Longlegs tuvo una exquisita campaña de marketing, tal vez la mejor en años. Los posters sugestivos, los carteles en la calle con un número al que podías llamar, mensajes en código publicados en los diarios. Con eso queda claro, como ocurrió con El niño y la garza (cuya campaña fue no hacer campaña) a principios de este año: cuanto menos se dice, mejor.
Sin esa misma publicidad, no hubiésemos estado esperando tan ansiosamente la película ni se estaría hablando tanto de ella. Probablemente sería una más del promedio de películas de terror del año. Y es que gran parte de la obra no está a la altura de las expectativas.
El primer acto es sólido y atrapante, con una secuencia inicial que envuelve al espectador. La aparición de Nicolas Cage como Longlegs es realmente aterradora, así como toda la atmósfera posterior de Maika Monroe como la joven agente del FBI con poderes psíquicos, al seleccionar la casa de un probable asesino en una de sus primeras misiones.

Luego, el primer vistazo al caso de Longlegs, sus familias asesinadas, todo el clima frío y desolador de un pueblo de Estados Unidos con sus enormes casas expuestas y desprotegidas ante cualquiera que esté al acecho. Nadie está seguro en esta obra, y la dirección, el sonido, la fotografía, la música y la interpretación de Monroe lo transmiten: planos fijos y generales de la casa, primeros planos de ella con la profundidad de campo a la vista, como si cualquier cosa fuera a aparecer; un ritmo sonoro que se conjuga con la imagen para tensionar y asustar de manera efectiva.
Además, las vibras de todo el inicio retrotraen a grandes obras del género, y de las que seguramente Oz Perkins tomó inspiración: los mensajes en código como en Zodiac, las alusiones bíblicas (y la temprana captura del asesinato) como en Seven, la policía que está conectada de alguna forma con el victimario y que lo termina enfrentando, como en El silencio de los inocentes.
Por otro lado, el juego con el “aspect ratio”, el cual está por momentos en un 4:3 con puntas redondeadas (como muchas filmaciones caseras de época) cuando son momentos de flashbacks a una pantalla de 16:9 cuando es el presente, es una búsqueda interesante.

Pero todo el potencial de esa magnífica construcción se va diluyendo a medida que transcurre la película. El mensaje en código se deduce en casi un instante, sin mucho desarrollo; no se ahonda más en los poderes psíquicos de Lee Harker; y por sobre todo, aparecen en escena tropos del terror utilizados hasta el cansancio y que hacen dar un giro a la película, saltando a un tono muy diferente del planteado al comienzo. Por momentos, no se sabe si quiere ser el thriller policial del inicio o una obra sobrenatural de posesiones, no se sabe si quiere generar risa o incomodar; en cualquier caso, no combina los tonos de forma armoniosa.
La trama pasa a tener un nivel de exposición alto, lo que la hace perder su nivel de inteligencia y sugestión planteada al comienzo. En mi opinión, esto no es malo en sí mismo, pero acá es donde la campaña de marketing le juega en contra, porque gracias a ella buscaba ser algo que no es.
Longlegs es un gran personaje, y su al principio poco tiempo en pantalla es un acierto. La hiperexpresiva actuación de Nicolas Cage puede caer en lo absurdo si un director no lo regula lo suficiente. Pero en cuanto apareció más, con largos y crípticos diálogos, su enigma y poder se fueron desvaneciendo y tornando hacia lo ridículo.

Una vez que el misterio se va resolviendo la película se vuelve predecible. Se va sucediendo un cliché del género detrás de otro, y en este sentido la madre de Harker cae en un lugar estereotipado de poseída; su actuación no deja traslucir tridimensionalidad, termina en cierto lugar de “monja” (por su vestimenta de enfermera) aterradora que no termina de cerrar dentro del gran marco de la película.
Sí habría que destacar cierta deconstrucción del arco de posesión; la mujer no entra en el clásico lugar de poseída, sino que es el hombre el que resulta siempre más afectado. La madre de Harker en cualquier caso realiza esas tareas para proteger a su hija.
Por otro lado, hay también arcos forzados o sobrantes de personajes, como la presentación al comienzo de la familia del detective Carter, o la visita a la única chica que se salvó del crimen de Longlegs, interpretada por Kiernan Shipka, la cual aporta poco a la trama.

Debajo de todas las capas de dirección, fotografía, sonido y música, de un aspecto técnico impecable y de un poderoso inicio, se esconde un corazón narrativo no del todo logrado, una confusión de tonos que hace caer a la película en lugares comunes y que, si no fuera por la excelentísima campaña de marketing que tuvo, probablemente no estaría captando tanto la atención.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 30 de agosto del 2024, 5.20 PM | UTC-GMT -3.
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