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The jerk (1979): la comedia fundacional

El otro día vi el teaser de la nueva temporada de Only murders in the building, esa gran comedia que recuperó la capacidad de Steve Martin para hacernos reír (también la de Martin Short). Como si fuera una garantía de venta, el teaser tiene una escena en la que Martin se luce en lo que sabe: la mezcla entre el humor físico y el absurdo. Por lo que nos deja entrever el adelanto, el trío protagónico viaja a Los Angeles para negociar el contrato de una película sobre el podcast que graban (para los que nunca vieron la serie esto puede sonar muy confuso, pero no es mi culpa: ¡véanla!). Charles-Haden Savage, su personaje, acerca un papel con una cifra, pero la mesa es muy ancha y no pasa de la mitad. Se levanta, se incorpora sobre la mesa, empuja el papel con la yema de los dedos, lo termina soplando. Martin, como Jerry Lewis, un tipo que ha hecho de su cuerpo una herramienta para la comicidad. Como en aquella escena de Bowfinger en la que prepara una cena para un interés romántico y hace diez cosas a la vez. Como en tantos pasajes de The Jerk, la comedia dirigida por Carl Reiner con la que asaltó el cine allá sobre fines de los 70’s, y significó el puntapié inicial de una de las carreras más brillantes dentro del género, salvo algunos nubarrones.

Martin no era entonces una figura totalmente desconocida para el cine y la televisión. De hecho, llenaba teatros con su unipersonal (cuando decimos llenaba, hablamos de decenas de miles en una función). Pero la gran pantalla no le había dado la oportunidad de lucirse como lo hizo con The Jerk, donde además de ser protagonista absoluto fue guionista y el alma de una película totalmente libre, hecha por alguien que no tenía mucho que perder y podía animarse a tirar en la pantalla todas sus ideas sobre la comedia. En The Jerk Martin interpreta a Navin, un personaje border que contamina con su presencia todos los espacios que habita: en el comienzo, antes que comience la road movie que es la película, lo vemos como integrante de una familia negra sin darse cuenta de que no pertenece a ese lugar y carece del ritmo que tienen los demás. The Jerk cuenta una historia de ascenso y caída, pero tomando incontable cantidad de desvíos narrativos y tonales. Es una comedia, también, como las buenas comedias, que descree de las enseñanzas de vida y sólo tiene un objetivo en su horizonte: construir, amontonar, todos los chistes que pueda y se le ocurran. De hecho, uno de los objetivos del guión escrito por Martin junto a Carl Gottlieb y Michael Elias era que hubiera un chiste por página. Vaya si lo lograron. Algunos son imperceptibles, otros explotan en el primer plano, hay sutiles y otros groserísimos, pero nunca The Jerk no es graciosa. Y mucho más importante: es libre, desconectada del sentido contenidista que comenzaba peligrosamente a apoderarse del cine. Los cultores actuales del cine solemne y congruente se horrorizarían al ver The Jerk.

Hablando de grandes series. En la gigante, generacional, Freaks and geeks, el grupo de chicos más chicos -de aquella historia sobre los vínculos que se forman en el colegio- tenían una relación sentimental con la comedia. Freaks and geeks estaba ambientada a comienzo de los 80’s, una época en la que la comedia norteamericana explotaba con nuevas figuras y -en ocasiones- apuestas radicalizadas. Muchas de las comedias de John Landis o Ivan Reitman tenían un espíritu juvenil y pendenciero, con figuras en acenso como Bill Murray, Dan Aykroyd o John Belushi. O el mismísimo Saturday Night Live!, con su formato de sketches, marcaba en cierta medida el norte. Bueno, en esa serie Sam (John Francis Daley), Neal (Samm Levine) y Bill (Martin Starr) charlaban habitualmente sobre comedias, deliraban con Caddyshack y comentaban escenas. Sam, por ejemplo, hace todo lo que cualquier persona de bien haría: mide un interés romántico a partir de si a la chica le gusta o no The Jerk. En uno de los capítulos, Sam invita a la chica más linda del colegio a ver la película con Steve Martin. Un evento para la vida de Sam, a quien durante varios capítulos vimos hacerse la cabeza con la posibilidad de que ella le diga que sí. Por eso que la aceptación era toda una sorpresa para Sam, mucho más que lo fallida que terminaría siendo la salida: mientras Sam se ríe a carcajadas con la escena en que Navin es atacado por un francotirador que dispara contra unas latas, ella se muestra inmutable (una secuencia, dentro de la película, a la que llegamos de la manera más arbitraria posible). Freaks and geeks lo define perfectamente: el sentido del humor es algo clave que se comparte en las relaciones sentimentales. The Jerk, es el mejor termómetro.

