La paternidad, de París, Texas a Aftersun Spoilers

Aftersun, la ópera prima de Charlotte Wells, es un film inspirado en sus propios recuerdos y nos sumerge en un relato familiar sensible, tierno, sutil. La película retrata las vacaciones de Sophie (debut impresionante de Frankie Corio) y su padre Calum (interpretado por Paul Mescal) en un hotel venido a menos en Turquía.

Aftersun nos habla de una relación compleja, profunda y, sobre todo, de la paternidad. Sophie, con tan solo once años, intenta entender a su padre y conectar con él, mientras que Calum lucha por ocultarle la depresión que está transitando. La película intercala imágenes de este presente con el futuro de Sophie.

Y, además, en medio del relato se entrecruzan imágenes de ambos personajes (Sophie ya adulta y Calum en la misma edad del presente del film) encontrándose en una discoteca. La primera vez que aparece este recurso nos resulta tremendamente desolador, porque en la mitad de la película uno, como espectador, se da cuenta de que si Calum tiene la misma edad que Sophie a los 30, entonces se trata de una imagen ficticia. Es decir, Calum no creció. Calum probablemente nunca llegó a abandonar Turquía luego de despedir a su hija Sophie en el aeropuerto, imagen retratada desde la videocámara de Sophie, herramienta fundamental para el relato porque nos deja conectar con los personajes desde un lugar muy íntimo, desde su propia mirada. De alguna manera, a lo largo del relato, Sophie intenta unir a los dos personajes de su propia película: el padre que filmó en esas vacaciones y el hombre al que nunca llegó a conocer, ahora visto y pensado desde su adultez.

La paternidad vista a través de una videocámara me llevó inexorablemente a París, Texas, y sobre todo a una imagen de la película que me resulta profundamente desgarradora. Travis está mirando una reproducción de una súper-8 y se ve a él mismo años atrás, con su hijo Hunter y Jane en un viaje a la playa. Travis mira la imagen, cierra los ojos y se agarra la cabeza entre las manos. El recuerdo es tan pregnante que no lo puede ver. Ese pasado, esa idea de familia que fue y no va a volver a ser.

En París Texas, cuando Travis logra contactar a Jane y reunirla con Hunter, le deja una grabación a su hijo: “Cuando te vi por primera vez, tenía muchas esperanzas. Esperaba conseguir que vieses que yo era tu padre. Me has demostrado que lo soy. Pero lo que más esperaba, no va a ocurrir nunca, ahora lo sé. Tienes que estar con tu madre. Yo los separé y estoy obligado a reunirlos de nuevo. Pero no puedo quedarme contigo. No puedo cicatrizar lo que ocurrió. Las cosas son así. Ni siquiera recuerdo bien lo que ocurrió. Es como un agujero que me dejó en una soledad total y que no he conseguido superar. Y ahora tengo miedo. Tengo miedo de irme. Miedo de lo que pueda descubrir. Pero me da más miedo no enfrentarme a este miedo. Te quiero, Hunter. Te quiero más que a mi vida”

Esta misma grabación, más allá de la distancia temporal entre ambas películas y las diferencias sustanciales en las características de los personajes, podría haber sido una grabación de Calum. Hay algo en ambos personajes que se parece en el sentido de que los dos intentan ser padres y no pueden. Y en ambos casos, hay momentos en los que se nos genera la falsa ilusión de que el vínculo se podrá desarrollar. En Aftersun, hay momentos de la estadía en Turquía en donde vemos a Calum y Sophie riendo, bailando, hablando y creemos que ese vínculo puede funcionar por fuera de ese universo ficcional. Porque, de alguna manera, Turquía funciona como una ficción dentro de la película. Como si planteara la idea de que los personajes tienen que irse a un hotel decadente en un lugar recóndito para que funcione su vínculo.

