“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.“ Gabriel García Márquez
La expectativa que uno lleva a la sala de cine no debería ser materia de discusión a la hora de juzgar una película. En cualquier caso el film no tiene que hacerse cargo de lo que uno espera de él. Tampoco el marketing ni ese mamotreto obsoleto en que se convirtieron los festivales de cine con sus ovaciones de 15 minutos (11 para “The Substance” en Cannes). La utilidad de los festivales radica en ordenar un poco la oferta de mercado y le sirve a productoras para posicionar sus films, generar contactos para próximos proyectos, etc. Para el público general de un festival de cine tiene tanto interés los outfits de la alfombra roja, como los premios (The Substance inexplicablemente ganó mejor guión, también en Cannes). Con esto quiero decir que tenía mucha expectativa de ver “The Substance” y en sala!
El título del film me regala servida la ironía, si algo no tiene “The Substance” es sustancia, ni como sátira, ni desde una perspectiva de género, ni desde la temática. Funciona solo si la vemos como lo que es, una película que podría ser de Shudder (o cualquier otra productora de películas de terror baratas) pero con un buen presupuesto, una directora en ascenso (Coralie Fargeat) una estrella joven (Margaret Qualley) y una estrella de los noventas (Demi Moore).
Para empezar cae en viejas convenciones del terror en una trama ya de por sí predecible, combinado con ideas gastadas sobre la relación de las mujeres con sus cuerpos. ¿Se puede empatizar con la protagonista mientras el guión la trata como el blanco del chiste todo el tiempo?
Elisabeth Sparkle (Demi Moore) es una actriz a la que se le pasó el cuarto de hora y ha recaído en la TV donde es la estrella del programa de ejercicios “Sparkle Your Life”, extrañamente el film elige prescindir de cualquier comentario anclado a la actualidad al eliminar de la trama a las redes sociales e Internet, plataforma perfecta para explorar la inseguridad de la mujer moderna.
Un thriller de terror corporal sobre una droga inyectable que permite a una estrella en decadencia cambiar de cuerpo con una mujer más joven y atractiva que es casi ella, pero no del todo es una premisa muy interesante.
La premisa sonaba familiar, todas las películas que evoca son clásicos modernos: “The Fly” (1986) de David Cronenberg, “Seconds” de John Frankenheimer (1966) “The Thing” (1982) de John Carpenter y muchísimas otras de “clase B”.
En “The Substance” el sujeto que dispara el horror no es una mosca, es sencillamente una mujer que ha alcanzado la preocupante edad de 50 años, un giro feminista obvio pero efectivo.
Las obviedades continúan. Harvey (Dennis Quaid), en referencia al violador Weinstein, le dice ”Se te acaba a los cincuenta”, durante una escena fuera de tono inclusive para un film que juega con la fábula y la sátira.
Desde ese momento en adelante sabemos que Elisabeth, se odia a sí misma, una hora de metraje después el personaje de Demi Moore lo recita, por si no lo entendimos.
Fargeat (también guionista) nos hace creer que el mundo del espectáculo explota a Elisabeth, pero no tiene ningún interés en cuestionar la complicidad de Elisabeth en su propia explotación, porque eso significaba cuestionar a Elisabeth y todas las ventajas que obtiene de este acuerdo y toda su razón de ser, y en definitiva su vida, y por lo tanto la lógica de la película, colapsaría.
Las transmutaciones a las que asistimos, una y otra vez, en loop, muestra la falta de ideas, que además se suma a la falta de ideas visuales que Fargeat resuelve con super primeros planos y metáforas obvias. Después de dos horas y 20 minutos de variaciones sobre el tema, sin un plano memorable, sin una línea de diálogo copado, el interés recae en ver al monstruito.
El problema no es el concepto, ni siquiera el ritmo, me divertí viéndola, sino la ejecución. Fargeat encara su material frenéticamente para cubrir sus fallas. Es como si hubiesen pensado primero en las locaciones, el baño, el living con ventanal green screen y el pasillo con alfombra con patrón del canal de TV, que en planos que cuenten y comuniquen.
Alguien me dirá que esa es una elección de estilo deliberada, perfecto. ¿Cuál es el objetivo? ¿Que es una sátira social, sin objetivo? La nada, un ejercicio estético, una película de terror para adolescentes emporrados que se ríen del traje de goma del final (lo cual tiene su valor).
Cuando Elisabeth se inyecta la droga y posteriormente da a luz a través de su columna vertebral a Sue, que paradójicamente encarna tanto la anunciada versión más joven y mejor de Elisabeth, como el odio a sí misma, es una idea que habría sido convincente si Fargeat no hubiera malgastado tanto tiempo de pantalla mostrándonos que EFECTIVAMENTE, el cuerpo joven y bello de Sue es de hecho excitante para todos, incluida ella. Fargeat arruina su propio punto satírico adoptando la misma mirada masculina que el guión dice despreciar tan profundamente.
Nunca se ve a Elizabeth pagar por la sustancia, que imagino, si fuese real, cientos de miles de hombres y mujeres harían cola durante horas para comprarla, incluso una vez demostrada su peligrosidad. Mi punto es: no hace falta ser rica y famosa para sentirse sola con tus inseguridades sobre edad y cuerpo.
En ausencia de matices o desarrollo de los personajes, Elisabeth y Sue se convierten en una representación de todas las mujeres, viejas y jóvenes. La idea de que sólo las mujeres están sujetas a temer a la edad es obsoleta en 2024, tirándole la culpa a Elizabeth y haciéndola siempre el remate del chiste (hasta el final).
Las posturas autocomplacientes de la película, me quitaron por completo la inclinación natural a tomar en serio la historia. Especialmente porque la pelicula cuenta sin astucia algo que cualquier espectador razonablemente conocedor de la historia del cine ve venir a la legua.
Párrafo aparte merece Raffertie, el compositor del espantoso y (una vez más) obvio score que resulta insoportable con sus guiños a Herrmann y “2001, A Space Odyssey” al punto de arruinar secuencias.
Si solo la vemos como una hermana tonta de un film de Cronenberg, “The Substance” es entretenida, pese a su largo y repetitivo segundo acto. Si la analizamos con aplicación termina enviando un mensaje contrario al que pretende transmitir, un mensaje sobre la disforia corporal femenina alimentada por la sociedad debería ser más inteligente y certero. El foco de Fargeat no deja espacio para que el público especule, debata, establezca sus propias conexiones y desate epifanías. Todo es vago: vieja, joven, fea, hot, monstruo.
A veces no hay marketing y ovaciones de 11 minutos que valgan, la película costó casi 20 millones y lleva recaudado 500 mil dólares. Y más allá del negocio habla un poco de la desconexión del público con la obra.




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