La vuelta de Russell T. Davies en Doctor Who marcó una nueva etapa en la franquicia. Desde el inicio de la serie moderna en 2005 y luego de 14 años sin ser showrunner de esta, volvió a tomar el mando, tal como lo había hecho en su momento con Christopher Eccleston y luego con David Tennant.
En ese sentido, si bien entre la última vez que había estado en esa posición y ahora hubo tres doctores interpretados por Matt Smith, Peter Capaldi y Jodie Whitaker, se puede establecer una continuidad directa entre el Doctor de David Tennant y el de Ncuti Gatwa.
Entre ellos se tiende un puente que tienen en común el carisma y cierta gestualidad efusiva. No por nada, y como gran excepción, no hubo una reencarnación de la Doctora interpretada por Whitaker, sino que en el medio regresó el mismísimo Tennant en lo que fueron tres especiales co-protagonizados por su companion, interpretada por Catherine Tate.

Un elemento esencial de Doctor Who tiene que ver con la capacidad para ofrecer historias de todos los géneros, en todos los tiempos y espacios posibles. Que el protagonista regenerara su rostro ante su inminente muerte, y que posea una nave espacial-máquina del tiempo con forma de cabina telefónica londinense, la Tardis, es una idea sumamente ingeniosa, y es parte de la razón de por qué esta serie se mantuvo con vida durante tanto tiempo.
Davies aprovechó su regreso para sacarse un gusto, y volver a formar el equipo con Tennant y Tate en los especiales que sirven como puente entre la temporada anterior y esta. Así, viven diversas aventuras, algunas en un tono más cómico y absurdo, como el del Meep y su objetivo de conquistar la Tierra, y otras más ligadas al terror o lo siniestro, como el de la vacía nave espacial al fin del universo y su combate contra extraños seres que pueden adquirir sus formas, o la batalla contra el Juguetero, una poderosa entidad.
La idea de que el nuevo Doctor surja del cuerpo del viejo, el cual se parte a la mitad (en vez de reemplazarlo de forma completa como sucedía antes) es también una muestra de que las leyes de este universo, su lore, son bastantes flexibles, y cada nuevo showrunner puede jugar con ellas de las más variadas formas.

La temporada con Ncuti Gatwa en el papel protagónico tiene su inicio oficial con “The Church on Ruby Road”, un especial de Navidad. Está hilada principalmente por dos temas: el misterio detrás de la adopción de Ruby Sunday y la aparición de diferentes dioses que se alzan como enemigos supremos.
La sinergia que se forma entre el Doctor y Ruby funciona muy bien. Es un soplo de aire fresco en la serie y hace acordar en muchos aspectos al que poseían el Doctor de Tennant y Rose.
Los capítulos que más se destacan en la temporada son en mi opinión “The Devil's Chord”, “Boom” y “Yards”. “Space Babies” se cae por sí sola a causa de su ridiculez —una estación espacial a cargo de bebés cuya boca se mueve por CGI— mientras que otros como “Dot and Bubble”, “Rogue” o los últimos dos de la temporada cumplen entreteniendo.

“Dot and Bubble” es un episodio divertido de ciencia ficción que peca un poco de ser demasiado explícito en cuanto al mensaje: mucho tiempo en tu celular, o “burbuja”, y podés resultar muerto o por lo menos, incapacitado para hacer mucho. Mientras que “Rogue” es una propuesta divertida, a todas voces un acercamiento a cierta ficción ambientada en el siglo XVIII con aires a Austen, pero con tonos anacrónicos a lo Bridgerton. En este último resalta la química del primer interés romántico de este Doctor, en este caso en la carne de Jonathan Groff, exintegrante de Glee.
El casting especial dedicado a esta temporada no se queda atrás con la aparición de la drag queen Jinkx Monsoon en “The Devil's Chord”. Y la ganadora de la quinta temporada de RuPaul’s Drag Race no podría interpretar a otro personaje que no fuera igual de excéntrico y musical que El maestro, una especie de deidad que se alimenta de toda la música del mundo.
La ambientación de este capítulo es acorde a su espíritu: los años sesenta, en pleno momento beatle. Y si bien las interpretaciones y las canciones están lejos de ser los Fab Four, sí emanan un cierto espíritu. El número musical que cierra el capítulo es uno emotivo y que inevitablemente saca una sonrisa.

“Boom” es una de esas oportunidades en que con muy pocos recursos se puede lograr mucho. Pocos actores y poco más de una sola locación conforman este capítulo de ciencia ficción más dura que tiene lugar en un planeta devastado por una guerra sin sentido.
La crítica antibélica y antidogmática se mezcla con una trama en constante tensión, al estar el Doctor parado sobre una mina, la cual puede explotar en cualquier momento. A esto se le añade el drama familiar, el cual consiste en una niña huérfana de su padre debido a la guerra, y en la inteligencia artificial en la que este se transforma, clave para la conclusión del conflicto.
Al final, en un giro inteligente de los acontecimientos, la guerra nunca fue contra otra civilización, sino que fue producto de una empresa que vende tecnología armamentística. Lo bélico es tan puesto en duda como el más obtuso dogma religioso, ya que se revela cómo este fue en gran parte motivador del conflicLa tensito.

“Yards” es muy similar en espíritu a cierto capítulo de Star Trek The Next Generation, “The Inner Light”, un episodio en donde transcurre toda una vida. Desde el aterrizaje con la Tardis en Wales, Ruby experimenta la soledad con la desaparición del Doctor y la extrañeza con la ubicua presencia de una anciana que la saluda a la distancia, a exactamente 73 yardas.
Pasa su vida entera primero intentando identificarla, y luego habiendo creído encontrar su objetivo: derrotar al Primer Ministro Roger ap Gwilliam antes de que lance misiles nucleares. Si bien es un tanto ambiguo su final en cuanto a cómo hizo Ruby para volver a la normalidad, el clima siniestro y en tensión del capítulo lo vuelven de lo mejor de la temporada.
La conclusión de la temporada es acorde al tono clásico en Doctor Who, al combatir nuevamente contra una poderosa deidad. En mi opinión perdió un poco de fuerza, en contraste con los anteriores, pero se sostiene como un emotivo final.

El arco de la adopción de Ruby se cierra con el descubrimiento de su madre biológica, aunque el misterio de por qué nieva no se desvela. En mi opinión merecía continuar como companion por más temporadas, pero tal vez el espíritu de esta nueva etapa con Gawat sea tener una nueva por cada temporada. Habrá que ver cómo continúa.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 26 de julio del 2024, 6.30 PM | UTC-GMT -3.
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