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Megamente 2 - La Peor Secuela de la Historia del Cine de Animación

Spoilers

Recientemente estrenada en Max, la esperada secuela del éxito popular de Dreamworks llega a la pantalla chica más de una década después, con Megamente 2 o Megamente contra el Sindicato de la Perdición. Pero, como sus adelantos pesimamente animados nos dejaron prever, el resultado fue más terrible, atroz y desdeñable que lo que el malévolo Megamente logro ser jamás en su carrera como supervillano, ofreciéndonos una de las peores películas del medio que haya tenido la desdicha de ver.

¿Que hacía tan buena a la original Megamente?
Prime Video: Megamente
En 2010, antes del auge de la sobreexplotación superheroica que se vive hoy en el cine, se estrenaría Megamente, protagonizada por Will Ferrel. Una película que es muchas cosas, y entre ellas, una obra digna del sello característico de Dreamworks. Shrek (2001) obtuvo su prestigio dentro del medio por ser un comentario satírico a los tropos de la fantasia y los cuentos de hadas. Una película animada rompedora que subvertía las expectativas del espectador constantemente, narrándonos una historia con un protagonista atípico y feo físicamente, que se enfrentaba a un príncipe carilindo, y en el proceso, a nuestras convenciones; y encima, quedándose con la chica al final. Años después, Megamente seguiría la misma línea, pero jugando con los tropos, arquetipos y cliches del género superheroico.

Seguimos la historia de dos seres extraterrestres, el azul y de cabeza grande Megamente y el humanoide Metro Man. Los dos alienígenas son enviados a la Tierra momentos antes de que sus respectivos planetas fueran absorbidos por un agujero negro. La cápsula de Metro Man aterriza en una lujosa mansión en Metrocidad, mientras que la de Megamente termina en una prisión cercana. Sus caminos divergen enormemente desde allí, con nuestro protagonista enfatizando su problemática infancia para explicar su actual villanía y rivalidad con Metro Man. Mientras que Megamente crece aparentemente moralmente comprometido entre criminales, Metro Man es criado con una cuchara de plata y, supuestamente, se convierte en una persona moralmente recta debido a eso. A lo largo de la escuela y más tarde en la adultez, Metro Man es reverenciado y favorecido por sus hazañas de fuerza y habilidades sobrenaturales, mientras que Megamente, a pesar de mostrar ingenio en sus inventos, es rechazado. Naturalmente, los dos seres se convierten en enemigos de por vida en una batalla de poder sobre Metrocidad, con Metro Man prevaleciendo cada vez que se enfrentan. En su última batalla, el desastroso plan de Megamente para atraer a su rival a una trampa mortal mediante el secuestro de Roxanne, una reportera que se presenta como el interés amoroso del héroe, inesperadamente funciona. Aunque inicialmente encantado con su victoria, pronto entra en una crisis existencial al descubrir que la vida se ha vuelto demasiado fácil tras perder su propósito fundamental como supervillano. Esto desencadena una serie de eventos en los que se enamora de Roxanne, reconstruye la ciudad devastada para ella y crea otro superhéroe con el que luchar. Sin embargo, el nuevo superhéroe explota sus nuevos poderes y rápidamente se vuelve malvado. Megamente, entonces, tiene que convertirse en el héroe que salva a la ciudad del nuevo villano hijo de su creación, desafiando las expectativas tanto propias como las del mundo que lo marginalizo desde su migración al mismo; y encima, quedándose con la chica al final.
Una historia de redención, que explora multiples temas como la búsqueda de propósito, la aceptación, el destino, la construcción de la masculinidad, y más importante, de la identidad.

