es el mismo de antes y, cuando está a punto de profundizar en el misterio, Kane convulsiona y ambos se dirigen al hospital. En el camino, lo que parece ser la policía interrumpe su paso, duerme a Lena con un sedante y la traslada a un lugar desconocido.
El punto iniciático de Annihilation es similar al que se desplegará cuando Lena ingrese al Área X en la próxima etapa. Ambos espacios se rigen por una íntima correlación entre la muerte y la vida. Pero, mientras el brillo logra que ambos estados se retroalimenten entre sí, el universo claustrofóbico de Lena hace que uno repela al otro y viceversa. Afuera, en la institución educativa donde trabaja, ella imparte clases sobre la creación de vida. Adentro, en su hogar, sufre en carne viva el duelo de la muerte de Kane; un dolor sin cuerpo, sin nombre y sin fecha de defunción. Incluso, se lo podría nombrar como un deceso latente, en el que conviven la desolación del no retorno y la incertidumbre por la posible vuelta.
Sí, Kane reaparece, pero la muerte sigue ahí, alrededor de su figura y en cada rincón de su hogar. Garland mismo nos avisa de antemano que no se trata de un reencuentro colmado de felicidad, sino de un suceso casi desapercibido. Se enfoca en la tristeza de Lena y su esfuerzo por pintar las paredes del antiguo cuarto matrimonial y, un minuto después, captura a Kane en el piso de abajo, quieto, a punto de subir las escaleras y de espaldas a la cámara, casi invisible. No existe ningún cambio trascendental entre los dos momentos. Ni siquiera desaparece la canción melosa que acompañaba a la protagonista antes de la aparición de Kane. Entonces, todo sigue igual.
A pesar de la vuelta de Kane, el mundo de Lena continúa inerte y sin modificaciones, porque su pareja está muerta en vida. El punto final de esta etapa, cuando él convulsiona y, en el camino al hospital, ella es sedada y secuestrada, marca el símil óbito de la vida de la protagonista, desprovista por completo de Kane y de sí misma.

La muerte como vida
No es coincidencia que la segunda parte de Annihilation comience con Lena recostada en posición fetal dentro de algún rincón de Southern Reach. A través de la organización científica, que había reclutado a Kane en la misteriosa misión que lo destruyó, la protagonista consigue la oportunidad de seguir sus huellas para encontrar una forma de ayudarlo. Renace a través de la obtención de propósito y la posibilidad de reunir las piezas extraviadas de lo que alguna vez fue el hombre de quien se enamoró. Además, una vez que ingresa al Área X, continúa resucitando en loop por el efecto del brillo, que refracta todas las formas de vida en mutaciones diversas.
En este espacio, la muerte no es el fin de la existencia, sino el comienzo. Lo es también para el equipo que acompaña a Lena, donde cada integrante será impulsada por el brillo para atravesar sus propias tragedias personales. Como se mencionó anteriormente, dicha fuerza de la naturaleza no admite la violencia, y es por eso que arrasa con las mujeres que arremeten contra su creación y contra ellas mismas. Por otro lado, es amable con las que se aproximan a su hábitat con un estado de mente tranquilo, y las ayuda a mutar en un componente más de su fondo genético.
En cualquiera de los dos casos, el Área X asimila todas las formas de vida, malignas o benignas, y les imposibilita la vuelta a la realidad más allá de sus fronteras. Excepto por Lena.
Como vemos al inicio de Annihilation, la protagonista es la única en escapar del lugar mutante. Explica la razón de su supervivencia con certeza: la voluntad de regresar. Mientras sus compañeras se abandonaban al devenir de la naturaleza, Lena nunca permitió que esta la posea por completo. Habiendo convivido durante doce meses con la muerte reemplazando el lugar de su marido, ella es, igual que el Área X, un espacio donde conviven ambos extremos de la existencia, y es por eso que logra hacerle frente.
Al final, cuando Lena llega al faro, epicentro del brillo, batalla de forma física y psicológica con un doble de ella misma que carece de apariencia alguna, pero la emula en cada uno de sus movimientos y le impide escapar. Luego de varios minutos, descubre que la réplica no hace más que espejar su agresividad, y toma la decisión de matarla pacíficamente con una granada. El doppelganger se desintegra y, antes de quebrarse por completo, adopta la cara de Lena. Entendemos, entonces, que la protagonista renace una vez más y de manera definitiva, despidiéndose para siempre de su yo anterior, que no lograba conjugar la muerte y la vida, para transformar su cosmovisión y entender a los extremos de la existencia como recíprocos.



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