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El simbolismo y las metáforas en «El lugar sin límites» (1978).

Spoilers

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A propósito del 46° aniversario del estreno de «El lugar sin límites», y a su conveniente re-estreno en algunas salas de cine en México, desglosaremos escena por escena esta excelente película. Considerada por muchos como una de las mejores películas mexicanas, y sin lugar a dudas un parteaguas dentro de la historia del cine nacional. A continuación el desglose de significados, simbolismos, metáforas y referencias dentro del film.

Sobre la película

«El lugar sin límites» es una película de 1978 dirigida por Arturo Ripstein. Está basada en el libro homónimo del chileno José Donoso. Originalmente la película iba a ser concebida por el director español Luis Buñuel, sin embargo, ya no decidió filmarla y fue cuando Donoso cedió el derecho a Ripstein en aquél entonces. A palabras del director, el film fue difícil de producir debido a su bajo presupuesto y a las imposiciones de Francisco del Villar, el productor, por la elección de actores.

Sobre eso, Ripstein mencionó que trabajar con Roberto Cobo fue una tortura porque él era un rebelde y no seguía las órdenes del director o simplemente no se alcanzaba el tono que esperaba. Curiosamente, el personaje de «La Manuela» junto con «El Jaibo» de la película «Los Olvidados» de Luis Buñuel son los personajes más memorables de éste actor.

Llena de simbolismos bíblicos, metáforas sobre el infierno y la muerte, «El lugar sin límites es una referencia obligada para todos los amantes del cine. Abordando temas atrevidos para la época (y actualmente, todavía) como el homosexualismo, la prostitución, el engaño y la muerte hacen de esta película una obra maestra.

Sobre el significado de la película

La película comienza con un sólido fondo negro con un texto blanco subiendo por la pantalla. Mientras es leído en una voz en off. Éste texto es un extracto de la emblemática obra de teatro «La Trágica histórica del Doctor Fausto» escrita por Christopher Marlowe en 1592. Primeramente este extracto fue escogido por José Donoso como epígrafe para su novela ‘El lugar sin límites’ en el cuál está basada esta película.

FAUSTO: Primero te interrogaré acerca del infierno.
Dime, ¿dónde queda el lugar que los hombres llaman infierno?
MEFISTÓFELES: Debajo del cielo.
FAUSTO: Sí, pero ¿en qué lugar?
MEFISTÓFELES: En las entrañas de estos elementos.
Donde somos torturados y permaneceremos siempre.
El infierno no tiene límites, ni queda circunscrito
a un solo lugar, porque el infierno
es aquí donde estamos
y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer…

(Christopher Marlowe, ‘Doctor Fausto’)

El infierno aquí no parece aludir a la noción religiosa o tradicional, sino a una adaptación conceptual de ella. El infierno es el hoy, el mañana, el aquí, el yo, el nosotros, etc. En dónde se realzan nuestros impulsos más primitivos y actuamos por instinto.

Posterior a los créditos iniciales, la primera imagen directa del film que vemos es la de una camioneta roja avanzando en unas turbulentas calles dirigiéndose hacia el pueblo llamado «El olivo». Desde un inicio nos plantean el brillante color rojo. Basándonos en la psicología del color, el rojo representa lo banal, lo sanguinario y principalmente el amor. Elementos que veremos a lo largo del film. De fondo suena en la radio, «Falsaria» interpretada por Pepe Arévalo y sus Mulatos. La letra primordialmente habla sobre un falso amor, esto teniendo una relación directa sobre el conflicto que veremos entre el protagonista y el antagonista. En un sentido onírico podemos imaginar que es una canción de «La Manuela» para Pancho al ella sentirse despreciada por el desleal amor brindado por él.

Dentro de la canción también se menciona «Perdónala, Salomé» haciendo una clara referencia a la obra de Oscar Wilde. En dónde Salomé siente un amor prohibido por Juan el Bautista. Y al no ser correspondido, ella manda a ejecutarlo. Evidentemente este «amor prohibido» es retratado dentro del film.

Brevemente vemos un par de señalamientos, uno con el texto «El olivo» a 1 km. de distancia el cuál es el nombre del pueblo en dónde radican nuestro personajes, y debajo de éste, otro cartel que lee «S. Juan de Dios» a 27 km. con dirección contraria. El olivo es una evidente connotación bíblica al árbol conocido por el mismo nombre. Que bíblicamente representa la paz, es claro el uso de la figura retórica Oxímoron. Ya que el pueblo simboliza al infierno, el cuál representa el caos, pero el nombre del pueblo significa Paz. Conforme avanza la película entendemos que el único momento de paz, dentro del infierno, es la muerte. Por otra parte, S. Juan de Dios representa el camino hacia el cielo. El paraíso está a 27 kilómetros de distancia. Curiosamente el número 27 es el mismo número de libros que conforman el nuevo testamento.

