El aprendiz y el ascenso de Donald Trump 

Hay algo que Donald Trump no pudo hacer (no deben ser muchas las cosas que puedan figurar en esa lista). El recientemente electo presidente de Estados Unidos intentó por todos los medios (sabemos que son muchos) impedir el estreno de El aprendiz, film del director Ali Abbasi que venía de competir este año en Cannes. De todas maneras el magnate logró limitar las posibilidades de distribución de la película, que terminó estrenándose fuera de las principales cadenas.

Y El aprendiz, por su parte, tampoco parece haber logrado su cometido, si es que este era hacer repensar el voto. Su posición claramente contraria a Trump hizo que los seguidores del líder republicano la ignoraran y sus detractores no encontraran nada demasiado nuevo.

Todo esto, por supuesto, poco tiene que ver con méritos o deméritos que pueden encontrase en este trabajo. Este artículo tomará en cuenta todas esas cuestiones exteriores al film que lo condicionan, y también su propio contenido. También habrá espacio para repasar el abordaje previo a la figura de Trump en cine y TV, y conocer la interesante y a la vez incómoda obra previa de Abbasi.


El lujo es vulgaridad

El aprendiz se propone, sobre todo en su primera mitad, contar una gestación, asomarse al momento en que Trump se convirtió en el Trump que conocemos. Una idea en principio atractiva. Para eso se vale de la figura de Roy Cohn, un oscuro mentor que lo irá poniendo en contacto con los resortes del poder. Cohn es un controvertido personaje real cuya vida ya ha sido abordada previamente por el cine.

Roy Cohn asesorando a Trump

Al situarse en los años ´80 este esquema remite a Wall Street (1987), pero en realidad a todo el cine de Oliver Stone en la elementalidad de su denuncia. También podría pensarse en American Psycho (2000), ya que su personaje protagónico, Patrick Bateman, tenía como ídolo al auténtico Trump. Pero el aspecto de esta película con respecto a aquellas es muy distinto, sin las lustrosas imágenes publicitarias de esa década, reemplazadas por bajo atractivo visual de los videos hogareños de aquellos años. Y es muy importante destacar que esa fealdad es buscada.

Esa premisa inicial tendrá un arco propio de Breaking Bad, el relativamente inocente joven Trump irá escalando en maldad mientras su mentor, presentado como un villano, ganará algo de humanidad.

Apuestas de riesgo, tanto para el realizador como para los actores, que cumplen como pueden con el desafío. Sebastian Stan tiene la dura misión de encarnar a un Trump muy ambicioso pero aún en potencial, alejado de la villanía y con capacidad para generar cierta empatía. Stan no se excede en la imitación, ni siquiera desde lo físico (de hecho se parece más a Luis Miguel que al joven Trump). El siempre eficaz Jeremy Strong compone a un Roy Cohn despiadado que de apoco va dejando ver su vulnerabilidad.

En la segunda mitad Trump ya deja de ser un aprendiz y el foco está puesto en su tensa relación con Ivana, por lo que la propuesta inicial se desdibuja y ya nada parece ser demasiado relevante. Tampoco aparece el clima festivo del Lobo de Wall Street (2013), en donde la celebración del triunfo está por encima de la discusión moral. Nadie parece estar pasándola muy bien a pasar de la acumulación de dinero y poder.

Trump con Ivana, su primera mujer

Es entonces cuando los subrayados se acrecientan y se diluye el poder de denuncia que la película podría haber llagado a tener. Y vuelve a ser inevitable la comparación con Oliver Stone. SI al principio se asemejaba a la tensión de Wall Street (1988) al final está más cerca del trazo grueso de W. (2008), su película sobre Bush. Una pena porque el riesgo y el compromiso asumidos podría haber dado mejores resultados.

El auténtico Donald Trump en pantalla

Trump tiene innumerables documentales sobre su figura y sobre aspectos puntuales de su vida y obra (a favor y en contra). No se mencionarán aquí más que un par de títulos como ejemplo, como Fahrenheit 11/9 (2018), de Michael Moore, que explora con su habitual ironía la llegada al poder de Trump en 2016. No confundir esté título con Fahrenheit 9/11 (2004), del mismo director y sobre Bush y su comportamiento durante el atentado a las torres gemelas. Otro trabajo más reciente podría ser Stopping the steal (2024), de Dan Reed, sobre el cuestionamiento a las elecciones de 2020 que terminaron en derrota ante Biden. Según el sitio Filmaffinity, Trump tiene participación en 68 títulos.

Pero el inquieto Donald también cuenta con una carrera como actor, extremadamente limitada, en todo sentido. Ha ganado 3 Premios Razzie (de 4 nominaciones), en la mayoría de los casos por películas en las que hace de sí mismo. Recordemos que estos míticos premios eligen lo peor de cada año

Su debut en el cine llegó en 1991 con una breve participación en una de las peores películas de todos los tiempos, Los fantasmas no pueden…hacerlo, de John Derek, una supuesta comedia, supuestamente erótica, protagonizada por su mujer, Bo Derek y nada menos que por Anthony Quinn. Luego llegaría otra breve, pero más recordada, participación, en Mi pobre angelito 2 (1992).

Con Macaulay Culkin en Mi pobre Angelito 2

El cine no parecía ser lo suyo, pero la TV tenía un mejor lugar para él, y un mejor formato, el reality show. El programa que le dio mucha exposición se llamó, precisamente, El aprendiz, y se emitió entre el 2004 y el 2017. Trump es el anfitrión en 186 episodios en los que se elige entre los concursantes un puesto para asistirlo. Ese título es ahora “homenajeado” en este nuevo film, aunque invirtiendo los roles para que Trump sea el alumno ambicioso.

Sobre el director

Ali Abbasi nació en Teherán, Irán, en 1981, y vivió allí hasta el 2002. Se mudó a Estocolmo para estudiar en la Academia de Ciencias de Suecia y graduarse en Arte en 2007. Recién entonces fue cuando inició sus estudios en cine en Dinamarca, país en el que vive y cuya nacionalidad adoptó, graduándose en 2011 en la Escuela Nacional de Cine.

Tras dos cortometrajes y un mediometraje llegaría su debut en el largo con Shelley (2016) en donde ya mostraría su inclinación por el horror, con un enfoque inusual del género, aunque no del todo logrado.

Dos años más tarde completaría su mejor trabajo con Border, una de la películas más originales del 2018. Border es una sabia combinación de géneros, en particular fantástico, comedia y terror.

La consagración y el prestigio llegarían con su siguiente film, Holy Spider (2022), que compitió por la Palma de oro en el Festival de Cannes de ese año y terminó quedándose con el premio a mejor actriz para Zar Amir-Ebrahmi. Esta es una película que divide aguas. Reetrata a una periodista que investiga una serie de femicidios que parecen no importarle demasiado a las autoridades. Por mi parte siento que su regodeo en la misantropía y su falta de balance y sutileza le juegan en contra.

Tras dirigir dos episodios de la primera temporada de la serie The last of us (2023), llegaría El aprendiz, biopic que en principio parece un cambio de registro con su obra anterior pero que en definitiva no es tan distinta. Lo suyo el retrato de monstruos. Una apuesta que hasta ahora no termino de convencer ni a la crítica ni al público. Pero seguramente Abbasi seguirá trabajando para hacer que su cine vuelva a ser grande otra vez.

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