Los temas que explora Megamente mediante su subversion de tropos


La película adquiere una interesante profundidad al sugerir que nuestras creencias socialmente construidas sobre quiénes deberíamos ser pueden influir en cómo nos presentamos al mundo y, en última instancia, en quiénes nos convertimos. Megamente y Metro Man encarnan roles predefinidos como villano y héroe respectivamente, papeles arquetípicos dentro de la ficción a los que estamos familiarizados, establecidos a ellos por los entornos donde crecieron, que marcan lo que teóricamente deberían ser en la vida y que se espera de ellos como miembros de una sociedad. Pero la película revela que estas identidades funcionan como fachadas que no reflejan su verdadero yo interior. Megamente, a pesar de su reputación como villano, muestra rasgos de empatía y humanidad que contradicen su imagen pública, e ira cambiando su destino con sus acciones a lo largo del metraje. Del mismo modo, Metro Man, a pesar de ser admirado como un héroe impecable, revela dudas y contradicciones internas sobre su papel y su propósito, y demuestra no ser el superhombre perfecto que se nos vendía. Un tratamiento similar recibe Roxanne, personaje que remite a las versiones más vacuas de la pareja de Superman, la reportera Lois Lane, pero que se superpone como un personaje con características más allá de ser una damisela en apuros, construyendo una trama romántica bastante enternecedora con nuestro protagonista. Incluso Hal, el camarógrafo que aparenta ser un buen tipo, cual Jimmy Olsen, termina por convertirse en un villano prepotente cuyas peores cualidades, comportamientos y machismos se ven potenciados por sus nuevos superpoderes.
Desde el vamos, tener como puntapié de la historia a un villano asesinando a su heroico nemesis es un factor importante del juego paródico que sirve como eje central de la película, pero este va mucho más allá cuando nos sumergimos en esta exploración de sus personajes y la cuidada subversion de tropos y roles que presenta. Dreamworks desarma a estos Superman y Lex Luthor y juega con nuestras convenciones arquetípicas inherentes a ellos y al género de superheroes en general. Con un nivel de acción explosiva, un timing cómico excelente lleno de gags visuales y diálogos ingeniosos, y una animación destacable incluso hoy en día, Megamente se consolido como una de las mejores, y más infravaloradas, películas del estudio, cultivando una base de fans que le otorgaron su estatus de culto dentro de la animación.

Una innecesaria y tardia secuela que no conoce su target .
Megamente 2' despenca nas avaliações do público! - Elite News

Catorce años después de la original, el servicio de streaming Peacock recibe los derechos de la franquicia por parte de Dreamworks, para ofrecernos a los fans de antaño de la misma la peor secuela que el cine de animación haya presenciado. Una que nos hace cuestionar que necesidad había de revivir esta IP especifica si este iba a ser el trato que recibiría. Echando por la borda todo lo construido en la primera película, Megamind vs. the Doom Syndicate (2024) no funciona en ningún nivel concebible.

¿Que hace tan mala a Megamente 2?

Para empezar, es ilógico hacía que target apunta como producto. Su predecesora es del 2010, así que no se entiende el tono tan exageradamente infantil y edulcorado que se optó para esta nueva entrega. Los que disfrutamos de la primera película en su momento ya crecimos y buscamos otro tipo de contenido; a la par, ningún niño en la actualidad conoce al personaje de Megamente, y no tendrán interés en ver sus nuevas aventuras. Habiendo nacido tantos años después de su estreno, y dada la nula presencia del personaje en secuelas u otros medios, es imposible que los niños pequeños sean el público objetivo de esta película, sino todos aquellos fans del filme original que se quedaron con ganas de más y llevan años pidiendo una continuación de la historia que este al nivel de su antecesora.
Y sabemos que Dreamworks es un estudio por demás capaz de cumplir una meta de esas características.
Shrek 2 (2004), ampliando su sátira al mundo de Hollywood, se mantiene como una de las mejores secuelas animadas que existen; Kung Fu Panda 2 (2011) expande los temas de su predecesora y dota de un nivel de madurez a su historia y al desarrollo de los personajes; y Gato con Botas 2 (2022) demostró que el estudio era capaz de agarrar una de sus cintas más olvidables y construir una secuela que rompa los esquemas, con una pericia narrativa, técnica y artística difíciles de igualar por la competencia. Ese tratamiento era el que merecía Megamente a la hora de darle seguimiento a su historia. Pudimos tener una película que, al igual que Shrek se burlaba de Disney y sus fabulas, satirizara el género de superheroes y su explosion cinematográfica que fue posterior al estreno de la original. Pudimos tener un comentario divertido y acido sobre los nuevos cliches del cine de superheroes y los universos cinematográficos, sin llegar a los niveles de cinismo y cancherismo casposo de otras producciones como The Boys, sino desde el lado de construir una historia que beba de ellos, los parodie y les de la vuelta para construir su narrativa.

Pudimos. Pero en su lugar tuvimos esto.

¿De que va?

Dos días después de los eventos de película original (la cual se nos es recapitulada mediante una penosa reutilización de metraje, en donde apreciamos un desentono visual terrible, puesto que la animación del 2010 se ve infinitamente mejor a la actual), Megamente ahora es el héroe de Metrocidad. Pero su nuevo estatus quo se verá perjudicado cuando el Sindicato de la Perdición, su viejo equipo de Villanos al cual lidero, escapa de prison y busca mandar la metropolis a la Luna, llevando a nuestro protagonista a fingir ser un villano nuevamente para ganarse su confianza.