Esta breve escena simboliza el cómo el Diablo, representado simbólicamente por Pancho, viene del cielo y se dirige al infierno conducido por sus instintos banales. Sus instintos siendo representados con su llamativo coche rojo. Aquél corto camino de tierra por donde pasa la camioneta, representaría a la tierra en dónde vivimos. Y del cómo estamos tan cerca del infierno y tan lejos del cielo. No es coincidencia que el camino de tierra esté rodeado de verdes árboles. Los árboles culturalmente, representan a la vida misma.

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En el siguiente plano vemos como desde un plano general una pequeña vieja camina sobre las calles de un pueblo sucio, abandonado y deprimente. La vieja puede ser una metáfora a la muerta misma. Ya que a adentrarnos más al film, se entiende que las casas mismas representan a la vida de sus habitantes, y la vieja pasa frente a la casa de La Manuela. La puerta y las ventanas están cerradas.

Al cortar, nos situamos dentro de la casa de La Manuela y las demás prostitutas. Su hogar es amplio y el color rojo sigue presente de alguna u otra manera. Desde el color de algún mueble hasta las paredes mismas. El silencio invade.

El primer plano de nuestro protagonista es el de una de sus manos recostada sobre la cama. Al ver este plano podemos deducir bastantes significados. De nuevo los colores toman gran importancia, ya que el blanco, siguiendo la línea de la psicología, representa la paz y la tranquilidad. Nuestro personaje está en paz, porque está durmiendo. Esto es bastante peculiar, ya que el primer plano en dónde vemos a nuestro personaje está con los ojos cerrados (durmiendo) y el último tiene los ojos abiertos (porque está muerto). Las uñas de las manos están pintadas de color rojo, un rojo un tanto desgastado. Por los vellos en el brazo nos da a entender que le pertenece a un hombre, sin embargo por las uñas pintadas entendemos que tiene una inclinación homosexual.

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Cambiamos a un plano general en donde volvemos a notar ciertos elementos rojos dentro de la habitación y notamos que La Manuela está durmiendo junto a alguien más. La persona con la que está durmiendo es La Japonesita, su hija. Con esto, y con los demás planos que nos contextualizaron dentro de la casa, entendemos que sus habitantes carecen de lujos y viven en una situación económica baja.

El silencio es interrumpido por la llegada de la camioneta roja, en donde abruptamente por el sonido del cláxon despierta a La Manuela. La Manuela atemorizada cree que Pancho pueda llegar con ellas. Sabemos que Pancho representado al Diablo, y el coche a sus instintos. Aunque al principio es difícil deducirlo, más adelante, entendemos que La Manuela es una representación física del pecado. Y a la par, una representación simbólica del hombre y la mujer (al mismo tiempo). Una vez sabiendo esto, entendemos que el Diablo despierta a sus pecados y a los humanos a través de sus instintos.

Gracias a los diálogos sabemos que Pancho ya ha estado ahí anteriormente. Después de la conversación de La Manuela con La Japonesita. Vemos a la camioneta llegar a la gasolinera de Octavio, su cuñado. Vemos que Pancho tiene puesto una playera roja, mientras que Octavio una camisa amarilla. Que, de nuevo, basándonos en la psicología del color representa (en un aspecto negativo) el lujo y la enfermad. Entendemos que Octavio es dueño del lugar en dónde están platicando, mediante la plática sabemos que Octavio antes era muy pobre, y ahora, genera empleo a demás personas y tiene a gente trabajando para él. Gracias a esto sabemos que Octavio es una representación de la sociedad. Mientras que el Diablo trabaja para la sociedad, ésta planea escapar del infierno. Octavio menciona «No seré yo el último que se vaya de aquí». Esto es precisamente lo que sucede al final de la cinta, cuando Octavio y Pancho se van del pueblo, son los últimos en irse de ahí. Ya que los demás, no tienen intenciones de moverse.

Octavio intenta convencer a Pancho en mejorar el estilo de vida que lleva con su esposa. Pero sabemos que Pancho aún tiene deudas que saldar con Don Alejo. Octavio piensa en vivir una vida decente y dar la mejor impresión posible. «Te rasuras antes de ir al almacén», dice Octavio. A Octavio no le agrada mucho Don Alejo, ya que dice:«Ese viejo infeliz que quiere especular con todo». Y menciona que Don Alejo se empeña en que el pueblo se quede sin gente. A lo largo de la película, sabremos que Don Alejo es una representación de Dios.

