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El Seductor Mental

¿Qué es lo que engloba un villano encantador?, ¿Qué concepción tenemos sobre el?, ¿Es acaso una construcción física?, ¿Psicológica?, ¿O simplemente muñeca del Director?.

Demasiadas preguntas a una respuesta que solo la mística y el talento pueden desarrollar. Hablo de mística porque quizás nunca veamos una entrada y presentación tan memorable como es la de Anthony Hopkins a su inefable Hannibal Lecter. Nuestros recuerdos se van hacia una imagen de espera, de la suya hacia Sterling, de la nuestra hacia él, de la música resonante, y de nuestro espanto sabiendo que no hay vuelta atrás en nuestras pesadillas.

Del talento menciono el desarrollo de su Director, Jonathan Demme, al abordarlo de manera excepcional en sus primeros planos, de su estampa en su maquillaje y vestuario (es increíble como una base blanca y un peinado engominado para atrás le cambia la perspectiva a Hopkins en su faceta más icónica). Y del actor, abordaré temáticas descriptibles, aunque, con solo vislumbrar el largometraje, no hace falta que lo haga.

Verán, las expresiones de la cara son importantes en el cine, basta con solo ver a Tom Hardy (otro villano icónico, aunque menos encantador como Bane en Batman) con máscaras luchando para demostrarle al público de le creíble de su actuación. Cuidado, no digo que no lo haga, ni que sea lo más importante, solamente es una introducción a las decisiones de Anthony Hopkins para mantener la palidez en su piel, y la inflexibilidad de sus rasgos faciales.

Lo inentendible para muchos, es que creen que es imposible que un villano se rellene de odio y enojo sin mover un ápice de su cara. Ahí es justo donde radica la magia del actor que posee una mirada introspectiva singular de su trabajo aquí, y la respuesta es simple, no hace falta, sintió que su rostro hacía la tarea, y allí radica la mitad de la grandeza de su performance.

¿Cómo la mitad? se preguntarán, si yo recuerdo la escena de su primer plano saboreando el hígado ajeno y un vino añejo y caro, con su célebre onomatopeya gustosa. Bueno, es que hay mucho más que una cara diabólica, hay una construcción intelectual que data de los que vamos a la conferencia de algún notable y solo escuchamos para enriquecer nuestra mente.

Detrás de lo físico, también se encuentra su sabiduría, algo que demuestra que Lecter no es un villano superficial aislado de una sociedad frívola, sino que su tenue voz agrava lo inevitable, que su personalidad juegue con nosotros. El lo sabe, y lo hace, entiende que su figura es terrorífica, pero lo que aún es más espantoso, es su capacidad de adentrarse en las mentes más inalterables. Si bien dentro de una celda de máxima seguridad, el no puedo encontrar el movimiento que pretende, si lo hace con absoluta libertad en la psiquis de todos los espectadores, con la convicción de que algún día será totalmente emancipado.

El concepto encantador me llevó a escribir estas palabras, es que siento que no hay encanto sin intelecto, ni tampoco hay encanto sin una pizca de lo visible. Eso corresponde a Hannibal Lecter, por lo menos desde mi punto de vista. Es por eso que les pregunto, si no lo conocieran, y si fuera una persona random que conocen en un bar (sofisticado por supuesto, no creo encontrarlo en uno de mala muerte), ¿Tomarían un trago con él? He ahí, su encanto.-

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