Paul Schrader y las puertas prohibidas de Carlos Hugo Christensen (2) Spoilers

La admiración de Paul Schrader por No abras nunca esa puerta (1952) motivó que este film de Carlos Hugo Christensen mereciera una bienvenida revisión. Aquí publicamos un artículo, y ahora abrimos el análisis a otra de sus películas. La relación es obligada, porque No abras nunca esa puerta y Si muero antes de despertar, ambas de 1952, son parte de un mismo proyecto. En origen, debió ser un único largometraje con tres historias, basadas todas en textos de William Irish. Si muero antes de despertar se extendió y habilitó su autonomía como film independiente, generando de esta manera un díptico.

Al estar basadas en relatos de Irish, el interés de Schrader encontró un énfasis particular. Paul Schrader, como hemos dicho, es uno de los cineastas que más estudió el noir; y la atención en Irish (seudónimo de Cornell Woolrich) es menester, ya que se trata de una de las influencias mayores para el film noir americano. Son muchísimas las películas que deberían citarse, pero me quedo con dos: Phantom Lady (1944) de Robert Siodmak, y Rear Window (1954) de Alfred Hitchcock. Abrevar en Irish es hacerlo en uno de los nervios sensibles del género, que el talento de Christensen tuvo la virtud de apropiar y reelaborar, conforme a un verosímil propio. En las décadas de 1940 y 1950, el cine argentino tuvo industria y público, en un diálogo fascinante con Hollywood; de ello resultó un cine clásico con una puesta en escena distintiva.

Estos dos films, basados en obras de un escritor extranjero, podrían hoy llamar la atención, no así en aquellos años, cuando se filmaban obras de distinta procedencia -Poe, Le Fanu, De Amicis, Flaubert- donde actores y actrices siempre hablaron el castellano. Este rasgo, hoy parece haber sido apropiado por Hollywood, cuyas películas manejan su mismo idioma para cualquier contexto histórico, del pasado o del futuro, ocurra en Estados Unidos o en Marte. A nadie nunca molestó algo así, tampoco ahora (a mí no me molesta que Napoleón hable inglés); lo increíble es que el cine argentino pudo, en su momento, hacer lo propio y que dicha operación estética, con mayor o menor éxito, fuera aceptada por el público.

En el caso de No abras nunca esa puerta y Si muero antes de despertar -no son las únicas versiones autóctonas sobre textos de Irish, también está El pendiente (1951, León Klimovsky)-, Christensen rubrica cambios de guion y de caracterización de personajes, con tangos, cafés, modismos, y piberío de escuela. Son, en conjunto, una obra maestra.

Una puerta prohibida 3

a. Mundo infantil

"Con fe cerrados los ojos / con fe las manos cruzadas / al llegar la noche oscura / a Dios entrego mi alma / Si muero antes de despertar / que el Señor venga a buscarla"

La calesita de los sueños que no volverán.

Si el escenario en el que se desenvolvía el argumento de No abras nunca esa puerta había sido el de dos clases sociales antagónicas, el mundo elegido para Si muero antes de despertar es el de la niñez.

Lucho Santana (Néstor Zavarce) es un pibe de barrio que disfruta de molestar a su compañera de banco en la escuela. Tras esa molestia ingenua, se juega cierta atracción que hace que Lucho se pase más tiempo hablando con las nenas que jugando a la pelota. Alicia, su compañerita, suele regalarle parte de su chupetín. Cuando Lucho intenta averiguar de dónde saca Alicia los 10 centavos necesarios para comprarlos, ella le responde que gracias al señor (Homero Cárpena) que, a la salida de la escuela, le promete llevarla a conocer una casa de caramelo y chocolate. Lucho ve salir del colegio a Alicia junto al extraño, pero, bajo juramento de palabra, no dice nada al director de la escuela, quien pide información acerca del paradero de la niña desaparecida.

El padre de Lucho (Floren Delbene) es policía, un Inspector de Segunda con pocas oportunidades de ascenso. Desde la noche de su dormitorio, Lucho se entera del encuentro del cadáver de Alicia mientras escucha, en secreto, a sus padres.

Ahora es Julia quien ocupa el banco de Alicia. Julia tiene debilidad por las tizas de colores y confiesa a Lucho, en secreto, que quien se las provee es un señor que, también, la espera a la salida del colegio. Llega el momento en que Julia también desaparece y Lucho, castigado en su cuarto por "escándalo, rebelión contra las autoridades, y reincidencia", de acuerdo al informe escolar, nada puede hacer.

