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¿Evolución o involución?: El planeta de los simios (1968)

Spoilers

El planeta de los simios: Nuevo reino, estrenada este año, marca la décima entrada en esta reconocida franquicia de ciencia ficción originada en 1963 con la novela escrita por Pierre Boulle (mismo autor de El puente sobre Kwai, que de igual forma recibió una exitosa adaptación cinematográfica).

Su influencia ha ido en crecimiento al punto de abarcar diversos medios tales como los cómics, videojuegos y series de televisión, entre otros que continúan ampliando el canon de este universo.

Como aficionado a la historia que soy, decidí remontarme a los orígenes y realizar esta reseña acerca de la primera película de la serie original. Esta sentaría el éxito de la saga que contaría luego con otras cuatro entregas en los próximos cinco años, llegando todas ellas a estar en la cima de la taquilla momentáneamente.

El planeta de los simios, estrenada en 1968 y dirigida por Franklin J. Schaffner (Patton, Papillon), sigue la historia de un grupo de astronautas tras un aterrizaje forzoso en un lago de un planeta desconocido.

Antes de seguir, me gustaría hacer un breve impasse para felicitar al prevencionista de la ANSA (la NASA de este universo) que colocó un bote salvavidas y remos en una nave espacial, porque nunca se es suficientemente precavido y hay que reconocer el trabajo bien hecho.

Ahora siguiendo con lo que nos compete…

La fecha del impacto se data en 3978, por lo que luego de salir de la Tierra vagaron por el espacio más de dos mil años.

Al accidente sobreviven tres de los cuatro tripulantes: Taylor, nuestro protagonista, interpretado por Charlton Heston, Landon (Robert Gunner) y Dodge (Jeff Burton).

El grupo emprende marcha a través de paisajes desérticos, tan bellos como inhóspitos, en busca de alguna señal de vida. La cinematografía de Leon Shamroy utiliza hábilmente los amplios espacios abiertos para transmitir la pequeñez de los humanos en este nuevo mundo, capturando también un aura de desolación y misterio que potencia el guion escrito por Michael Wilson y Rod Serling, creador de la mítica serie La Dimensión Desconocida.

La verdadera sorpresa llega cuando los astronautas, luego de descubrir una comunidad de humanos primitiva y sin habla, se ven envueltos en una cacería por parte de simios inteligentes, montados a caballo y con armas de fuego.

De cazadores a cazados.

Esta inversión de papeles es un poco el motor de la película y es usada como herramienta narrativa para discutir temas sociales y filosóficos, aunque a mi gusto a veces peca de repetitiva y arrastra junto con ella un humor, que si bien puede ser divertido de a ratos, también está lleno de clichés.

Taylor, herido de un disparo que roza su garganta pierde la capacidad del habla temporalmente, es capturado y encerrado junto con el resto de los humanos salvajes, entre ellos, una chica que se convertirá en su interés romántico a la cual bautiza Nova. Aquí también es donde conocerá a la Dra. Zira (Kim Hunter) y el Dr. Cornelius (Roddy McDowall), sus principales aliados a lo largo de la película.

Zira y Cornelius son dos chimpancés científicos que tienen la teoría de que existió una civilización humana avanzada antes del ascenso de la sociedad simia. Esto va en contra de las escrituras sagradas de tinte creacionista impulsadas por el Dr Zaius, orangután ministro de cultura y fanático defensor de la fe, principal antagonista de la película.

Aquí se puede observar una clara división jerárquica en esta sociedad.

Orangutanes son la élite, los chimpancés la clase media de científicos y artistas mientras que los gorilas representan la clase obrera. Los humanos son la especie primitiva y esclavizada.

“Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros” escribiría George Orwell en Rebelión en la granja.

Otro punto a destacar de la película es el maquillaje que trae a la vida a los simios, sumamente innovador para la época. 17% del presupuesto de la producción fue dedicado a este apartado y le dio la oportunidad de ganar un Oscar honorífico a John Chambers, ya que hasta ese momento aún no existía la categoría de mejor maquillaje.

Tiempo después para asombro de los simios, Taylor recupera el habla y es llevado a juicio frente a un tribunal que no ve, no oye, no dice más que las palabras de Zaius. El veredicto es que el humano será esterilizado y luego lobotomizado.

Con la ayuda de Zira y Cornelius consigue escapar y vuelven al desierto (que ahora sabemos que los simios conocen como “la zona prohibida”), lugar donde este último llevó a cabo excavaciones que probaban un pasado en el que los humanos eran los dominadores.

Aquí es revelado que Zaius, quien los había perseguido hasta la cueva con su grupo de guardias, era conocedor de gran parte de la verdad acerca de los humanos y nos permite plantearnos una más que interesante discusión: ¿Es Zaius realmente un villano?

Él verdaderamente cree en lo que predica y tampoco podemos negar que sus asunciones no son del todo incorrectas. Su desprecio hacia los humanos está basado en el conocimiento de la capacidad destructiva del hombre, su intención es la de proteger a su pueblo, aunque sea a costa de la verdad y la justicia.

Por el otro lado puede decirse que él es el catalizador de los sucesos que intenta evitar, empujando a la acción a nuestro protagonista humano, como en una profecía autocumplida.

Zaius deja ir a Taylor bajo la advertencia de que no busque respuestas que podrían no gustarle.

De todas maneras la revelación es inevitable. Poco tiempo después, en uno de los giros más recordados y digno de La Dimensión Desconocida, Taylor encuentra los restos semienterrados de la Estatua de la Libertad. El planeta de los simios no es más que la Tierra en un futuro postapocalíptico.

La civilización humana se autodestruyó y los simios van en la misma dirección, cometiendo los mismos errores en lo que parece ser un círculo vicioso.

Una de las máximas bases de la evolución es que esta no es necesariamente lineal. No todo lo que creemos un avance termina siéndolo, a veces incluso puede marcar un retroceso.

¿Seremos capaces de corregir nuestros errores y la relación con nuestro planeta sabiendo hacia donde nos dirigimos?

¿Seremos capaces de escuchar las advertencias o terminaremos viviendo en El planeta de los simios?

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