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Los villanos encantadores

El Guasón o la Bestia, cual una cordillera que delimita límites, llevan sus torrentes de agua refrescante, a saciar la expectativa de morbo o compasión del prosumidor moderno, el espectador activo del fenómeno espectatorial. Uno, maligno voluntario, decisorio, plantea la irracionalidad del mal, el origen ilógico y hasta eterno de la rivalidad con el bien, también originario, milenario e incomprensible. Es el Guasón, diferente del que es víctima de su error, castigado por su egoísmo moral, que bien puede configurar al contador de estrellas, en el Principito, un capital que en nada favorece al mundo humano, en su indiferencia y automatismo robótico, y por ello, perjudicial, incluso para sí mismo. Es el caso de la Bestia, contrapuesta a Bella, símbolo de esa inocencia, tan a gusto con las prédicas de San Agustín; ya que el mal es el deterioro de la belleza del alma. En ella, esa bondad, reflejada en un beso, es también milagrosa. Bella es semejante a Cristo restaurando al loco que le gritaba. Restaurador, resucitador de la sanidad mental y corporal. Por ello, esta divisoria de aguas, este discernir entre los malvados igualmente encantadores. Reflejo doble, bipolar de la misma alma humana.

Luego de este introito, veamos el relevamiento de la American Film Institute (AFI), respecto al ranking de los diez mejores villanos de la historia del cine. Cabe consignar que American Film Institute —en español, Instituto Estadounidense del Cine— es una entidad cinematográfica independiente y sin fines de lucro, cuyo cometido es educar a cineastas y honrar el patrimonio de las artes cinematográficas en los Estados Unidos.

No analizaremos aquí ni describiremos todos estos casos, pero sí confrontaremos a algunos héroes con otros villanos, para resaltar la sombra de la luz, interrelacionados, ya que brilla la luz cuanto más oscuridad hay. Estigmatizados de uno y otro lado, estereotipados; pero con la convicción de que el bien y el mal moran en el mismo corazón humano. Como dice la fábula, en una pelea brutal, gana el perro que mejor alimentado está. He aquí la antítesis y oxímoron que proponemos. James Bond contra Hannibal Lecter, Terminator contra la Malvada bruja del Oeste, el Zorro versus El pequeño César, Freddy Krueger contrapuesto a Batman.

Y he aquí la nómina que esta institución ha seleccionado:

Creación de Alfred Hitchcok. Actor: Anthony Perkins. Película: Psicosis. Personaje: Norman Bates.

Personaje: Hannibal. Actor: Anthony Hopkins Film: El silencio de los corderos.

Película: La malvada reina de Blancanieves y los siete enanitos, de Disney. Actriz: Lucille La Verne.

Actriz: Linda Blair en El Exorcista, de William Friedkin.

Personaje: Phyllis Dietrichson. Actriz: Bárbara Stanwyck en el filme de Billy Wilder, Perdición.

Actriz: Glenn Close. Película: Atracción Fatal. Personaje: Alex Forrest.

Director: Frank Capra. Película: Qué bello es vivir. Personaje: Mr. Potter de Lyonel Barrymore.

Película: La enfermera Ratched. Actriz: Louis Fletcher. Autor y Director: Milos Forman.

Película: La pérfida bruja del Oeste. Actriz: Margaret Hamilton.

Personaje: Darth Vader. Actor: James Earl Jones. Saga: Star Wars y el poderoso físico de David Prowse.

Pero no satisfechos, tal vez, con esta clasificación, el terror no quedaría circunscripto sólo al protagonismo humano. El tumultuoso mar y sus engendros bestiales como en Tiburón, la Ballena asesina o Los piratas del Caribe, con el pulpo gigantesco; la selva y sus peligros, como asunto recurrente de los cuentos de Horacio Quiroga. El gorila, en Los Crímenes de la calle Morgue, de Allan Poe. Estos ejemplos podrían ampliar el abanico de posibilidades en cuanto a la configuración de lo monstruoso y del mal.

Como conclusión, quizás uno pueda interrogarse también respecto al efecto exitoso de las películas de terror. Dentro de la normalidad de la vida, el acontecimiento disruptivo; en la tergiversación de la vida, el declive intenso hacia lo irracional, y la imposibilidad de evitarlo. El hombre es castigado por el miedo. La percepción asume los ojos y la piel de la víctima o el victimario. O el cinéfilo o lector se siente culpable, y asume el castigo. Sea como sea, el prosumidor crea, interviene, intercambia vivencias, sensaciones identificándose, oponiéndose, soñando despierto frente a la pantalla de su conciencia. Y es esa conciencia la que tiñe la circundante realidad.

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