Pero Freaks and geeks tiene algo más interesante para aportar: la mayoría de los involucrados delante y detrás de cámaras se convertirían en referentes del género durante las siguientes décadas (o hasta que la corrección política comenzó a medir con su vara imperturbable y a castrar la risa). Entonces, la serie funcionó como escuela. Por ejemplo, John Francis Daley (aquel Sam), se convirtió en un director y guionista que mantuvo intacto el espíritu de aquellas comedias, muy especialmente con su reversión/secuela/remake de Vacaciones, película emblema del movimiento ochentoso. Vacaciones 2015 acumula, en su serie de situaciones imprevisibles, varios de los momentos más felices del cine reciente. Y es una demostración de cómo The Jerk resulta una película fundacional. Un poco porque explora la comedia de las décadas pasadas (hay algo del sinsentido de los Hermanos Marx, del slapstick del cartoon clásico y Jerry Lewis o de los procedimientos más hipertextuales de Mel Brooks), pero además porque sienta las bases de la comedia de las siguientes décadas: los personajes de Adam Sandler (especialmente los de sus primeras películas) y Will Ferrell tienen mucho que agradecerle a Navin y su universo absurdo donde todo puede pasar. Por ejemplo, aquella escena notable en la que Martin y Bernadette Peters caminan por la playa y cantan la hermosa Tonight you belong to me, que se remata con un inusitado solo de trompeta de ella. Hay en ese momento disparatado un aire que podemos reconocer en El reportero de Adam McKay y con Ferrell, tal vez la película que mejor capturó el espíritu libre y hermoso de The Jerk.

Luego, Martin y Reiner colaborarían en otras tres películas. Cliente muerto no paga (1982) y El hombre con dos cerebros (1983) serían una suerte de continuación de The Jerk en el sentido que se animaban a jugar con los elementos del cine y se construían desde la inter e hipertextualidad: la primera utilizaba escenas de policiales negros clásicos integrando a Martin en la trama (en un trabajo de montaje realmente virtuoso) y la segunda jugaba con el espíritu de las películas de ciencia ficción Clase B. Sin embargo, y más allá del ingenio demostrado y el conocimiento sobre los géneros abordados, lejos están ambas películas de acercarse ya sea un poco al espíritu libertino de The Jerk. La otra colaboración fue con Hay una chica en mi cuerpo (1984), una comedia que marcaba otro rumbo en la carrera del actor, menos apegada a lo formal y vehículo para explotar las capacidades de Martin para el humor físico. Ese sería el tipo de comedia que protagonizaría desde mediados de los 80’s y hasta bien entrados los 90’s, creando alguna buena dupla en el camino como la construida con Rick Moranis. Pero ya eran otros tiempos, el público estaba en otro lado y la estrella del comediante se fue apagando entre comedias familiares medio pelo sólo salvables por el talento intermitente del actor. Por suerte, como decíamos, The Jerk dejó legado y el espíritu se mantiene intacto hasta nuestros tiempos. Y ahí está, también, Only murders in the building para integrar lo clásico con lo moderno, en una serie que sutilmente dialoga sobre las cosas que causan risa más allá de los tiempos. Sólo alguien que comprende la comedia podría crear algo así. Steve Martin es esa persona.

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