La Maldición (The Curse) busca incomodar, subvertir y burlarse no sólo de la sociedad que retrata –el pequeño pueblo La Española de Nuevo México- sino del espectador mismo. Creada por el genial –nunca más acertado el término- Nathan Fielder y por el más “freak” de los hermanos Safdie (Benny), el final de temporada, que se presume es el final de la serie, es apoteósico. Totalmente radical.
Fielder dirige un episodio que es un verdadero delirio. Durante diez capítulos, La Maldición se encargó de crear grietas y fallas entre la realidad y la verosimilitud, aprovechándose de que los protagonistas, la estupenda Emma Stone y el propio Fielder, son una feliz pareja de filántropos que están grabando un reality show para una cadena de TV por cable.
Esas grietas en términos de la realidad que narra La Maldición y de la ficción dentro de la ficción (el reality show) habían logrado una tensión dramática máxima en el episodio nueve, pero todo dentro del marco de lo verosímil. En este último capítulo se produce algo totalmente inédito para la TV, incluso la más independiente, que es conjugar un drama humano con el absurdo más radical. Cuesta encontrar ejemplos similares.
Lo absurdo, que por razones de fuerza mayor acá es macabro, se apodera de todo. La ensalada de ironía, burla, humillaciones, amores asimétricos, egoísmo e hipocresía deriva en una montaña rusa de irrealidad. En este final desatado, Fielder juega con nosotros poniendo a su personaje en una situación tan espectacular como increíble (léase no creíble) como las que atraviesa Tom Cruise en Misión Imposible, a la vez que su amada esposa, interpretada por la apabullante Stone, está con contracciones y a punto de parir. Mientras un niño viene al mundo, alguien está volviéndose un feto absorbido por una fuerza inexplorada del Universo. No hay explicaciones lógicas. Fielder, Safdie (quien también escribió el guion) y Stone patean la realidad y la hacen saltar por el aire.
Me rindo a los pies de Fielder, quien en Nathan for you y la excepcional El Ensayo había demostrado ya ser una de las mentes más lúcidas de la industria del entretenimiento.

En La Maldición, Fielder deja que Stone se luzca como se merece, porque es una de las más grandes actrices de su generación y, sin dudas, la que más riesgo está dispuesta a asumir en sus trabajos. Él, como actor, es un gran acompañante. Su destreza está sin dudas detrás de cámara. Si alguien hubiera dicho que podía imaginarse cómo sería el final de La Maldición mintió. Lo que Fielder, Safdie y Stone nos tienen reservado es totalmente inesperado. Un cachetazo hilarante, desconcertante y conmovedor.
La Maldición se puede ver en la Argentina por Paramount+ y es una producción de la cadena Showtime. ¿La serie más transgresora del año? Sin dudas.

Por Mario A. Fiore


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