Entiendo el bajo presupuesto al tratarse de una película para television, y lo que ello conlleva; puedo tolerar el apartado técnico repleto de errores de animación fácilmente notables a simple vista, puedo tolerar la ausencia de un soundtrack excelente lleno de canciones licenciadas y banda sonora compuesta por Hans Zimmer, puedo tolerar los diseños de los personajes sacados de una publicidad de Danonino. Y hasta incluso puedo entender la ausencia de Will Ferrel, Tina Fey y David Cross como actores de voz. Pero si algo no puedo perdonar es como esta película destruye todo lo que la original hacia tan bien en términos de guion y comedia.

La historia no lleva a ningún lado, y apenas suceden eventos importantes o memorables. En vez de eso, los guionistas tratan al espectador como idiotas, poniendo a los personajes a soltar diálogos repetitivos que solo sirven para explicar otros diálogos previos o las acciones y sucesos de la trama. Fácilmente cinco veces Megamente lleva a Roxanne a un costado del escenario para explicarle algo a espaldas de los demás, cuando en realidad, nos lo esta contando a nosotros. Detienen la trama a cada rato para susurrarle banalmente al espectador todo lo que está pasando. E incluso si la película apunta (inexplicablemente) a un público infantil, eso no justifica tratar a los niños de tu audiencia como faltos de cualquier inteligencia como para que les tengas que sobre explicar todo veinte veces en caso de que se pierdan. El cine para niños no debería alcanzar estos niveles tan patéticos a la hora de narrar sus historias por la mera justificación de ser un producto infantil.

Megamind vs. The Doom Syndicate (2024)
Megamente junto a su viejo equipo de supervillanos.


El argumento, desde su concepción, contradice absolutamente a la película original; no tiene ningún sentido que Megamente haya sido parte de un grupo de supervillanos: Primero, mencionan que Megamente se gradúo en la "Escuela de Supervillanos", un concepto sin pies ni cabeza que no solo es ridículamente infantil, sino que nunca se menciona tal cosa en la primera entrega. Segundo, posicionan a nuestro protagonista como un gran líder que inspiro a este grupo de villanos, cuando el personaje de Megamente se basa en la soledad y la marginación. Siempre estuvo solo, siempre fue el luchando encarnizadas batallas contra Metro Man en las cuales resultaba el perdedor. Por lo tanto, aparte de insufribles, mal escritos, y pesimamente diseñados, el grupo de personajes que funge de figura antagónica es incoherente e inverosímil con el universo establecido. Y no solo defenestran una de las bases del personaje de Megamente, al retconear su pasado y atribuirle características de un líder social, sino que también dinamitan todos los demás aspectos que hacían a su personaje.
Su tierna relación con Roxanne es tirada a la basura y dejada de lado, para darle paso a un Megamente egocéntrico y carente del desarrollo que vimos en el, además de incapaz de ejecutar las acciones más básicas como usar una tostadora (con el afán de crear un momento cómico con menos gracia que un velorio)
Lejos quedo el villano carismático que se convertía en un héroe improbable desafiando las expectativas de todos y encontrando su propia identidad. Ahora, es un triste cabezon azulado, que solo es capaz de volver a ser un héroe tras recibir ayuda de una niña influencer llamada Keiko que lo inspira y lo ayuda a derrotar al mal (si, posta).

La primera película tenía un tratamiento del género de los superheroes que podría recordar a obras maestras como Los Increíbles (2004), por su forma de rendir tributo a los justicieros encapotados, o hasta Unbreakable (2000) de Shyamalan, por como trata la estrecha relación entre las figuras del héroe y el villano y su codependencia. Aqui, el genero superheroico es solo una excusa para meter personajes coloridos con poderes que llamen la atención infantil. Un fondo para construir una historia genérica sobre el bien y el mal con escenas de acción pesimamente ejecutadas y animadas, que solo te tendrán al borde del asiento revisando cuantos minutos quedan para que termine esta tortura audiovisual.

Conclusion ¿Que podemos aprender?.

Megamind vs. the Doom Syndicate - Wikipedia

Posiblemente, la peor película que haya visto en mi vida, y desde ya la peor dentro del mundo de la animación, sin el más misero aspecto rescatable en ninguna de sus escenas. Una completa basura que no deja nada en el espectador en su interminable hora y media de duración. En tal caso, solo nos brinda una valiosa lección:

En la era de capitalizar con la nostalgia y la constante producción de secuelas y revivals, Megamente 2 o Megamente vs. el Sindicato de la Perdición nos enseña que como publico tenemos que aprender a conformarnos con lo que tuvimos y callarnos. Si algo es bueno, no hace falta una secuela, reboot o continuación, porque pueden llegar a darnos lo que tanto ansiamos y pedimos, y terminar arruinando el legado de una buena obra.

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