La Trampa: Lo bueno, lo malo y lo feo de la nueva película de M. Night Shyamalan 

¿Todavía quedó algo de aquella versión de M.Night Shyamalan que dejó sin palabras a la crítica con la brillante y retorcida Sexto Sentido? Para muchos de sus fanáticos el director indio perdió el rumbo de las buenas historias a pesar de seguir convocando a la sala de cine, mientras que para otros cinéfilos se trata de un sujeto enigmático con ideas arriesgadas que terminan siendo películas absurdas que se desinflan conforme avanza la trama. A pesar de los altibajos Shyamalan baraja de nuevo y presenta La Trampa, una película que arranca increíble y se cae a pedazos en su acto final.

La Trampa le da una vuelta de tuerca al subgénero de los asesinos en serie en una historia donde un padre, aparentemente modelo, acude a un concierto con su hija. Sin embargo, el espectáculo se convierte en una trampa para capturarle, ya que este padre encarnado por Josh Harnett tiene una doble vida como asesino serial. En su primera hora, la cinta se desarrolla como una película de misterio hecha y derecha, con buenísimos homenajes al estilo que manejó a la perfección Alfred Hitchcock en sus películas -donde el espectador está un paso más adelante que los personajes y la trama es una mamushka de sorpresas y giros que lo mantienen atrapado a la butaca- y una construcción tridimensional del villano/protagonista encarnado por Josh Hartnett (en un regreso triunfal al cine a nivel interpretativo) como un psicópata capaz de hacer lo inimaginable para burlar al FBI. En la película, el asesino en serie, conocido como 'El carnicero', acude a un concierto real de una artista y diva del pop real del universo de la cinta. Los fans que disfrutan del espectáculo también son reales, pero la policía se está haciendo pasar por personal del recinto, guardias de seguridad, limpiadores, vendedores para poder atraparlo.

El hilo de suspenso que logra mantenerse mientras el protagonista está tratando de salir de “la trampa”, se diluye en el último acto cuando (SPOILER ALERT) finalmente consigue salirse con la suya y escapar del estadio. Es en el acto final que La Trampa se desploma y la cadena de situaciones inverosímiles que se suceden abandonan el campo del terror para ingresar al de la parodia absurda, cambiando por completo el tono del filme y convirtiendo lo francamente bueno en desechable. Una tristeza para los cinéfilos de raza, que ansían desde hace años un filme uniforme de Shyamalan, quien tiene serios problemas para cerrar sus historias de forma competente y en consonancia con las sólidas y rebuscadas tramas de misterio que salen de su mente. En los últimos años lo logró -con tibieza- en La visita y La reunión del diablo, dos películas que recuperan algo de la magia y el juego de sorpresas que el director indio supo cultivar en sus inicios.

Desgraciadamente, La Trampa es otro de los caprichos de Shyamalan que salieron mal y a pesar de la buenas intenciones, hasta sus fundamentalistas harán el análisis preciso: la película se desgasta en su mejor momento y no hay revelación final -un clásico de la firma- que alcance ante la desazón de estar viendo como lo bueno se tiró por la borda en un desenlace terrible. En criollo: es una trampa de humo.

  • La Trampa. Opinión: Regular.
  • Dirección: M. Night Shyamalan.
  • Elenco: Josh Hartnett, Ariel Donoghue, Shaleka Shyamalan, Alison Pill.

La increíble pero cierta historia real en la que se inspiró La Trampa

Aunque la idea de la película parezca algo surrealista, la verdad es que La Trampa está inspirada en hechos reales que acontecieron en una operación especial que el FBI desarrolló en 1985 y que de tan fantástica se convirtió en documental y, posteriomente, en la fuente de inspiración de M.Night Shyamalan. Hace ya casi cuatro décadas, los servicios secretos de Estados Unidos pusieron en marcha la conocida como Operación Flagship, un operativo que consistia en ofrecerle a más de 3.000 criminales fugados de la justicia entradas para un partido de la NFL con la esperanza de capturarlos.

Los individuos solo debian presentarse en las oficinas de una cadena de televisión falsa para reclamar sus tickets y, posteriormente y sin saberlo, ser detenidos. A estas oficinas generales de la "cadena" se presentaron finalmente alrededor de 120 personas que fueron capturadas, algo que, según confesó o el propio Shyamalan en una entrevista a BBC News, parece irreal pero se quedó grabado en su memoria. "Escuché esto cuando era niño y me pareció totalmente absurdo que algo así pudiera llegar a pasar. Fue algo que se me quedó grabado cuando ocurrió. Eran criminales de verdad, FBI y policía real. Se vistieron como mascotas y animadoras y estaban bailando alrededor de ellos, haciendo un show. Puede que ahora no se pueda hacer nada así, pero en ese momento estaban literalmente de fiesta con ellos. Era como: 'Vengan a esta habitación'. Y se aseguraron de que era la gente a la que buscaban y les sueltan. 'Están todos detenidos", explicó el director sobre el impacto que causó en él la historia que escuchó cuando era niño y lo alucinó al punto de jamás olvidarla y años después desempolvarla con fines artísticos.

En la operación de 1985 se ofrecieron entradas para un partido real de fútbol americano que enfrentaba a los Washington Redskins contra los Cincinnati Bengals. El partido sí que formaba parte del calendario de la liga. otorgando asi un realismo clave para poder llevar a cabo el singular dispositivo. Los criminales acudieron al sitio y, cuando estaban en una sala ambientada con el partido y con oficiales disfrazados para hacerlo parecer verídico, la policía procedió a destapar su coartada para detenerlos. Los Marshals de los Estados Unidos habían señalado a los fugitivos que querían, mandándoles las invitaciones bajo la excusa de que habían sido seleccionados de manera aleatoria a partir de una lista de residentes de Washington DC para ganar dos entradas a un partido. Esta competición comenzaba a la 1 de la tarde, y los presuntos ganadores debían acudir a la cadena por la mañana para recoger las entradas. El ambiente festivo era una parte importante de la operación, ya que se suponía que los ganadores viajarian juntos, cortesía de la televisión, directamente al estadio. Los fugitivos llegaron al sitio pensando que realmente era un plató televisivo. Algunas agentes femeninas se vistieron de animadoras y se acercaban físicamente a los criminales, simulando un gesto de cariño, cuando realmente les estaban cacheando.

El éxito del plan se atribuyó también al uso de la psicología inversa. Los criminales se presentaron con sus documentos de identidad ya que les informaron que, si no acudían, les darían el premio a otra persona, pero ninguno de los criminales quiso perder su privilegio y menos que lo disfrutase otro. Una vez fueron arrestados, los fugitivos se mostraron confusos, e incluso algunos de ellos, después de darse cuenta de lo que estaba ocurriendo preguntaron si iban a ir al partido igualmente. En 2016 se estrenó un documental contando esta insólita pero real operación policial en la que se inspira el nuevo filme de terror del director de Sexto Sentido.

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