Su padre policía sentencia: "Si se te cierran las puertas de la escuela, se te cierran las de esta casa".

b. El niño y la bestia

"El bosque legendario donde crecen los árboles del miedo puede ser cualquier baldío de nuestra ciudad".

Homero Cárpena, el lobo feroz.

Que el género negro sea capaz de imbricarse en cualquier esfera social queda expuesto en No abras nunca esa puerta. En el caso de Si muero antes de despertar asistimos a todos los elementos que definen al cuento de hadas. De hecho, el film es un cuento de hadas, pero negro. En este caso, asistimos a la develación de temores que, aunque inscriptos en algo de apariencia ingenua, como un simple cuento, encuentran su nido en los comportamientos sociales.

Desde este punto de vista, es menester señalar que, más allá de la trama policial a la que responde todo relato negro, se descubre en ella una reflexión de carácter tanto social como psicológica, en virtud de parámetros que permiten identificar una clara postura estético/ideológica. Este buceo psicológico que realiza el relato de Christensen tiende a dar cuenta de los traumas que subyacen en la persona; en este caso, dados a través del descubrimiento sexual de un niño. Todo cuento de hadas posee claras referencias y advertencias sobre este aspecto. Y en su film, Christensen devela al verdadero lobo, maníaco sexual de líbido desatada que, ante la pregunta de Lucho a su madre (Blanca Del Prado) -"¿Qué es un lunático?"-, ésta define como "un animal".

Mamá, incluso, quiere ayudar el descanso y arrulla a su hijo con un canto, mientras que el sueño del niño se transforma en pesadilla en la que se entremezclan caballitos de calesita, pelotas, una gran campana de Iglesia, y un mono entre rejas. Lucho despierta enfermo, y el médico tranquiliza a la familia al decir: "por suerte los chicos olvidan tan fácilmente". Sin embargo, algo sacude al niño al descubrir, en la vidriera de la juguetería, un libro abierto con la fotografía de un mono, junto a un espejo en el que ve su rostro reflejado, mientras que a sus espaldas se yergue, imponente, la Iglesia del barrio.

Lucho tratará de alejar de sí la imagen de niño rebelde, despeinado, castigado de manera reincidente por las autoridades. Sobre el pelo salvaje deposita ahora una gomina dura. Cambia sus formas y modales. Cuando la edad se lo permita, será policía como papá. Lucho niega, de manera inconsciente, el temor de ser el animal que vive en sus sueños. El hombre instintivo que rapta y mata a sus compañeritas de curso.

Con este fin, logra escapar del encierro de su cuarto para dar con la guarida del lobo. El niño encuentra a su amiguita amordazada, en la casa abandonada de un terreno baldío. Es noche de luna llena y el lobo, el lunático, todavía no aparece. Cuando lo hace, amenaza con derribar la puerta si los chicos no le abren. Julia reza. El lobo entra y golpea a Lucho mientras se relame. En eso, llega el papá y, a fuerza de golpes mortales y legales, detiene la vida del animal.

Sobre el final, Lucho despierta en su cama como si de un mal sueño se tratase. Papá lo recibe con la alegría que supone el ascenso a Inspector de Primera. Le cuelga a su hijo la medalla. ¿Final feliz?

La actitud estético/ideológica del relato negro se da a través de marcas, de acentos, de detalles que permiten estructurar una historia entre líneas. Estos llamados de atención son elaborados a través de los diálogos, de la utilización lumínica, del encuadre, o de la relación simbólica que se produce entre los elementos que se van dando cita. Podemos decir que la historia policial es la excusa, la base sobre la que se erige, clandestinamente, una segunda historia. Es esta historia la que se vincula con un propósito ideológico, la mayoría de las veces de denuncia.

En el caso de Si muero antes de despertar, esta postura se revela como la psicosis social que sustenta la represión institucional dada por la familia, la Iglesia, la escuela, el Estado. Como si de un análisis psicológico se tratase, el film de Christensen es un examen social introspectivo que cristaliza como experiencia sexual traumática. Además de Alicia, niña que muere al atravesar un espejo de ilusiones, la víctima también es Lucho puesto que, aunque resuelta la trama policial del relato, él será el nuevo policía. ¿Se comportará como su padre? ¿Quiere él, en verdad, ser un policía?

Leandro Arteaga

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