Zona de promesas 

Jutlandia, norte de Dinamarca, 1755. Ludvig Kahlen es un militar de vida modesta y carrera intachable pero relegada por su falta de alcurnia. Nadie lo tiene muy en cuenta. Tiene un sueño, poblar una tierra inhóspita y tan olvidada como él. Hubo varios intentos previos de colonizar la zona que fueron infructuosos. Pero Kahlen tiene un plan que podría funcionar y se presenta ante el rey con una propuesta que es recibida con desdén. Sin recursos, pero con promesas de recompensa futura, inicia igual su aventura.

El bastardo, también conocida como La tierra prometida (un título bastante mejor), es una película danesa de Nikolaj Arcel que se acaba de estrenar en Argentina y que tuvo un paso importante por festivales, compitiendo por el León de oro en Venecia (en donde terminó triunfando Pobres criaturas). También fue preseleccionada por su país para la reciente entrega de los Oscars.

Como en trabajos previos del director, que mencionaré al final, El bastardo juega su mejor carta en la centralidad del personaje compuesto por el siempre exacto Mads Mikkelsen, que si bien compone a un héroe bastante clásico, el duro que en el fondo es sensible, lo hace como él sabe hacerlo, con ese equilibrio entre vulnerabilidad y fortaleza que no por conocido deja de ser admirable.

Un héroe clásico para un relato clásico. No hay que buscar en esta película experimentación, ni ideas formales novedosas. El terreno de Jutlandia podrá ser desconocido, pero el terreno en el que se desarrolla la trama es de los más transitados. No faltará un villano rodeado de secuaces, ni intereses románticos, y otros elementos propios del western, con el consabido marco de optimismo de ese género al mostrar una tierra de nadie que el progreso convertirá en algo mejor para todos. Pero eso es solo un punto de partida. El rigor y la crueldad la alejan de Hollywood y la acercan más al cine escandinavo. Una tensión sostenida a lo largo de todo el metraje la eleva de la medianía.

Mads Mikkelsen, en el absoluto centro del relato

La historia es real, ocurrió bajo el reinado de Federico V, que tenía el sueño de poblar esas tierras, aunque el episodio es menor si se lo compara con lo que el mismo Arcel contaría en su trabajo más conocido, La reina infiel (2012), el proceso revolucionario iniciado en el reinado de su hijo Cristian y consolidado posteriormente por su nieto. Pero antes de esos sucesos la presencia del estado danés en Jutlandia era meramente nominal y las tierras en cuestión eran reclamadas por una oligarquía local que quería mantener todo como estaba.

Entre ellos estaba el rico terrateniente Frederik De Schinkel, para quien Khalen podía suponer un problema pero también un poco de diversión en una vida tan cómoda como previsible. La enemistad entre Khalen y De Schinkel se potencia entre desprecios de clase y problemas de otra clase, que no conviene adelantar.

La película se basa (libremente) en una novela reciente de Ida Jessen y más allá de los antagonistas mencionados deja espacio para el desarrollo de personajes secundarios como un sacerdote idealista, sirvientes que huyen del maltrato de los terratenientes, gitanos errantes nunca bienvenidos y colonos alemanes supersticiosos, todos con intereses cruzados.

Sin revelar mucho más de la trama se puede adelantar algo sumamente previsible, el indigno Kahlen, creyendo que todo lo puede, tendrá algunos gestos de nobleza que le complicarán el camino, mientras que el muy noble De Schinkel abusará de su poder para impedir que ese camino se cumpla.

Un camino arduo que tendrá sus fugaces momentos de belleza.

Uno deberá cuestionar su propia fe en el orden mientras el otro celebrará a su manera su apuesta por el caos.

Algo huele a podrido en Dinamarca

Las carreras de Mikkelssen y de Arcel parecen moverse con naturalidad entre los trabajos por encargo y las inquietudes particulares. En ellas arte e industria conviven sin problemas. Mikkelsen tiene ya una dilatada trayectoria en Hollywood, aunque allí habitualmente es encasillado en papeles de malvado, que incluye trabajos para películas de Marvel, de Bond, de Star Wars, y hasta de Indiana Jones. Trabajos que sabe alternar sabiamente con papeles más arriesgados en films de los más prestigiosos directores daneses como Bier o Vinterberg. Con Susanne Bier hizo Corazones abiertos (2002) y Después del casamiento (2006), con Thomas Vinterberg La cacería (2012) y Otra ronda (2020), todas notables. La carrera de Arcel no llega a ser tan rutilante pero de todas formas conviene repasarla.

Sobre el director

Nikolaj Arcel nació en Copenhague, Dinamarca, en 1972. Su primer largometraje fue el thriller político El juego del rey (2004) en donde un periodista ambicioso revelaba intrigas de poder en un partido político que había perdido a su líder en un accidente, justo antes de las elecciones. Un sólido debut, no muy llamativo pero realizado con mucho oficio.

Tras un vuelco hacia la fantasía para la película familiar La isla de las almas perdidas (2007) llegaría un primer momento importante en su carrera con el guión de Los hombres que no amaban a las mujeres (2009), primera parte de la célebre trilogía Millenium, del escritor sueco Stieg Larsson. Arcel no se ocuparía de las siguientes adaptaciones y cambiaría la aspereza de esa saga por la amabilidad previsible de La verdad sobre los hombres (2010), una comedia romántica que no tuvo distribución en Latinoamérica ni en España.

En el 2012 llegaría su película más ambiciosa e interesante hasta la fecha, La reina infiel, que recupera una figura histórica central para la historia de Dinamarca, el tenaz médico personal del Rey Cristián VII, Johann Friedrich Struensee, un papel a la medida de Mads Mikkelsen (en su primera colaboración con Arcel). Struensee se transformó en el hombre de confianza del errático monarca y aprovechó ese lugar de poder para impulsar una serie de medidas progresistas que cambiaron para siempre la política danesa y modelaron el actual estado de bienestar de ese país. El título de la película puede resultar engañoso al prometer un melodrama romántico de época, y si bien hay algo de eso, y es un hecho reconocido que hubo un vínculo documentado entre Struensee y la reina Carolina Matilde, la trama no se queda sólo en lo anecdótico sino que se enfoca en la génesis de esos cambios sociales.

Tras una serie de trabajos como guionista de películas sobre casos policiales, en sintonía con su labor para Millenium, llegaría una fallida incursión en el cine norteamericano adaptando una novela de Stephen King, La torre oscura (2017). Con grandes nombres involucrados, como Matthew Mc Conaughey, críticas muy negativas y escasa repercusión, el siguiente paso natural fue un regreso a terrenos conocidos.

Arcel fue además el responsable de la idea original de Justicieros (2020), otra película protagonizada por Mikkelsen y dirigida por Anders Thomas Jensen, amigo y habitual colaborador en sus guiones. Se trata de una comedia muy negra con ingeniosas vueltas de tuerca.

El bastardo es el regreso al mundo de La reina infiel, incluso transcurre en el mismo período histórico. Está claro el oficio de Arcel para moverse en ese mundo y su habilidad para combinar el retrato de una época, y de figuras históricas reales, con elementos propios del más clásico cine de entretenimiento.

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