undefined_peliplat

3 razones por la que todos somos Anna y Will, aunque no estemos en Notting Hill

Spoilers

Se cumplen 25 años de la película que inmortalizó a la pareja de Anna y William, esos dos chicos que solo quieren disfrutarse juntos mientras leen en un banquito de plaza en algún lugar de Notting Hill. Momento ideal para ver qué cosas nos unen con esta pareja.

En 1999, año de estreno de Notting Hill, las comedias románticas trascendieron el cine para llegar a nuestras casas, las compartimos en familia, en pareja o nos juntábamos con amigos algún viernes por la noche para disfrutar de esas historias acompañadas con pizza, empanadas o la perfecta excusa para cocinar. Los VHS impactaron en todos los videoclubes, a veces se veían películas que tenían varias copias porque se sabía que iba a salir como pan caliente, por lo que se aseguraban que varias personas pudieran alquilarlas.

En el momento que uno veía esta comedia romántica se encontraba con la pareja de Anna y William y el envoltorio de cualquier rom-coms. Es que ya sabíamos como era, los enamorados se van a conocer, van a pasar momentos únicos, algo va a suceder, se van a separar, intentarán volver cada uno con bellos e increíbles argumentos, hasta que uno dice algo super importante, sin querer el otro lo rechaza pero recurre a su entorno para tener perspectiva, se da cuenta de su error y ahí sale corriendo, obvio que a contrarreloj, para enmendar su error, y así tener ese desenlace que, a esa hora, ya toda persona que viene viendo la película necesita: que estén juntos.

Entonces, ¿qué hace especial a esta pareja?, y ¿por qué forma parte de nuestra existencia? Quizás hoy es más difícil definirlo, estamos en tiempos revoltosos para el amor romántico, es que quizás, sí, está bien que así sea. Por ahí, las herramientas que nos daba no eran las más útiles para prepararnos para un mundo completamente desigual y que seguramente aquello que vemos, y lo que le sucede a William, que una actriz de Hollywood vaya a su monótono trabajo y sienta interés por él y que finalmente se enamoren, es absolutamente improbable.

Bueno, pero yo creo que no. Si nos ponemos a pensar, los estadíos que han tenido nuestras relaciones seguramente nos encontremos con muchas situaciones que pasaron William y Anna.

1) Nunca voy a estar a su altura

Cualquier pareja comienza sintiendo lo que sintió William, “cómo se va a fijar en mí si soy uno del montón”. Como espectadores, entendemos lo equivocado que está William, esos primeros planos de cómo Anna lo mira despierta una fotogenia única, que solo Julia con su increíble sonrisa y mirada puede hacer. Ella nos cuenta de otra cosa. Es como si sintiéramos que aquella estrella en el firmamento se cansó de solo mirar desde ahí arriba en un eterno plano contrapicado para por fin entrar en campo en un plano medio que ya no tenga raccord, sólo la denudes de mirar y ser mirado-. Ella no se aguanta y besa a ese caballero guapo, encantador, amable y, lo más importante, "normal". Ella había estado atrapada en la burbuja de Hollywood durante tanto tiempo que al conocerlo quedó intrigada. Necesitaba algo de normalidad en su vida y la encontró con este hombre. Casi cuando decidimos resguardarnos en lo que a nosotros nos parece el mejor prototipo, “tiene que gustarle esto, no debe opinar aquello otro…” pero viene alguien y todo eso que decíamos nos lo jugamos al truco.

2) Te tengo que presentar a mis amigos

Se dice que Richard Curtis, el prolífico guionista de esta y varios otras pelìculas de la época, afirmó que la idea salió de pensar una situación en la que él les presentaba a sus amigos a Madonna o Kylie Minogue. Entender cómo reaccionaría cada uno fue el puntapié inicial del guion de Notting Hill. Ya sea una estrella de Hollywood o trabaje en la línea de caja de COTO, vamos a tener que presentar esa persona a nuestra familia, nuestros amigos. Es un momento clave para cualquier pareja. Y Anna es cuando se encuentra con problemas reales. Con la discapacidad, con el ferviente deseo de ser madre y no poder, problemas de dinero, y sí, todos con el prejuicio de que Anna es perfecta. Sentada en la misma mesa que todos ellos, expone todas sus debilidades. Les demuestra el detrás, el revés, y habla de su cuerpo, de sus relaciones, de lo banal, y el eterno dilema de si la belleza es un reino muy corto. Magistralmente, la secuencia con varios paneos y con un juego de miradas en planos cortos ilustra una cena con velas en igualdad de condiciones, nos empuja a sentir lo que sienten esos personajes y nosotros, Anna ya está incluida en esa familia. Este caso salió bien, pero a veces el veredicto de nuestros seres queridos puede ser definitivo.

3) ¿Volvemos a donde nos conocimos?

Y sì, la librería de libros de viaje (que estuvo en venta en el 2011 y alguien la recuperó), el barrio persa de compra venta y usados de Notting Hill, el mercado de Portobello, las calles de un Londres amistoso, los jardines secretos entre casas con sus siempre verdes invitando a trasgedirlos, y un sin fin de espacios icónicos que hoy siguen invitando a miles de personas a que los recorran y busquen las escenas en las que Will y Anna dejaron su aura. Sin irnos tan lejos, todos tenemos nuestros espacios, imprimimos recuerdos en ese café, plaza, parada de colectivo, bar, boliche, mercadito, góndola de supermercado, etc. Creo que es hasta inconsciente. Digo inconsciente, peyorativamente. Realmente, porque no creo que sea tan romántico ir a un lugar que nos recuerda a un ex. En fin, pensando aún en Anna y Will, ellos inmortalizan ese banquito de la plaza, como su lugar. De hecho, queda aún más resaltado en una de las secuencias de montaje más rom-coms que he visto jamás y que seguramente todos recordamos. Will llega a la conferencia de prensa, ayudado por sus amigos, cada uno tiene un rol y se van sacrificando en el camino. Anna lo ve y decide contestar sus preguntas, Will se hace pasar -de nuevo- por un periodista. Él le dice que fue un idiota y le pide que le perdone. Previo a eso, Anna le había dicho a un periodista que se iba lo antes posible de Inglaterra, por lo que le pide que le vuelva a preguntar, ¿cuánto tiempo te vas a quedar en Inglaterra? ella responde indefinidamente. Es acá cuando explota uno de los signos más pregnantes de la película, la canción de Elvis Costello. La secuencia sigue, nos muestra su casamiento, el tiempo avanza, y finalmente ellos: Anna está embarazada al sol en su banquito favorito leyendo un libro. (Imposible no llorar, hagan el intento).

Son 3 razones, quizás convincentes, quizás no tanto, donde por ahí podemos identificarnos con esta pareja que desarrolla su amor en los suburbios londinenses. Pero en realidad lo que resulta convincente y quizás fue el detonante para escribir este artículo, es que al final del día la línea de Julia/Anna, y sí, y sí, todo se resume en esa inmortal e icónica línea llena de verdad: I'm also just a girl standing in front of a boy asking him to love her. Y ahí, contra eso, no hay nada que podamos decir, no hay nada que nos separe del sentimiento que los llevó a estar juntos.

Más recientes
Más populares

No hay comentarios,

¡sé la primera persona en comentar!

16
0
8