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Woody Allen y los clásicos de Hollywood que no le gustaron o eligió no ver

El realizador que hizo de Manhattan su hábitat natural y su punto de referencia tiene una lista de admisión cinéfila. Hay películas que vio y las rechaza, aunque hay otras con las que nunca se topó y, hoy, a los 88 años, tampoco tiene pensado ver.

En ninguna conversación, debate, discusión o duelo a muerte sobre el infinito universo del cine puede faltar una referencia o cruce vehemente respecto de Woody Allen (y su filmografía). Ícono de Nueva York, ícono del cine con problemáticas relacionadas con el psicoanálisis, ícono de sí mismo.

Psicología para las masas y vida citadina en formatos que van desde la más pura comedia delirante (“Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar”, “Robó, huyó y lo pescaron”, “El dormilón”) hasta el drama más amargo e introspectivo que haya realizado (“Interiores”), pasando por clásicos de la comedia dramática y el melodrama brillante como “Manhattan” o su oscarizada “Annie Hall: Dos extraños amantes”.

Ese señor, que hoy cuenta con 88 años de recorrido vital y que quizá se haya despedido para siempre de su carrera con su último opus, “Coup de chance” (2023), puede mirar en retrospectiva y ser consciente de la propiedad que tiene sobre una obra que marcó un estilo único, tanto dentro del cine de los Estados Unidos como del resto del mundo.

Con el background mencionado, las opiniones que pueda llegar a expresar Heywood Allen (tal su nombre real) respecto del cine, sus obras clásicas y sus protagonistas más destacados a lo largo del tiempo, tiene peso específico.

Entre las características más famosas de la personalidad del realizador se ubica en relieve la de la neurosis, la cual pega de lleno en el centro de su cinefilia. A lo largo de sus casi nueve décadas, Allen supo ignorar a numerosos films que se consideran puntales de la pantalla grande hecha en Hollywood. También, por supuesto, sucedió que se cruzó con algunos otros sobre los que tiene más de una cosita antipática para decir.

En su reciente autobiografía “A propósito de nada” (Arcade Publishing, 2020), Woody Allen recorre, entre otros hechos de su vida, los largometrajes que no le gustaron. Hay sorpresas, ya que se trata de una lista que incluye trabajos bendecidos por la crítica y el público. Algunos de ellos, incluso, miembros del panteón dorado de la historia del cine universal.

Las películas que Woody Allen querría no haber visto

Entre los films que el iconográfico realizador no toleró haber visto se ubica una comedia que fue elegida en 2017, a través de una encuesta de la cadena británica BBC, como la mejor de todos los tiempos. Se trata de “Some Like it Hot” (1959, conocida en castellano con los títulos de “Una Eva y dos Adanes”, “Con faldas y a lo loco” y “Orquesta de señoritas”), del gran Billy Wilder y con el explosivo trío que conformaron Marilyn Monroe, Jack Lemon y Tony Curtis. Junto a este título, Woody Allen menciona en el libro a “Bringing up, Baby” (1939), de Howard Hawks. “Ninguna de las dos me hizo gracia”, dispara a quemarropa.

“Jamás pude creerme `An Affair to Remember` (Leo McCarey, 1957)”, apunta también, y agrega a la lista de la polémica a otro de los films elegidos por crítica, público y gente del cine en general: nada menos que “Vértigo”, el film que el maestro Alfred Hitchcock estrenó en 1958.

Un dato sobre este enorme trabajo de suspenso clásico, estructura de hierro con toques de proto psicodelia y perfil psicológico: al momento de su presentación, la película recibió críticas elogiosas, pero también otras que hablaban de un Hitchcock lejos de su mejor forma. El paso del tiempo, en tanto, puso a “Vértigo” en otro lugar. Una encuesta realizada en 2012 entre espectadores de todo el mundo arrojó que era considerada la mejor película de la historia del cine, lugar que en sondeos anteriores supieron ocupar largos como “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941) o “El Padrino” (Francis Ford Coppola, 1972).

“Adoraba a Hitchcock, pero no hay manera de que pueda verla”, dice sobre “Vértigo”. Y hay más, en este caso respecto de otro grande: Ernst Lubitsch. “Estoy loco por Lubitsch, pero ´Ser o no ser` (1942) no me parece nada divertida”, dispara.

En otros pasajes de su libro, Woody Allen arremete de un solo tirón contra otras bestias sagradas de Hollywood, en algunos casos con especial dureza.

“`Un americano en París` (Vincente Minelli, 1952) nunca me gustó. Nunca me reí con Eddie Bracken, Laurel & Hardy (conocidos como “el Gordo y el Flaco”) ni con, Dios no lo permita, Red Skelton”, acota en el mismo sentido.

Y hay mucho más, nada menos que con la mira en Charles Chaplin (a quien prefiere por sobre Buster Keaton). Dice Allen: “`El gran dictador` (en la que Chaplin, nada menos que en 1940, interpretó a un paródico Adolf Hitler) o `Monsieur Verdoux` no me parecían ni remotamente graciosas. Desde luego que ver a Chaplin pateando ese globo terráqueo por el aire no me parece de ninguna manera un ejemplo de genialidad cómica”.

Por si fuera poco, la opinión más fuerte se la guardó el artista para la que es la película favorita de ese otro ícono hollywoodense que es Steven Spielberg, “¡Qué bello es vivir!” (1946), el clásico navideño por excelencia dirigido por Frank Capra con protagónico de James Stewart: “Tampoco me gusta. Francamente, me encantaría estrangular a ese cursi ángel de la guarda (en referencia a uno de los personajes)”.

Los clásicos de Hollywood que Woody Allen nunca vio

Hay películas que ocupan un lugar central en el canon del denominado “séptimo arte”. Sobre algunas de ellas ya hemos aprendido que al ciudadano de Nueva York no le gustaron. Pero también están aquellas que el director eligió, simplemente, no ver, ni en salas ni tampoco pulsando play en algún aparato electrónico.

Dice WA en su autobiografía: “No he visto `Armas al hombro` ni `El circo`”, asevera, en referencia a otros dos clásicos de Chaplin, para luego agregar que tampoco le prestó atención a “El navegante” (1924), de Buster Keaton.

“Jamás he visto ninguna de las versiones de ´A Star is Born´”, señala el director sobre el clásico cuyas variaciones más recordadas son las de Frank Pierson (1976, con Barbra Streisand) y Bradley Cooper (2018, con protagónicos del propio Cooper y la cantante Lady Gaga).

Otros títulos canónicos del cine estadounidense que Allen dejó pasar de largo son, enumerados por él en su texto, “¡Qué verde era mi valle!” (John Ford, 1941), “Cumbres borrascosas” (William Wyler, 1939), “Ben-Hur” (William Wyler, 1959) y “La novia de Frankenstein” (James Whale, 1935).

“No es mi intención menospreciar ninguna de esas obras sino poner de manifiesto mi ignorancia y el hecho de que llevar anteojos no convierte a nadie en una persona especialmente culta, ni mucho menos en un intelectual”, testimonia en su ensayo autobiográfico el director de “Crímenes y pecados” y “Hannah y sus hermanas”.

“Y estos no son más que unos pocos ejemplos de las lagunas de mi erudición”, remata, en parte como modesta autodescripción, en parte como confesión o solo como una forma de simpática resignación pública.

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