Cuando me preguntan sobre grandes películas de los últimos tiempos, casi instantáneamente se me viene a la cabeza la ópera prima de Charlotte Wells: “Aftersun” está destinada desde su estreno en 2022 a ser recordada por siempre como una de las películas que mejor reflejó la depresión masculina en la adultez, y que tiempo después descubrimos que estaba basada en la propia vivencia de la directora.
Todavía recuerdo la sensación durante y después de ver “Aftersun”. No entendía bien qué estaba pasando porque aborda tantos temas personales y duros de una forma tan brillante que asusta. Es impresionante creer que esta fue la primera película de Charlotte Wells por su impresionante ejecución: no le falta nada. Y es que esta historia se siente muy personal desde el primer visionado y no es para menos: está basada en el propio viaje que hizo con su padre a Turquía en los 90s.
Gracias a este homenaje, la película puede interpelar a cualquier persona y a cada quien le impactará de diferentes maneras, porque ahonda en temas muy crudos como la depresión (y las dos caras que tiene), la niñez, la adultez y las relaciones familiares. Wells es tan inteligente al abordarlos que no lo hace abruptamente sino que cocina la historia muy lento y todo va pasando de a poco, sin embargo al mismo tiempo, está pasando mucho y te juro, lo sentís. Te tiene atento todo el tiempo porque hay una extraña sensación de “algo está por pasar”.

Su manera de mostrar estos temas es a través de varios elementos. Primero en principal algo básico como las paletas de colores: podemos identificar las cálidas y las frías relacionadas a los diferentes momentos y personajes. Calum (Paul Mescal) aparece muchas veces con azules o colores desatinados, mientras que muchos de los momentos con su hija Sophie (Frankie Corio), son más cálidos. También lo hace con ciertos planos como el contrapicado hacia él, demostrando tensión constante. Pero, sobre todas las cosas, los diálogos y flashbacks son vitales para entender aún más la historia.
Lo más interesante que me sigue pareciendo de “Aftersun” es la mirada que tiene: no olvidemos que nos ponemos en el lugar de una pequeña niña y sus recuerdos de, quizás, la última vez que vio a su padre. Entonces la película nos deja muchísimas preguntas (al igual que a ella). Esto me parece muy importante a la hora de ver, volver a ver o analizar la cinta porque avanzamos en la historia al igual que ella, y tenemos la misma sensación de angustia y tristeza.

Por otro lado, hay que destacar sí o sí a los protagonistas: Paul Mescal y Frankie Corio. Si nosotros como espectadores creemos y nos sentimos parte de la historia es gracias a la química entre ellos, y su cariño genuino. Se sabe que el actor habló con los padres de la joven actriz y la “adoptó” durante el rodaje como si realmente fuera su padre; incluso vimos en redes sociales momentos de ternura entre ambos. Esto se trasladó a la pantalla y se nota.
“Aftersun” está destinada a ser recordada por siempre como una de las cintas que con más crudeza han representando lo que es la salud mental y la doble cara de un padre que haría todo por hacer feliz a su pequeña hija aunque por dentro esté desarmándose.
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