Top Secret! (1984): el día que descubrí la comedia 

En junio pasado se cumplieron 40 años del estreno de Top Secret!, la obra maestra de Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, el memorable trío ZAZ de la comedia norteamericana. Lo que no sé es cuántos años se cumplieron de aquel día en que vi Top Secret! por primera vez (después hubo varias más), en un club de la comunidad italiana al que concurría con mi familia en Mar del Plata (Argentina) allá por los 80’s. Puedo decir a ciencia cierta que aquel día descubrí la comedia. O si no la comedia, sí el sentido del gag, de la construcción de un momento humorístico y de su importancia para la efectividad del chiste. Mi infancia ya contaba en su dieta con dosis de El superagente 86, La pantera rosa, Ton y Jerry y cuanto cartoon más pasaran en la televisión, por lo que está claro que por sobre cualquier otra cosa, yo elegía reírme. Pero mi relación con la comedia cinematográfica se podría decir que se inició ese domingo, en que entré a un salón repleto de adultos que reían a carcajadas con algo que salía de una cosa llamada videocasetera y se proyectaba en un televisor. Recuerdo con nitidez el primer chiste que me capturó y que impidió que me fuera de ahí, uno que tal vez no esté en la lista de los diez más recordados por los fanáticos de Top Secret!: aquel desfile de móviles militares que giraban alrededor de una rotonda pequeña. Primero se ven varios autos girando, el plano se abre y ahí descubrimos que se trataba de los mismos cuatro o cinco vehículos que giraban en círculo. No entendía muy bien qué pasaba, no comprendía las reglas de la comedia que normalizan el absurdo hasta volverlo algo lógico, pero las imágenes eran graciosas y la risa de la multitud era contagiosa. Para más detalles: entre esos italianos había algunos (incluido mi viejo) que habían vivido los horrores de la Segunda Guerra Mundial, por lo que la parodia de aquellas películas bélicas era también una forma de exorcizar el dolor. Así es el humor.

Cuarenta años, decíamos, de Top Secret! La película con la que Abrahams y los hermanos Zucker se dieron varios gustos fue un moderado éxito de taquilla, aunque les sirvió a los directores para sobreponerse al fracaso -más de producción que artístico- que resultó una serie televisiva llamada Police Squad! con un tal Leslie Nielsen, concepto que luego retomarían en la exitosísima La pistola desnuda (The Naked Gun). Los ZAZ habían estrenado antes la muy exitosa ¿Y dónde está el piloto? (Airplane!), que los mostró con un pulso inigualable para la parodia, el humor físico y los gags verbales plagados de juegos de palabras divertidísimos: seguramente recordarán el “I am serious... and don’t call me Shirley”. Ese estilo es el que depurarían película a película, aunque Top Secret! sigue luciendo como la más sofisticada de toda su filmografía. ¿Por qué? Porque a lo ya mencionado, le sumaron un trabajo de puesta en escena que en determinadas secuencias era el chiste en sí, verbigracia la notable escena en la librería protagonizada por Peter Cushing que fue rodada en sentido inverso o la pelea bajo al agua al estilo western o el famoso chiste del teléfono que parece gigante por el primer plano pero es en verdad de dimensiones gigantescas o la compactación del vehículo con Omar Sharif en su interior y la toma de medidas para hacerle un smoking al protagonista, todo visto en un segundo plano. Y podríamos seguir citando, porque incluso a cuarenta años del estreno, todavía podemos descubrir chistes ocultos en algún rincón del plano ya que las comedias del trío ZAZ aprovechaban todo el espacio de la pantalla para construir alguna instancia humorística. Por eso, se dice, que no funcionaron en la televisión de la misma manera que lo hicieron en el cine. Con ¿Y dónde está el piloto?, Top Secret! y La pistola desnuda reinaron en la comedia cinematográfica norteamericana de los 80’s, una década en la que el género produjo una usina incontable de grandes comedias, incluso en su cruce con otros géneros como el romance, sumándole además una generación de enormes comediantes.

Cuando pensamos en esas escenas hilarantes también descubrimos una forma de entender la comedia por la vía del absurdo, que en Top Secret! alcanzó la cima de la creatividad de los ZAZ. Si ¿Y dónde está el piloto? y La pistola desnuda están plagadas de grandes chistes, cada situación se apega decididamente al universo de cada película: ningún chiste excede los límites de las películas catástrofe en el aire en ¿Y dónde está piloto? y ningún chiste excede los límites del policial en La pistola desnuda. Sin embargo en Top Secret! el territorio que transitan los personajes es tan amplio, aunque parezca ceñirse exclusivamente al cine bélico, que la parodia alcanza desde la sutileza de la sátira genérica a la más directa revisión de un film cercano como La laguna azul, algo que luego se acercaría a la pereza y la defunción de la comedia paródica representada en la saga Scary Movie (que, de hecho, David Zucker mejoró un poco a partir de la tercera entrega). Porque cómo llegamos a la secuencia de western bajo el agua o a rodar toda una secuencia en sentido inverso o a pensar que un bibliotecario tiene un ojo gigante pero no por el efecto de una lupa o a que lo que se mueva sea la estación de trenes y no el tren. Top Secret! fue entonces el recipiente que encontraron los ZAZ para depositar una serie de ideas tan absurdas como delirantes, demostrando además cómo la comedia del pasado se pensaba mucho más desde la puesta en escena que desde la verborragia de los protagonistas. Tal vez fue la última década en la que la comedia se animó a eso, a que los personajes interactúen con los objetos y las formas del cine, algo que encuentra en las comedias de Mike Myers tal vez a su único heredero.

En esa licuadora de ideas sumamente cómicas que resulta la película no podemos dejar de pensar, tampoco, que su origen está vinculado con mezclar las películas bélicas sobre la Segunda Guerra Mundial, que tanto les gustaban a los Zucker y Abrahams, con los films de Elvis Presley, una combinación en sí misma imposible. El cantante Nick Rivers (una actuación cómica maravillosa de Val Kilmer, que el actor nunca se animó a repetir) es un émulo de Elvis, sí, pero también un poco de la música de los Beach Boys, como lo deja ver la excelente Skeet Surfing que abre el film, con chicos y chicas en malla y disfrutando del sol, la playa y el tiro al blanco. Si decíamos que varios chistes estaban pensados a partir de una apuesta por expandir los límites de lo esperado, cada número musical es una demostración de esa vocación rupturista que tiene Top Secret!, casi casi una comedia musical (la banda sonora producida por Mike Moran es una delicia). Seguramente todos recuerden el número de la pizzería con Straighten out the rug (y el hilarante “Este no es Mel Tormé”), o la histérica balada Spend this night with me, o la forma en que Rivers pone a volar una orquesta de viejos con el rock Tutti Fruti en una escena que parece anticipar lo que pasaría un año después con un tal Marty McFly ejecutando Johnny B. Goode en Volver al futuro (Back to the future).

Podríamos hablar horas y horas de Top Secret!, revisar cada minuto (o cada centímetro de cada plano) y encontrar nuevos chistes que nos obliguen a revisitarla cada tanto. Aunque seguramente lo más destacado del trío ZAZ sea haber hecho comedias tan queridas, tan populares y -a la vez- tan invisibilizadas por los intelectuales y las grandes listas de la historia del cine. Hasta en eso los ZAZ saben dónde ubicarse.

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