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Los devoran los de afuera

No creo que toda buena ficción necesite dejar un sello, ni que una mala obra de arte sea aquella que pasa desapercibida con el paso del tiempo. No podemos demandarle al arte que cure nuestra esencia postmoderna de ansiedad y siempre nos marque.

Dicho ésto, sí hay golpes que duran. Que eso dependa del lazo que acontezca entre la obra y nosotros mismos, siendo ese encuentro además definido por el espacio y el tiempo en que el lazo sucede, es otra cosa. Pero hay golpes que duelen.

Me encuentro en el balcón de mi casa y es de noche. Mientras fumo un cigarrillo, siento el peso de pensamientos que no suelen ser míos. Un halo de oscuridad me envuelve, me dobla, me tiene confundido. Miro hacia la calle y como si estuviera en un sueño que al menos puedo controlar, las imágenes y los pequeños relatos de mi cabeza durante ese período de tiempo, siempre terminan mal. Es ahí cuando me detengo. Cuando el sueño se vuelve pesadilla. Pienso que si miro hacia abajo encontraré de golpe la silueta de un hombre parado mirándome fijo. Pienso que de golpe escucharé un inexplicable alarido de mujer que cortará el silencio del barrio y mi respiración. Pienso en que cuando vuelva a entrar, quizás me encuentre un niño sentado en mi sillón mirándome sonriente. Pero claro. No tardo en reconocer el motivo de mi siniestra creatividad.

En pandemia, hace cuatro años, vi una serie de una sola temporada que me impactó. Recuerdo haberla recomendado mucho, y se que fue uno de los motivos por los cuales empecé a leer libros y libros de su autor: Stephen King. Sin embargo había tanto tiempo libre en esa época, que al haber visto tantas películas y series, todas fueron quedando debajo de una capa de tierra. Terminaba una y comenzaba otra. O veía 3 o 4 a la vez.

Si bien no recuerdo qué día fue, no hace mucho descubro que esa serie fue subida a la plataforma HBO. Y tal cuál como sucede en la historia de este oscuro policial, eligiera lo que eligiera ver día tras días, se asomaba y se me miraba. O me la sugería la plataforma, o estos extraños algoritmos de las programaciones en los televisores (realmente no comprendo nada de tecnología), o mi propia cabeza. No recordaba nada del relato más que algún que otro detalle y parte de una de sus últimas escenas. Pero supe enseguida que tarde o temprano la iba a volver a ver. Y no pasó mucho tiempo, porque acá estoy, escribiendo sobre ella tras haberla terminado una vez más.

Como decía, no creo que la calidad de una serie o una película esté directamente relacionada con su nivel de impacto. Ahora, si a través sus climas, su lógica interna, del tema tratado, consigue filtrarse en la realidad de uno a través de sensaciones o posibles reflexiones, la obra habrá cumplido con un invaluable objetivo. Y es sobre la presencia de lo siniestro en nuestro propio hogar, en nuestra familia y en nuestros seres queridos, que reflexiona esta serie de 10 capítulos producida, entre otros, por Jason Bateman y Ben Mendelhson. Ambos actúan en ella, y Bateman es también uno de sus realizadores. Su nombre, es The Outsider.

El argumento

Un niño aparece cruelmente asesinado y destrozado en el bosque de Cherokee City, Georgia. El policía Ralph Anderson se encarga de la investigación. No tarda mucho en resolverse el caso. No existe duda alguna de quién es el asesino. Hay videos que lo muestran manchado de sangre en distintos lugares del pueblo, hay testigos, hay ADN y huellas suyas por toda la escena del crimen y en el cuerpo del niño. El culpable no tiene ningún tipo de antecedentes y es una de las personas más queridas del pueblo.

Una vez que lo apresan, y a partir de la investigación que comenzará por su lado el abogado del acusado, se descubrirán videos que lo muestran en otra ciudad el día del crimen. ¿Cómo es que una persona puede estar en dos lados distintos en un mismo instante? Pero ya es tarde. Una profunda maldición ha llegado a Cherokee City.

Él

Stephen King no necesita presentación alguna. Quizás sea uno de los escritores más prolíficos de la historia con sus más de 80 libros publicados. Si bien no todas sus novelas son del mismo género, sí lo son la mayoría, por lo que podríamos también darle el título de “El rey del terror”. Al apreciar que los intelectuales y la crítica especializada hayan siempre desdeñado su tendencia comercial, podemos comprender que estamos frente a un verdadero artista: alguien popular que siempre se ocupó de hablarle a sus lectores.