Después de eso, regresamos a la habitación de La Manuela con la Japonesita, en donde le dice que se había hecho la promesa de no arreglar su vestido rojo. La Manuela menciona que no tiene hilo rojo. Esto puede ser una referencia al mito del hilo rojo, en donde a grandes rasgos, el mito menciona que las personas que están destinadas a estar juntas está conectadas por un hilo rojo. Por la conversación entre ambos, sabemos que el vestido de La Manuela se rompió porque provocó a Pancho hace más de un año. Algo similar sucede al final de la película, en donde La Manuela seduce a Pancho con su vestido rojo.

La Manuela se maquilla frente a un espejo y se pinta los labios de color rojo. Una escena muy parecida al flashback en donde La Japonesa se maquilla de la misma manera. La Japonesita menciona que ella no tiene hilo rojo. En su búsqueda por hilo rojo, La Manuela la pregunta las demás prostitutas habitantes de la casa si alguna de ellas tiene. La Manuela lleva puesto un pantalón rojo.

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La Manuela platica con La Lucy, quién es una representación de la intuición. La Manuela le pide permiso para «darse una manita de gato» y La Lucy dice que desde que llegó La Cloti se «salaron». Inmediatamente entra a la habitación La Japonesita, quién discute con las demás sobre si sacar a La Cloti de la casa o no. A partir de este punto podemos entender que La Japonesita es el retrato de la razón, siendo una antítesis de su propia madre.

Después, La Japonesita habla con La Manuela y le dice que Don Alejo quiere hablar con ella. Sin embargo, estos dos personajes no llegan a hablar nunca del todo. Dios y la razón no pueden hablar. La Japonesita cree que quizás Don Alejo por fin les devolverá la luz a su casa. La luz en este caso en un sentido metafórico. Sabemos que La Japonesita es quién se encarga de administrar el dinero de la casa y de poner las reglas del lugar.

La Manuela va a casa de Ludo por hilo rojo, y ahí, Ludo le cuenta a La Manuela que Doña Blanquita, esposa de Don Alejo, enloqueció desde que su hija murió. Sabiendo que Don Alejo representa a Dios, es fácil deducir que su hija se refiere a Jesús. Ludo le dice a La Manuela que nunca llegará a ser tan vieja como ella. Y tiene razón, ya que al final del film La Manuela muere. Por la sabiduría de Ludo y por su vejez misma podemos suponer que es la representación física del tiempo. La Manuela está interesada en saber si Don Alejo le ha hablado sobre Pancho a ella, recordándole que fue él quien le rompió su vestido rojo, pero Ludo dice que ni se acuerda. Dando a entender que el tiempo olvida a los pecados del pasado. Por otra parte, Ludo, a diferencia de La Lucy, cree que la Cloti es una buena persona.

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Al poco tiempo, Ludo recuerda a Pancho y menciona que tiene una deuda con Don Alejo. Que Ludo lo conoce desde que era pequeño y Don Alejo siempre lo consideró como un hijo suyo. Esto siendo una clara referencia que todos somos «hijos» de Dios.

A continuación vemos la residencia de Don Alejo, quién está comiendo con su esposa, Blanca. Blanca menciona que pasa mucho tiempo encerrada en la casa. Cuando Don Alejo va a saludar a Enrique, el administrador nos percatamos de los perros de Don Alejo corriendo por el lugar. Don Alejo, le menciona al administrador que: «Si hubiera luz en este pueblo nadie se iría». A continuación vemos como la demencia de Blanca cree que Pancho aún es un niño y que se hija Moniquita aún sigue viva.

En la siguiente escena, vemos a Don Alejo platicando con La Manuela, Don Alejo está acompañado de Reynaldo, su peón y sus dos perros. Don Alejo le dice a La Manuela, qué él la va a proteger. Siendo una alusión del «cuidado» de Dios. A consecuencia de eso, La Manuela le responde que Don Alejo es un Santo.

Más adelante, vemos como Pancho intenta seducir a una empleada del almacén. E incluso sabe que tiene el respaldo de Octavio de saber que no dirá nada a su esposa. Octavio menciona que «perro no come perro» a lo largo del film sabemos que la imagen del perro representa el poder y la fuerza. En tono de burla, Pancho menciona que está enamorado de La Manuela, esto termina siendo cierto y demostrado al final del film.

