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Cine imprescindible: El desencanto

Hay películas que encontramos por primera vez y en el primer contacto ya sabemos con absoluta certeza que ese no será el último. Uno lo sabe mientras las está viendo, aunque todavía no haya llegado al final. Hay películas que uno sabe que serán compañía de lo que nos quede de vida, a las que volveremos una y otra vez. Películas que disparan sentidos y emociones, disparan conexiones, películas que incluso pueden hacernos ir -como forma de inusual peregrinación- al lugar en donde fueron rodadas. Desde que vi por primera vez -hace más de veinte años y en cine y en fílmico- El desencanto de Jaime Chávarri, la película se ha quedado conmigo. Y con unas cuantas otras personas a las que les he insistido para que la vieran (bueno, también la he incluido como obligatoria en mis materias en diversos cursos y en la universidad).

El desencanto es un documental español acerca de una familia española, los Panero. Fue rodado en 1974 y 1975 y estrenado en 1976. Y es un documental que expone, muchos dicen que desnuda, a esta familia con una capacidad singularísima, única, para llegar a tremendos abismos, a verdaderos cataclismos. Es una película emocionante y conmocionante, una película inagotable, terrible, cruenta, divertida, que arrasa con muchas seguridades, muchos supuestos, muchas excusas y máscaras. Una película tan única -aunque tuvo una secuela llamada Después de tantos años- e inagotable. El desencanto permanece, y permaneció durante generaciones en España: fue una película que estuvo en el momento justo, estrenada el 17 septiembre de 1976 diez meses después de la muerte de Francisco Franco, que había ocurrido el 20 de noviembre de 1975. El desencanto, además, había sido terminada de rodar poco antes de la muerte del dictador, pero el cambio de época ya estaba en el aire. Como dato en apariencia anecdótico pero en realidad muy significativo, esta fue la última película en ser censurada por el régimen franquista, que le cortó un segundo, apenas un segundo, nada más y nada menos (pueden chequear en Internet ese segundo).

El desencanto es un magnífico documental, un documental precioso (para usar un término de uno de los protagonistas), de los mejores de la historia, y fue una película que se definió andando, al hacerse, al pensarse, rodarse y montarse. Al principio, el propio director Chávarri pensaba que no había ni siquiera un cortometraje alrededor de este asunto de la familia Panero, pero después se convenció de que había no solamente un corto sino un largometraje, y de eso enseguida estuvo convencido el crucial productor Elías Querejeta. Finalmente, la película no solamente fue un largometraje con secuela sino que además puede pensarse que El desencanto es una película dual, con dos partes claras, dentro de una estructura general sólida y consistente. El personaje más importante de la segunda parte aparece solamente en un plano en la primera, en la que apenas se lo menciona un par de veces. Por su parte, el eje central de la primera parte era alguien que llevaba muerto más de una década para cuando se filmó la película. Ese muerto era el padre, Leopoldo Panero, alguien que a principio de la Guerra Civil Española casi fue fusilado por el bando nacional y que fue salvado por conexiones familiares. Leopoldo luego cambiaría de bando ideológico, pasaría a ser funcionario e incluso sería conocido como “poeta oficial del franquismo”. No pocos creen que este cambio (algunos dirán traición o autotraición) fue la causa principal de su persistente alcoholismo.

Panero, de familia tradicional castellana, de una pequeña ciudad llamada Astorga, al noroeste de Madrid, cercana a Galicia y Asturias, se casó en mayo de 1941 con Felicidad Blanc, una chica de familia rica madrileña. Del matrimonio nacieron tres hijos varones: Juan Luis, Leopoldo María y José Moisés (Michi). En la primera parte de El desencanto están -además de la estatua todavía sin verse del padre- Felicidad, Juan Luis (el mayor y más cercano al legado paterno) y Michi (el menor, el que menos conoció a su padre). Esa primera mitad de la película orbita en torno a la figura, la sombra, el legado, el peso del padre, o quizás habría que escribir el Padre. Se nos cuenta acerca de la vida de la familia durante el franquismo, la llegada de los hijos, los desencantos de los integrantes del matrimonio, las visitas de amigos, y esa primera parte termina con el relato a tres voces sobre la muerte del padre y sus consecuencias inmediatas. En esa primera parte el discurso dominante parece ser el de Juan Luis, que habla muchas veces bajo disfraces, o en pose, o imitando a referentes (la secuencia de presentación, en la que imita a Borges, es una de las tantas secuencias que han quedado en la memoria de quienes hemos caído bajo el influjo de esta película). Michi, que también participa profusamente de la primera parte, y se dice que fue quien más colaboró con Chávarri para la película, años después sería uno de los principales animadores de los años de la apertura democrática en Madrid. Décadas más tarde, el cantautor asturiano Nacho Vegas escribiría la canción “El hombre que casi conoció a Michi Panero” y cantaría “pero si algo hay capital, algo de veras importante, es que me voy a morir y cuando digo voy es que voy. Lo he pasado bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero, y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas.” Entre muchas otras grandes frases que tiene esta película, una de las más citadas de Michi es: “este es un país muy aburrido y yo espero no serlo”. Michi se presentaba como el ser frágil de la familia y a la vez ejercía una seducción inmediata en casi todos los que lo conocían. Además, fue el motor fundamental de El desencanto, quien convenció a Querejeta para que invirtiera en el proyecto de esta película.

Pero la gran revelación de la película, incluso para sus hijos, sería Felicidad Blanc, la señora de modos decimonónicos, primero reticente y luego deseosa de derribar los mitos de la familia Panero. No deberíamos adelantar más sobre Felicidad, vean la película y vean esa transformación, o vean la película y asómbrense con eso y mucho más. De todos modos, todavía no hemos empezado a referirnos a esa segunda parte, en la que irrumpe el huracán, el terremoto, el cataclismo llamado Leopoldo María, el hijo del medio, el que no se cruza en ningún plano con el mayor, con Juan Luis. Leopoldo María el loco, el desterrado, el poeta precoz, el poeta maldito. El que aparece para poner en entredicho la leyenda épica de la familia y -así fue leída la película por muchos en su momento- también la leyenda de un país que estaba cambiando y necesitaba cambiar incluso más rápido que como lo estaba haciendo en esos años clave. Leopoldo María viene a definir el resultado de la película: ¿es esta una película sobre Leopoldo padre o sobre Leopoldo hijo? Michi siempre apostó por su hermano, y Juan Luis por su padre, y esa discusión está intencionadamente al principio. La claridad, inteligencia y aplomo del montaje de esta película se notará aún más al volverla a ver, porque sabemos que esta es una de esas para volver a ver, como ya sabíamos desde el principio de este artículo y desde que por primera vez tomamos contacto con El desencanto.

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