Han hecho de sus libros películas, series y hasta remakes de esas películas. The Shining, It, Carrie, The Green Mile, Misery, Stand by me, The Shawshank Redemption, Pet Cementery, entre otros. El año pasado arruinaron uno de sus mejores libros haciendo una serie inmirable (The Stand). ¿Qué es lo que ha hecho popular a Stephen King más allá de las circunstancias alrededor de él y del impulso del propio mercado? ¿Cómo se puede volver popular el terror siendo el sufrimiento su puntapié?

La popularidad del terror

Es un género que despierta rechazo o amor. Son muchos los factores como para tratarlos en una nota, pero incluso quienes gustan del género, tienen enormes diferencias entre sí. A algunos les da miedo aquello que tiene explicación científica, y a otros aquello que no lo tiene. Algunos temen al ser humano más que a los extraterrestres, y otros más a los muertos que a los vivos. El objeto del miedo es un elemento apasionante de ser observado, y el terror es el género que permite reflexionar sobre ello a través de la ficción.

Stephen King aborda un poco de todos esos objetos del miedo en sus relatos y su éxito probablemente radique en una justa distribución en una misma historia. Puede ser tan terrible el hombre como lo ajeno, y en general lo sobrenatural suele tener una justificación tan poética como racional. It, por ejemplo, es todo aquello que nos aterra y que toma fuerza frente a la tristeza y a la depresión. Es una entidad diabólica que toma la forma de lo que más tememos cada uno, y se nos aparecerá y se volverá más fuerte cuánto más le temamos. Y una actualización de ese concepto es aquello sobre lo que tratará el relato de The Outsider.

Aquel que viene de afuera, el extraño que sin que lo sepamos se volvió parte de nuestro hogar, de nuestro pueblo. Prácticamente es esa la definición de lo siniestro, y por ende la esencia y el motor del terror. El mal, para Stephen King, llega de alguna manera al lugar al que lo han llamado. A donde el humano está fértil para terminar de pudrirse, de dejarse llevar por sus miserias. Y es eso lo le tocará vivir a Cherokee City.

Jason Bateman es, además de un gran actor, un realizador único. No puedo hablar de toda su filmografía como director, pero sí de aquellos capítulos que dirigió en Ozark (serie que también protagonizaba) y en The Outsider. Él da comienzo a la serie dirigiendo los dos primeros capítulos, aquellos responsables de capturar a un espectador disperso y ansioso. Asienta las bases de aquello que veremos e instala con fidelidad lo que seguirá. No hablo solo del relato y la dramaturgia (a cargo de Richard Price, autor que ya demostró su conocimiento sobre el manejo de la tensión y del policial en la legendaria The Wire), sino del montaje, la fotografía, la deliciosa dirección de actores y el ritmo narrativo. The Outsider es una serie que se destaca en todos los rubros, que orquestados entre sí consiguen volver cruda y real, una sobrenatural oscuridad ancestral.

Ninguna de las actuaciones desentona sobre una hipnótica línea reinante, sumamente pareja y precisa, que acerca la tragedia a una sensación casi de documental. Sin embargo, estando gobernada la excelsa prolijidad de la dirección actoral y de todos sus intérpretes por el equipo de realizadores y showrunner, su protagonista Ben Mendelsohn (el detective Ralph Anderson) consigue igualmente destacarse. Declaro en este artículo, haberme vuelto fanático de este actor. Su personaje está destruido por un pasado que no puede dejar atrás (tal cual sucede con tantos personajes icónicos de Stephen King), y se encarga constantemente de dejar entrever ese dolor a través de su excesivo racionalismo e inevitable frialdad en su trabajo. Gracias a la inteligencia de la dramaturgia y a la genialidad del intérprete, sin subrayarlo en textos obvios como suelen caer tantas películas o series, se narra que será a través del camino de la sensibilidad y de finalmente enfrentar su profundo dolor, que Ralph Anderson tendrá la chance de triunfar en el caso.

El visitante

El terror es el otro y es uno mismo. Las grandes obras del género consiguen hacer dudar a sus personajes acerca de su propia salud y forma de ver el mundo. El paradigma que conducía su vida hasta determinado momento, será prendido fuego. Nunca nada será como antes, y en general, la vida será para peor. Superen o no superen lo que les toque vivir, sobrevivan o no sobrevivan, estarán siempre teñidos por la tragedia hasta el día que se mueran.

Lamento dar este consejo, pero debo hacerlo. Aunque por momentos arruine su psiquis y vuestra preciada tranquilidad, dejen entrar aThe Outsider a sus hogares. Dejen que les destroce la casa.

Chesi

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