Don Alejo llega al almacén en busca de Pancho, pero antes se encuentra con La Japonesita. Don Alejo se niega a hablar con ella por el momento. Conforme entra más en el almacén, nos damos cuenta que Don Alejo conoce a todos, y todos le muestran un gran respeto a él. El único que ignora su saludo es Pancho, así que decide espantarlo con Reynaldo. Don Alejo regaña a Pancho, sin embargo hasta cierto punto demuestra su bondad y menciona las veces que apoyó a Pancho. En un breve plano vemos como las empleadas están asustadas por el regaño de Don Alejo, excepto Octavio. Aquí entendemos que la sociedad ya no le teme a Dios. Don Alejo denomina a Pancho como «una bestia». Pero dice que a pesar de todo perdona que sea «bruto» pero a sus mentiras no. Don Alejo menciona que antes Pancho era un buen «chamaco». Esto es una alusión a como el Diablo alguna vez un ángel.

Después de que Don Alejo se retira, La Japonesita encuentra a Pancho llorando escondido. La Japonesita le recuerda que no se meta con ella ni con las demás, al darse cuenta de ellos, Pancho somete a La Japonesita y la amenaza con no decir nada de lo que vio. Aquí aprendemos que Don Alejo es quién ha estado quitando la luz del pueblo. Es decir, Dios es quién te da la vida, pero también quién te la quita. Como dato adicional, La Japonesita menciona que Dios castiga a los malagradecidos. Sin embargo, Pancho explica porqué él no es uno, y por lo mismo nunca recibe su castigo.

Posteriormente, vemos a La Manuela en su habitación costurando su vestido rojo mientras canta una canción. Le letra de la canción delata su sentir hacia pancho, y cómo aunque ella demuestre que no lo quiere ver, no puede evitar estar enamorada.

Octavio llega a su gasolinera junto con su hermana (y esposa de Pancho). Pancho está dormido, pero lo despierta. Y mientras ella habla con él, entendemos que Pancho está lleno de mentiras. Ambos hablan sobre una futura casa que planean comprar, pero solamente quedan casas de color azules y amarillas. Coincidiendo perfectamente con los colores de la ropa de Pancho y Octavio al final de la película.

Un poco adelante, vemos a La Manuela peinando a La Lucy, y Lucy le dice que «Tú siempre anuncias grandes novedades y al final siempre me peinas igual». Con esto entendemos que La Manuela siempre hace lo mismo y por consecuencia comete los mismos errores una y otra vez. Antes de retirarse La Lucy agrega «¡Qué oscuro está esto! parece velorio». Y efectivamente, en la cinta la oscuridad se traduce como muerte.

Después de la discusión con su padre, La Japonesita regresa a su habitación en donde encuentra la ropa de su madre y un retrato de ella. Lo cuál directamente no lleva a un flashback de cuando ella estaba viva. La Japonesa (madre) llora mientras se maquilla frente a un espejo. Ella llora porque la han abandonado de nuevo. La Japonesa es una representación de la precipitación.

En la siguiente escena vemos una especie de desfile, dirigidos por Don Alejo. Se lee un cartel «El Olivo con Don Alejo«. Todos siguen y apoyan fielmente a Don Alejo sin saber el destino que les espera. Unos momentos después, vemos como un tren llega al pueblo y consigo trae a La Manuela y a otras mujeres.

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Una vez terminada la presentación de las chicas con La Japonesa, La Manuela y ella están decorando la casa para la fiesta que se aproxima. En esta escena se nos explica el porqué se le llama a La Japonesa por ese nombre si no comparte ningún rasgo asiático. Ella presume que como no ve de lejos, frunce los ojos para ver y se le cierran como una Japonesa. Sin embargo, el significado del porqué es un poco más profundo. Siendo esto una alegoría a que no puede ver más allá de lo que tiene cerca por eso se limita a sus miserias y se queda con lo que tiene.

Antes de la gran fiesta, La Manuela y La Japonesa platican un poco sobre el pasado de La Japonesa y delata que no quiere irse de donde está. Sin saber que gracias al pacto que posteriormente hará, se quedará en ese infierno para siempre y ahí es donde morirá.

Durante la fiesta, y después de una serie de eventos sórdidos que retratan la hipocresía de la sociedad, La Manuela se prepara para bailar. La Manuela baila para todos pero es despreciada. A pesar de ello, Don Alejo le ordena a La Manuela continuar bailando, y reanuda su baile porque sigue todas sus órdenes ciegamente. Sin antes mencionar que Don Alejo es un padre para todos los presentes.

