Análisis del cine de Tim Burton: Un director que le da voz a los incomprendidos 

Existen muchos directores con estilo propio, pero ninguno como Tim Burton. Con una carrera artística de más de cuarenta años, el cineasta llegó a la cima a inicios de los noventa cuando se convirtió en la voz de los incomprendidos. Con personajes marginados, inspirados en él mismo, y una ambientación peculiar que hacía ver como si todas sus películas sucedían en un mismo universo, el director se ganó el cariño de un sector muy amplio del público: aquellos que, al igual que él, se sentían al margen de la sociedad pero encontraban en sus películas un refugio.

Beetlejuice (1988), su segundo largometraje, fijó las bases para cimentar una carrera plagada de éxitos. Treinta y seis años después, llega Beetlejuice 2. En esta ocasión el director ha reunido a dos de sus musas (Winona Ryder y Jenna Ortega), y probablemente arrastrará a las salas a dos generaciones también, aquellas que han crecido con su cine. Debido a la ocasión, analizamos su estilo y veremos por qué el público conecta tanto con el cine de Tim Burton.

Tim Burton, el primer marginado

Los marginados, incomprendidos, irreverentes, raros o como quieran llamarles, han sido retratados muchas veces en el cine. Pero nadie lo ha hecho como Tim Burton.

Él mismo se considera uno de ellos, y esa percepción personal ha marcado el estilo de todos y cada uno de sus personajes.

Burton nació el 25 de agosto de 1958 en Burbank, California. Sí, en la misma ciudad donde quedan las oficinas de Disney. Su padre fue un jugador de béisbol de ligas menores que trabajaba para el Departamento de Parques y Recreaciones de Burbank, y su madre era dueña de una pequeña tienda de regalos temáticos de gatos. Aunque la descripción de su familia parezca digna de película, en reiteradas ocasiones Burton los ha descrito como “emocionalmente distantes” y por eso al crecer se sentía constantemente “aislado”.

Mientras estudiaba fue víctima de acoso, no tenía casi amigos y pasaba gran parte de su tiempo libre en el cementerio que quedaba al lado de su casa, leyendo a Edgar Allan Poe, jugando con su perro y, obviamente, viendo películas.

Cuando tenía doce años, Burton se fue a vivir con su abuela y añadió otro pasatiempo a su lista: rodar cortometrajes de 8 mm en el jardín de su casa. A los dieciséis años, Burton ya se había independizado, vivía solo en un apartamento y empezó a trabajar para pagar sus estudios en CalArts, la universidad de artes visuales y escénicas de California. Con un poco de suerte, su cortometraje Stalk Of The Celery Monster capturó la atención de la división de animación de Walt Disney Productions, y le ofrecieron una plaza como aprendiz.

El primer cortometraje que rodó para Disney fue Vincent (1982), duraba seis minutos y estaba inspirado en un poema que Burton escribió sobre un niño que fantaseaba con ser su Vincent Price (quien narró el corto), héroe personal del director. Posteriormente, Burton dirigió un segundo cortometraje Frankenweenie (1984), el cual iba sobre un niño que devuelve la vida a su querido perro utilizando la ciencia y la electricidad; una peculiar reinvención de Frankenstein. En ambos cortos, Burton se inspiró en experiencias personales, algo que se volvería habitual en sus películas.

La belleza de lo incomprendido

De hecho, no es que la vida del director se parezca a sus películas, sus películas se parecen mucho a su propia vida.

A lo largo de cuatro décadas de carrera artística, Tim Burton no ha dejado de ser fiel a su propio estilo. En algunos filmes lo vemos más arraigado a este que en otros, pero las principales características siempre están allí presentes, como la personalidad de sus protagonistas.

Por ejemplo, con Beetlejuice (1988), su segundo largometraje, reafirmó su estilo característico. Fue su primer gran éxito entre el público y al ver que su peculiaridad caló entre la audiencia, no hubo vuelta atrás. En esta película vemos a Lydia Deetz (Winona Ryder), una adolescente gótica que prefiere comunicarse con los fantasmas que vivían en su casa que con su propia familia, de la cual se sentía más distanciada.

Burton, quien ha dicho que de niño estaba “obsesionado con la muerte” hizo de esta un tema recurrente en sus películas. Pero consiguió hacerlo de una forma que resultara tenebrosa pero no aterradora. Esto se debe a que sus personajes reflejan lo que pueden experimentar aquellos que se sienten “fuera de lugar” pero al haber experimentado esa sensación por muchos años, Burton les da humanidad.

De hecho, vemos cómo en cada uno de estos personajes, eso que los hace raros es exactamente lo que los hace únicos. Burton convierte la rareza de sus personajes en su principal atractivo. El mensaje del director es invitar a los espectadores a abrazar sus singularidades de la misma forma en que él lo hizo. Un gran ejemplo es Edward Manostijeras, donde la habilidad de Edward para utilizar sus manos le otorgaba habilidades que otros no poseían. En Beetlejuice, la capacidad de Lydia para interactuar con fantasmas le hizo encontrar a Adam y Barbara, una imagen familiar más cariñosa que la que ya conocía.

Burton creó un estilo artístico inspirado por la extrañeza y los outsiders. Incluso las dos películas que ha rodado basadas en personajes reales (Ed Wood y Big eyes) tienen en común que estos poseen inquietudes artísticas, una pasión desenfrenada por lo que hacen y aún así son vilipendiados por aquellos a su alrededor. Sin embargo, esa misma pasión y valentía por lo que hacen, se ve compensada al final del día.

También tiene sentido que entre el amplio mundo de superhéroes, Burton (quien no es fanático de los cómics) haya decidido dirigir las películas de Batman porque en esencia es un personaje más oscuro que escapa del molde del típico superhéroe; sin mencionar que ciudad Gótica encaja muy bien con su estilo. Tampoco fue sorpresa que entre todos los live-action de Disney, el director se haya inclinado por dirigir Dumbo, un personaje que es menospreciado por los demás por su apariencia física, pero que al final su rareza es su principal fortaleza.

El mundo de Tim Burton, un refugio en el cine

Visualmente, la estética de sus películas también es muy distintiva. Y una vez más se percibe la influencia de haber pasado horas en un cementerio durante su infancia . De hecho, Tim Burton es uno de esos pocos directores con los que puedes saber que estás viendo una película de él sin leer su nombre en los créditos de inicio (otro sería Wes Anderson o Woody Allen, por ejemplo). Hay características presentes que lo hacen muy obvio, como diseños góticos y hasta cierto punto retro-futuristas. También el excesivo uso de negros, combinados con todos pálidos en contraste.

A nivel físico sus personajes también son muy reconocibles: piel excesivamente blanca, ojos grandes y expresivos, ojeras y aspecto espeluznante. Esto nos hace saber que el mundo que vemos sus películas es una versión propia, donde los marginados pueden ser los protagonistas de sus propias historias, gracias a eso que los hace únicos.

El universo cinematográfico de Tim Burton es oscuro, a veces un tanto tétrico, y aún así optimista. El director, a través de sus trabajos, proporciona a miles de espectadores un sentimiento de familiaridad y autenticidad. Puede que su filmografía contenga aciertos y desaciertos pero es el único director que ha sabido trasmitir un gran mensaje: Está bien sentirse diferente.

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