Frankenstein (1931) de James Whale y Mary Shelley  

El conocido como verano boreal, el año sin verano (1816), fue un año de catástrofes climáticas. Estallaron varios volcanes, lo que hizo que esa nube de polvo cubriera la luz que daba calor al mundo. Las temperaturas a lo largo disminuyeron, creando un invierno largo y crudo que destruyó las cosechas en todas partes. Hubo hambrunas y disturbios, saqueos y revueltas. En Suiza, donde Mary Wollstonecraft (de) Shelley visitaba junto con su marido a Lord Byron, cayó nieve ese verano, y en el pequeño pueblo en el que estaban los amigos llovía sin parar. Junto con el médico y también escritor John Polidori, aburridos y hastiados, comenzaron un juego de cuentos de terror: cada uno tenía que contar uno cada noche. Las conversaciones hasta que comenzara ese juego tenían que ver con los avances científicos de Erasmus Darwin (a no confundirse con Charles, quien fue su nieto) y Luigi Galvani, quien había estado haciendo experimentos y se decía en ese entonces que había experimentado con reavivar carne muerta.

Pasaron varias noches de este juego sin que Mary tuviera una historia que contar. Paralizada, cada mañana trataba de pensar algo. Una noche tuvo una pesadilla, y a partir de esa pesadilla y las conversaciones comenzó a contar la historia de Frankenstein, que sus amigos le animaron a escribir. Mary no era ajena al sufrimiento y a las catástrofes naturales. Perdió varios embarazos e hijos bebés. Cuando finalmente Frankenstein se publicó, en 1818, la gente se la adjudicó a su marido, Percy Shelley. Años después Shelley murió navegando, Mary tenía 25 años. Quedó sola con un hijo, y sin dinero, comenzó una carrera de escritora independiente muy dura. Estuvo enamorada de Jane Williams, una mujer de la que también parece que estuvo enamorado Shelley, y con cuyo marido murió en el mar, pero Jane no la quiso.

Frankenstein es un libro extraño. Es un relato enmarcado en el que un viajero encuentra a un hombre al borde de la muerte que le cuenta su historia, ese hombre es Viktor Frankenstein. Victor crea un monstruo y huye de él aterrado, ese monstruo vuelve por él. Quizás una de las partes más bellas del libro es una secuencia en la que, reencontrados después de una larga ausencia y persecusión, el monstruo cuenta su historia a su creador, la de el momento en que se transformó verdaderamente en monstruo: huyendo de su lugar de creación, el monstruo vaga por los campos y llanuras. Ahí encuentra un fuego hecho por otros y comprende el calor, luego aprende a hacerlo, y así empieza de cero a entender el mundo y las cosas que son de él. En un momento encuentra refugio en un cobertizo de una familia, dos hijos y un padre ciego. Hace frío y el monstruo se queda ahí, observando a los humanos (de quien él es a la vez parte y no parte), y aprende sus costumbres y, sobre todo, aprende sobre el cariño. En eso aparece una mujer extranjera, y mientras esta familia le enseña a la mujer su idioma, el monstruo que todo lo observa lo aprende también. Un día, cuando ser un observador se le hace ya insoportable, trata de pensar como entrar a la familia. Aprovecha un día en el que los hijos no están y va a ver al padre, que es ciego y no puede horrorizarse de él, y de a poco le cuenta su historia y le pide que por favor lo cobijen. Pero aparecen los hijos y, horrorizados de su aspecto, lo echan, y comienzan a perseguirlo. Y en ese momento el monstruo se da cuenta de que no tiene lugar entre los humanos. Y termina de romperse el corazón. Entiende que más allá de todo, su aspecto siempre lo hará un monstruo a los ojos de todos. Y decide existir en concordancia con su reflejo.

Muchas de las cosas del libro no están en la película que hizo James Whale para Universal. La película es una adaptación excepcionalmente libre. Whale era un director que era abiertamente homosexual desde sus inicios en el teatro en los años 20s, y vivia con su pareja, David Lewis. Esto era algo raro en Hollywood: los únicos casos famosos son los de Dorothy Arzner, que vivía con su mujer, Marion Morgan, y Cary Grant con Randolph Scott.

Una de las diferencias entre este Frankenstein y el de Mary Shelley es que el Doctor Frankenstein tiene en la película un ayudante, y ese ayudante y él juntos dan vida al monstruo, que tiene entonces técnicamente dos padres. También, mucho más que en su libro, Frankenstein no busca demasiado la compañía de su novia, prometida, quien es un gran personaje en la novela de Shelley. La película es de 1931, y es de la Universal. En 1930, Universal, que estaba con problemas como todos los estudios después de la crisis, estrena Drácula, con Bela Lugosi, que fue un éxito de taquilla. Y ahí comenzó una serie de películas de monstruos, cada una una saga. El hombre detrás de esto era Carl Leammle Jr. Dentro de esa movida de monstruos eran famosos Bela Logosi y Boris Karloff, entre otros. Quizás el tema de esta película sea en realidad la forma en que Karloff se mueve, su propia versión de lo monstruoso, su presencia. Karloff, que en realidad se llamaba Henry Pratt y eligió ese nombre para producir cierto efecto de exotismo, era inglés, igual que Whale. Karloff, Lugosi, junto con Lon Chaney entre otros le dieron una nueva dimensión al cine de terror, que lo unía con una vieja idea del cine mudo que era el serial, porque el público a la vez quería y temía a estos monstruos y a los humanos que conviven con ellos mes a mes, año a año. Generar un afecto con estos monstruos, en medio de la crisis, y aun hasta después de la guerra. Una forma de ver algo que, supuestamente, no podía verse en la vida real. De asistir, por unas horas a una realidad paralela, fantástica. Una realidad sin lugar para que el monstruo, por lo menos como lo pensó Mary Wollstonecraft, hablara.

En la película esos dos padres tienen que destruir a esa bestia a la que quieren destruir todo el mundo. Los patetismos del Doctor Frankenstein no son tan evidentes como los hace Mary Wollstonecraft: un hombre que, no pudiendo enfrentar la estupidez de sus acciones, provoca una catástrofe detrás de otra que tiene efectos, sobre todo, en la vida y la felicidad de los otros. Un hombre que, descarado y horrible, culpa a jóvenes trabajadoras de cosas que son su responsabilidad. Un intelectual, un burgués terrible, como podrían serlo, quizás, sus compañeros de relatos junto al fuego. Hombres de ciencia y literatura que vivían un poco a sus compañeras, que descuidaban sus úteros, que emprenden travesías marítimas terribles. Hombres que no sabían, quizás, lo que es el encierro, lo que es la otredad y el terror. Hombres que no sabían lo que sabía Mary Shelley, lo que es mirar, casi siempre, como al lenguaje lo trabajan los otros.

La saga de Frankenstein tiene muchas secuelas de cosas que poco tienen que ver con el libro de Mary Shelley, pero cuya monstruosidad y posibilidad si se conversan en el libro: la novia de Frankenstein, el hijo de Frankenstein. Especulaciones entre monstruo y creador para una posible paz, imposible entre alguien que jamás fue humano (el doctor) y alguien que tuvo que renunciar a serlo (el monstruo).

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.