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Nahir: la película. ¿Qué tan ético nos parece esto?

Spoilers

En 2017 un caso muy particular conmocionó a Argentina: una chica de diecinueve años llamada Nahir Galarza asesinó a sangre fría a su novio. Tres juzgados distintos la condenaron culpable de un crimen premeditado y fue descripta por profesionales con rasgos psicopáticos y narcisistas. Fue la mujer más joven en la historia de nuestro país en ser condenada a cadena perpetua. Actualmente la joven pasa sus días en prisión, pero el año pasado vendió sus derechos de imagen para que una productora hiciera una película sobre el caso.

Una versión de los hechos

La película se estrenó hace unas semanas por una plataforma muy famosa y la actriz argentina, Valentina Zenere, se encarga de encarnar a la famosa condenada. Aquí podemos ver la vida de Nahir en Gualeguaychú, su ciudad de origen, desde su temprana adolescencia hasta la época en la que ocurre el crimen. Aclaro que aquí no quiero hacer un juicio de valor sobre si la película es buena o no, sino señalar algunas cosas que me parecen erradas o fuera de lugar.

Por un lado, me hace mucho ruido que se le haya pagado lo que se le pagó a Nahir para vender sus derechos: fue medio millón de dólares. Y la familia de Fernando, la víctima, no quiso vender los derechos. Por eso le cambiaron el nombre en la película. Aquí ya vemos que, claramente, es una versión subjetiva, porque no fue de común acuerdo con ambas partes.

Por el otro lado, se aleja de la versión de los hechos que fueron demostrados en tres instancias de la justicia. La película juega mucho con la ambigüedad de si fue realmente ella o fue su padre, que es policía, ya que Fernando fue asesinado con su arma reglamentada. También se habla de una aparente actitud violenta de Fernando hacia Nahir. Por lo tanto, la película en esta ambigüedad plantea que, de haber sido ella la responsable del asesinato, es porque se estaba defendiendo de un violento que la maltrataba psicológicamente.

Todo esto hace que la película pierda credibilidad y me hace cuestionar la ética de la producción.

¿Es ético romantizar a un asesino?

Siempre ocurre que los villanos son más interesantes que los héroes. O que las figuras más oscuras o de valores cuestionables son más ricos a la hora de llevar sus historias a la pantalla grande o chica. Un claro ejemplo es el de Pablo Escobar, un asesino que lideró uno de los carteles de droga más importantes de la historia y que fue el responsable directo de la destrucción de cientos de familias. También hay mucha fascinación con algunos asesinos en serie, como Jeffrey Dahmer o con los Puccio en El clan o Historia de un clan. El público enloquece con este tipo de historias y de repente estudios audiovisuales o plataformas facturan millones al representar historias en las que gente fue asesinada de manera muy brutal. Hay mucho morbo en esto. Y estoy segura de que a las familias de las víctimas no les debe causar mucha gracia cuando ven pancartas promocionando la nueva película del asesino de un ser querido o incluso cuando surgen fanáticos que romantizan sus acciones.

Algo parecido está pasando a partir de la película de Nahir Galarza. Está comenzando a surgir todo un fandom que la idealiza e incluso pide su liberación. Algunos la defienden con el argumento de que existen muchísimos asesinatos de mujeres por parte de hombres mucho más violentos y sórdidos que el de Fernando, pero que en esos casos no son llevados a la justicia o ni se resuelven de manera tan rápida. Por eso, concluyen que Nahir es víctima del patriarcado.

Creo que es un argumento muy pobre y muy injusto para la memoria de Fernando, porque deberíamos festejar que la justicia haya actuado de manera eficaz. Que la asesina sea mujer o no me deja sin cuidado. En lugar de intentar ponerla en una posición de víctima, mejor seguir luchando para que los responsables de femicidios también sean condenados. Una cosa no es excluyente de la otra.

Libertad de expresión

No seamos hipócritas. Todos hemos disfrutado de series o películas de buena calidad que seguro a alguna persona le toca una fibra íntima y no le divierte que se esté facturando con el dolor ajeno. Pero sí creo que es importante la impronta o el mensaje que se da con producciones así.

En el caso de Narcos podemos ver una clara representación negativas de Escobar y se lo toma como un verdadero villano. Se lo muestra como es, no se lo intenta idealizar. Pero en Nahir vemos una versión edulcorada de los hechos, y eso es un error si con eso se intenta limpiar la imagen de la condenada a perpetua. Además, que la verdadera Nahir esté facturando porque hayan hecho una película sobre su crimen… ya me parece un extremo que está lejos de ser ético. Tal vez si ella no hubiera cobrado ni un peso, sería una historia completamente diferente. Pero cuando hay intereses económicos de por medio, ya me hace dudar.

Creo que es responsabilidad de cada uno en decir “no me parece esto, por eso prefiero no verla”. Pero también está en manos de los grandes medios de producción o en los estudios de cine en trabajar con una mirada que vaya más allá del beneficio económico. Tener algo de cintura para no querer monetizar absolutamente todo sin por lo menos dar un mensaje crítico.

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