El genio detrás de la máscara

Se sabe. De Batman: The Animated Series (1992-1995) no pueden decirse más que maravillas. Y vista a la distancia, su excelencia aumenta. Bruce Timm logró pautar un antes y un después en la mitología del héroe de DC. Nada fácil. ¿Cuántos pueden decir lo mismo, en relación a un personaje como Batman? Timm aportó elementos de valía insoslayable al mundo del hombre murciélago; no solo en cuanto a una caracterización gráfica indeleble sino en relación a personajes e historias. Harley Quinn -creación de Timm junto al inmenso Paul Dini- es uno de los aportes notables de aquella serie; y son también del tándem Dini/Timm las páginas de Mad Love (1994), uno de esos comics que todo seguidor de Batman debe leer y tener.
El propio Bruce Timm supo señalar que una de las referencias a emular en Batman: The Animated Series fueron los 17 episodios del Superman de Max & Dave Fleischer, realizados entre 1941 y 1943. No solo en cuanto a concepto estético -de fisonomía gráfica y gracia animada distintivas- sino en relación a la puesta en escena: el Batman animado debía entenderse, así como hicieron los Fleischer con Superman, como episodios que funcionaran a la manera de “mini-films”. La categoría es rara y notable: si bien se trata de cortometrajes, el desafío era entenderlos como largos “condensados”, capaces de contener en apenas algo más de 20 minutos el mundo denso y atractivo de todo buen film.
El resultado fue ejemplar. Batman: The Animated Series alcanzó las cuatro temporadas, y cimentó un concepto gráfico que el propio Timm replicó hacia el Universo DC, a través de Superman y Justice League. En conjunto, su obra significa uno de los logros mayúsculos dentro de la animación de superhéroes. Fue tan efectiva la propuesta, que no hubo animación posterior dentro del género que no tomara, de una u otra manera, algo del Batman de Timm: sintético, elegante, minimalista y sofisticado; con unos fondos y uso de colores que merecen un estudio particular.
Dicho esto, y habiendo ya sucedido otras series (y largometrajes) con mayor o menor tino dentro del universo animado de Batman, aquellas temporadas continúan imbatibles. Si alguna duda quedaba, quedó disipada con el estreno de Batman: Caped Crusader, 8 episodios en donde Bruce Timm devuelve a Batman al mejor mundo animado: legendario, melancólico, y no menos aventurero.
Detective oscuro

El estreno de Batman: Caped Crusader rubrica el talento de Bruce Timm, acompañado en producción por nombres de peso como Matt Reeves y J.J. Abrams. Pero sobre todo, habrá que prestar atención a quienes hacen lo suyo desde la creación gráfica y argumental. En este último rubro destaca Ed Bruebaker, cuya sabiduría devuelve el mito de Batman a las calles sórdidas del noir.
El costado noir ya estaba en el concepto original de Timm, y aquí aparece de manera mayor, fundante, en la apelación al Batman de los primeros cómics pergeñados por Bob Kane y Bill Finger. El “nuevo” Batman de Timm oficia como una relectura de origen, que apela a los aspectos que hicieron posibles al personaje y que son, en última instancia, los que hacen que todavía perdure. En este sentido, el género negro -desde la literatura, el cine y el cómic- es consustancial al mundo de Batman. De algún modo, el personaje que supo mixturar al Zorro con La Sombra, hizo lo propio a través del tamiz noir que el cine de la época ya ponía en imágenes, herederas del hálito expresionista de una Alemania en guerra, entre exilios y crímenes. La debacle de los años ’30 en Estados Unidos tuvo también su espesor. Y el genio de los dibujantes -entre los cuales Kane, como se sabe, supo sacar mayor crédito sin ser el más dotado- articuló tales cuestiones en un mundo de sombras rimbombantes, en donde un bufón sonriente de nombre Joker dialogaba con el rostro sufrido de Conrad Veidt en El hombre que ríe (1928) de Paul Leni, y otros villanos delirantes como Penguin, Catwoman y Dos Caras, reformulaban la galería gráfica de Chester Gould en Dick Tracy. El tamiz quebradizo y alucinado que aportaría Orson Welles en Citizen Kane (1941) sería también absorbido por el team gráfico.
En Caped Crusader, Batman vuelve a las fuentes y de modo violento. Lo hace de un modo un tanto fronterizo: no mata, pero no duda en escudarse con el cuerpo de algún matón. Y no dudará en disparar, aun cuando el blanco nunca sea la vida del otro. De algún modo, Timm logra resituar a Batman en estos tiempos, y de un modo tecnológicamente anacrónico; así como en las Animated Series de antaño, así como Tim Burton con sus dos films. Este Batman goza de una tecnología envidiable y retro, una suerte de Dick Tracy con capa -hay más de un guiño a la obra maestra de Gould- cuyos gadgets y genio científico contrastan con su entorno social, mientras avizora el mundo tecnologizado.
Batman, además, vuelve a ser un peleador callejero. Usa guantes cortos, como en el cómic de origen. Y tiene un disfraz tan creíble como el que le hacen usar Frank Miller y David Mazzucchelli en Year One. Justamente, la selección de personajes por parte de los episodios remite a varias de las mejores obras y etapas de la historia de Batman, pero enmarcados en aquel primer momento, en donde Robin no existe (y tampoco queda claro si existirá, más allá de un espléndido episodio donde podría suceder) y Batman se dirige a Alfred por su apellido.
El gesto es eficaz, marca una distancia, apenas una de las muchas decisiones que este Batman animado propone, junto a otras que evidencian un vuelo realmente disfrutable: desde cambios de sexo a caracterologías distintas, y sin perder de vista que nadie está exento de recibir una bala mortal. Nadie. Así como en Dick Tracy.
La sonrisa prometida

Lo más importante, es que en esta nueva propuesta, se (re)construye el mismo mundo conocido, porque ¿cómo y por qué cambiar a Ciudad Gótica y su galería de freaks? No tendría sentido. En todo caso, lo que Timm y equipo ensayan es un maquillaje diferente, que cubre de otra manera lo que anida y no debe ser alterado. Es el secreto de lo que se sabe funciona. Batman continúa como el paladín oscuro que sale de su castillo, loco como está y disfrazado como un murciélago, para trompear pero nunca saldar el dolor por la muerte de sus padres. Es eso y será siempre eso. Un psicópata, apenas más cuerdo o menos loco que los delirantes a quienes persigue.
En ese devenir, enfrenta los dilemas de una ciudad que se concibe desde un sostén corrupto, en donde prima el dinero y el crimen está a la orden del día. Policía y políticos venales, dedicados a sostener un statu quo podrido, al que Batman de alguna manera respeta mientras arregla o cambia los fusibles rotos. Y por fuera de la ley. O también, ¿qué es la ley para alguien como Batman? Por allí transcurre esta serie espléndida, con guiones inspirados en los mejores claroscuros de la narrativa noir, y una animación que encuentra un correlato preciso entre los movimientos clásicos -Batman es y será clásico- y los detalles resueltos desde la pericia digital. Una primera temporada cuyos tópicos se corresponden con el de las series actuales, augurando más episodios con nuevas aventuras para el encapotado; y en donde todo será como debe ser pero contado de otra manera. ¿Y el Joker? Hay que ver la serie.
Así es como destacan los grandes narradores. Bruce Timm es uno de ellos.
Leandro Arteaga



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