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El encanto letal de Damon Salvatore

Allá por 2009, iniciaba la adolescencia de una generación que va a morir defendiendo a los skinny jeans. En paralelo, dentro de la enigmática ciudad de Mystic Falls, comenzaba a desplegarse la narrativa de “The Vampire Diaries”.

Inspirada en los libros de L.J.Smith, esta serie de televisión estadounidense fue transmitida por The CW a lo largo de 8 temporadas, hasta 2017. La trama se centra en la vida de Elena Gilbert una adolescente cuya vida cambia drásticamente cuando conoce a los hermanos vampiros Stefan y Damon Salvatore.

La serie explora temas como el amor, la redención, la lucha entre el bien y el mal, y la búsqueda de la identidad; ganándose una base de fans leal y destacando por la capacidad de mantener el interés del público a lo largo del tiempo mediante giros argumentales y desarrollos de personajes complejos.

Personalmente, me encontré fascinada con cómo la serie juega en la cuerda floja haciendo malabares con los aspectos moralmente grises de sus personajes. ¿Mi favorito? El que lo tenía todo para ser un villano y terminó ganándose tanto al público que nadie lo considera uno: el infame Damon Salvatore.

Hace poco leí un artículo por Brianna Williams que reflexionaba alrededor de si “es un personaje digno de ser admirado o la viva imagen de la masculinidad tóxica”. Me parece que deja muchas capas que desenmascarar.

Se lo presenta como el hermano mayor oscuro, egoísta y malvado del benévolo y heroico Stefan, y dicho contraste es una parte clave de la trama que se mantiene durante toda la serie. Está totalmente solo y herido por su pasado, ciego por una sed de venganza que no puede saciar. Con el corazón destrozado y más demonios internos que herramientas para enfrentarlos, es un vampiro poderoso dada su edad y sumamente astuto que a pesar de tomar las peores decisiones y regirse por un código moral peligroso, consigue que veamos más allá de eso y enfoquemos nuestra atención en su lado protector y sensible.

No hay nada más encantador (al menos para quienes nos criamos en esa época) que el bad boy gone good porque el amor lo devolvió a la luz. Es su relación con Elena, Stefan y demás personajes que aparecen más adelante en la serie como Alaric Saltzman, lo que permite canalizar sus mejores características, tales como una inmensa lealtad y disposición a lo que sea para salvar a sus seres queridos.

El problema radica en su naturaleza contradictoria, él no quiere ser el héroe y se rehúsa firmemente incluso al punto de literalmente decírselo a Elena en medio de una conversación: “no quiero que vean mi lado bueno, porque cuando la gente ve cosas buenas, eso espera después… no quiero vivir bajo las expectativas de nadie”.

Por cada paso en la dirección correcta, toma 3 en la incorrecta y los escritores logran de manera maravillosa mantenerte al pie del cañón esperando algún tipo de acto de redención, sin dejarte odiarlo al 100% en ningún momento. No digo necesariamente que sus actos sean justificables ni las intenciones detrás de los mismos dignas de algún tipo de honra o con raíces en algo positivo, pero concuerdo en que se transformó en uno de los tipos malos más queridos de la televisión.

Más allá de su apariencia seductora, su carácter conquista sin siquiera intentarlo; le dieron sentido del humor, el factor impredecible y la habilidad de comprarte con sus palabras: es un manipulador y totalmente egoísta en la mayor parte, pero

En ese pero nos vendimos a su manipulación , ¿quién no quiere ese amor que te consuma, aventura… y la dosis de peligro? Es un personaje irresistible: romántico y cariñoso en el fondo pero demasiado complejo como para que quede a simple vista. Esa es su debilidad y eso es también lo que nos recuerda que detrás del monstruo hubo en algún momento un ser humano.

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