Sin embargo, a continuación de estos momentos de conexión, siempre sucede algo que da cuenta de la realidad, como si ésta se inmiscuyera sin quererlo. Hay una imagen muy clara: vemos a Calum en una expedición, mientras un grupo de turistas le canta el feliz cumpleaños junto a Sophie y a continuación lo vemos a él solo, llorando desconsoladamente en la habitación. Es un llanto desgarrador que nos hace entender que Calum está profundamente atravesado por la tristeza. Sucede algo parecido en París, Texas, cuando Travis y Hunter viajan a buscar a Jane. Hay algo en ese viaje que los une profundamente, la idea de la aventura, la conexión natural entre ellos. Sin embargo, en la propia travesía a Travis se le escapan algunos de esos mismos comportamientos que lo hicieron alejarse e irse a vivir al desierto.

Calum y Travis se nos presentan como dos personajes que tienen un vínculo conflictivo y profundo con el alcohol. En el caso de Travis, en la mítica y para siempre recordable escena de reencuentro con Jane en el peep show, él le relata su propia historia en donde admite haber tenido muchos problemas con el alcohol, cosa que lo llevó a un punto límite de celos y destrucción que culminó con su casa prendiéndose fuego y él corriendo, sin parar, solo corriendo durante días.

En Aftersun, esto también está presente, aunque de forma más sutil. Una de las noches, Sophie vuelve a la habitación después de estar con sus amigos en el bar del complejo y toca la puerta pero nadie le responde. Tiene que dormir en el lobby y la despiertan los empleados del hotel al amanecer. Cuando consigue una llave para entrar, Calum está dormido en la cama, totalmente desnudo, como si se hubiera desmayado la noche anterior. Además, en una conversación telefónica entre Sophie y su mamá, escuchamos que ella le pregunta varias veces si Calum está bien. Tanto Hunter como Sophie por momentos toman un rol de padres de sus padres. La última noche, después de que Travis logra localizar a Jane, se emborracha en un bar. Hunter, un niño, debe sacar a su padre del bar, cuidarlo y buscar dónde dormir.

En Aftersun, en la escena en la que los protagonistas bailan mientras escuchamos Under Pressure, se empatan por un momento las dos realidades. La Sophie de 11 años baila con Calum en las vacaciones y Sophie grande se encuentra con su padre en un espacio liminal, imaginario. Sophie le grita y lo intenta contener, pero Calum baila desaforado, fuera de sí. Ambos personajes, en ambas líneas temporales, se abrazan. Pero a diferencia del abrazo de nuestro presente, en donde los personajes se abrazan con ternura y sonríen, el abrazo de la otra linealidad es un abrazo desgarrador.

Hunter y Sophie, pese a su corta edad (ocho y once años), son personajes que reflexionan sobre la vida, la muerte, la existencia. Sophie le dice a su padre: “creo que es lindo que compartamos el mismo cielo. Durante el recreo, miro al cielo y si puedo ver el sol pienso en que ambos podemos ver el sol. Aunque en realidad no estemos en el mismo lugar y en realidad no estemos juntos, en cierto modo lo estamos. Ambos estamos debajo del mismo cielo, entonces, de alguna forma estamos juntos”. Hunter dice “Yo nunca sentí que estuvieras muerto, te oía caminar y hablar. También puedo sentir a mamá”.

Hay una sensación, además, de que Travis y Calum no pertenecen a ningún tiempo y espacio. Travis, en la escena del peep show, dice que deseaba estar perdido en un lugar lejano, donde nadie lo conociera, un lugar sin lenguaje ni calles. Cuando Sophie le pregunta a Calum si algún día va a volver a Escocia, él le responde “no, todo quedó en el pasado para mí, y está este sentimiento, una vez que dejas el lugar donde creciste, tú ya no perteneces del todo allí otra vez, pero nunca sentí que perteneciera a Edimburgo”.

Por cierto, no estoy sugiriendo que Aftersun sea una copia o intente parecerse a París, Texas. Todo lo planteado en este artículo parte de mi propia experiencia al ver ambas películas, que me resuenan con una vinculación muy íntima, a pesar de que haya 37 años entre ambas y profundas diferencias en los modos de abordarlas.

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