Al finalizar su vehemente baile, La Manuela es llevada por todos los invitados a un charco en dónde es arrojada. Y como si se tratase de una especie de purificación, La Manuela es despojada de su ropa oscura para quedar casi completamente desnuda. Después de semejante humillación, La Japonesa encuentra la oportunidad perfecta para obtener lo que ella desea y finalmente sentirse en casa. Por otra parte, La Manuela se encuentra desolada y abandonada.

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Al momento de cumplir su apuesta, La Japonesa gracias al calor de la excitación los roles de género se invierten, ahora, La Japonesa, quién es la mujer actúa como hombre y La Manuela (quién naturalmente es un hombre) actúa como mujer durante el coito «Piensa que yo soy la macha y tú la hembrita» expresa La Japonesa. Exactamente lo mismo sucede casi al final del film, en donde gracias a la excitación Pancho interpreta el papel de una mujer y La Manuela de cierta forma, toma el rol de un hombre.

Mientras que La Japonesa y La Manuela tienes relaciones sexuales, una iluminación color rojo carmesí invade sus cuerpos. Explotando el significado del color rojo en todas sus interpretaciones. Don Alejo observa todo. Como si se tratase de Dios observando en silencio todo lo que hacemos.

La oscuridad llega de nuevo. Estamos en el presente otra vez. Pancho y Octavio se dirigen a casa de Don Alejo. Al llegar a casa de Don Alejo se dan cuenta que él si cuenta con luz propia. Porque tiene una planta generadora. Esto es una alusión a que Dios vive en la luz. Con la ayuda de Octavio, Pancho salda sus deudas con Don Alejo y se van a festejar al burdel de La Manuela.

Ahí en el burdel, las chicas están en silencio por lo que La Lucy pide que pongan música. Momentos después suena el claxón del coche de Pancho, y temerosamente La Manuela intenta rezar. La Japonesita deja entrar a Octavio y a Pancho, y cegada por su desesperación, La Manuela se va a refugiar dentro de un gallinero. Simbólicamente representando la cobardía y que ella es una gallina, también.

Ingenuamente, La Lucy avisa a La Manuela que le avisará cuando ya no esté en peligro. Tomando en cuenta que La Lucy representa la intuición, esta es una forma de representar el miedo que La Manuela tiene y del cómo cree que podrá estar a salvo fácilmente.

La Japonesita reproduce «Perfume de Gardenias» de La Sonora Santanera en su toca disco. Y como si se tratase de una especie de venganza, Pancho baila con La Japonesita, a pesar de que él sabe que ella no sabe bailar. Incluso podemos entender que, La Japonesita al ser una antítesis de su madre, ella es virgen. Octavio se retira hacia otra habitación junto con su acompañante.

Pancho empieza a tornar las cosas de una manera agresiva, y La Manuela observa todo. En busca de defender a su hija, La Manuela se convierte en lo que Pancho más desea. Una vez con Pancho, La Manuela ordena bailar la canción «La Leyenda del beso» haciendo alusión a lo que pronto veremos entre ambos personajes.

La Japonesita llora mientras ve como su padre seduce a Pancho una vez más. Esto toma un impacto aún mayor tomando en cuenta la significación de los personajes. La canción cambia por «El beso» de Los Churumbeles de España y cuando eso sucede, La Manuela se convierte en una bailarina. Dándonos a entender que la canción es parte de ella y por el título de la obra sabemos lo que se aproxima. Ambos personajes se divierten como nunca pero gracias a sus carcajadas llaman la atención de los demás.

Pancho y La Manuela se besan apasionadamente. Solo hasta que Octavio se da cuenta de eso e inmediatamente Pancho la dejar de besar. Evidentemente el diablo obedece las órdenes de la sociedad. La personalidad de Pancho cambia drásticamente y bajo el inútil intento de La Lucy por arreglar la situación, todo empeora. La Manuela huye, pero tras ser perseguida por Octavio y Pancho, La Manuela es asesinada a golpes a los ojos de Don Alejo y a los límites del pueblo. La humanidad muere bajo los ojos de Dios en los límites del infierno, consumido por sus pecados.

En el burdel, La Japonesita y La Lucy esperan la llegada de La Manuela. Con la esperanza de que pronto regrese la luz a su hogar, La Japonesita duerme. Sin embargo, la oscuridad se apodera del lugar.

A lo largo del film fueron mostradas representaciones de los siete pecados capitales. ¿Lograste identificarlos?

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