Durante mi infancia siempre fui fanática de las historias mágicas de Disney, sobre todo por sus escenarios y números musicales increíbles que hacían deslumbrar la pantalla y adentrarme en un mundo de fantasía. Sin embargo, a medida que fui creciendo comencé a ser consciente del otro lado detrás de estas hermosas películas y a poner atención a los personajes y los ideales que existían durante ese entonces, sobre todo en las películas de princesas en donde si bien nos blanquea con magia y belleza, el trasfondo de las hermosas protagonistas solía limitarse a ser damas delicadas e ingenuas con el anhelo ser rescatadas de su realidad por un príncipe azul al no gozar de la libertad masculina, terminando así con quien resultaba ser un desconocido cuya participación se limitaba a ser el romántico salvador de la historia.
Si bien esta premisa del amor románico era lo normal para aquella época, su mensaje se seguía transmitiendo de generación en generación a través de diversos medios y películas, por lo que se convertiría en un famoso cliché hollywoodense del que después se harían sátiras criticando esta forma de vender el amor y el romance.
Es entonces cuando llega esta película animada de Dreamworks a revolucionar los cuentos de hadas haciendo una divertida crítica hacia Disney y el amor capitalista para darnos una historia completamente original con princesas, ogros, dragones y burros que dejaría una huella en la cultura popular: Shrek.
Esta cinta de 2001 dirigida por
Andrew Adamson y Vicky Jenson inspirada en el libro homónimo de William Steig no solo fue una respuesta en venganza contra Disney de parte de su fundador y ex presidente de Walt Disney Animation Studios luego de que Disney no cumpliera su promesa de ascenderlo como jefe de animación. Sino también, una película que revolucionó el concepto de las películas románticas mientras hace una sutil crítica al capitalismo y la corrupción acompañado de un excelente humor, personajes carismáticos y un soundtrack inolvidable.
La historia empieza con Shrek, un ogro que nos lee la trama de un libro de cuentos de hadas para rematar con un comentario sarcástico que es interrumpido por el sonido del excusado, presentándonos con esta primera escena la personalidad de nuestro peculiar protagonista, su postura ante las historias románticas y su humor sarcástico, demostrando no ser como el típico héroe mojigato. Mas tarde vemos como disfruta aterrorizar al pueblo por mera diversión y goza de su pantano hasta que es invadido por criaturas de cuentos de hadas desalojadas como Blancanieves y los siete enanos, el lobo feroz, campanita, entre otros, quienes fueron enviados ahí por el gobernante de Duloc. Siendo esta una referencia cómica a modo de burla hacia a los personajes de Disney.
Es entonces que en su búsqueda por recuperar su pantano conoce a Burro, un gracioso y torpe burro quien a diferencia de los demás, no se espanta ni juzga a Shrek por su apariencia y por el contrario, le demuestra admiración y respeto. Algo que al ser nuevo para un ogro acostumbrado al odio y los prejuicios, causa confusión y rechazo en Shrek en un inicio pero aprende a tolerarlo hasta desarrollar poco a poco una amistad genuina, siendo esa la primera interacción que rompe con los prejuicios de la apariencia. Sin embargo, otro punto que hay que recalcar es que esta amistad no se da de un momento a otro, ya que la película no intenta victimizar a Shrek, por el contrario, evidencia sus errores y actitudes hirientes hacia los demás para acompañarlo a su proceso de madurez y reflexión con todo y sus imperfecciones, haciendo de Shrek un protagonista auténtico y entrañable, tanto por sus cualidades como por sus defectos. La película se encarga de mostrar a su protagonista con todos los matices que tenemos, tal como se lo intenta explicar a burro “los ogros son como cebollas, ambos tenemos capas”. Más tarde, la película nos muestra el primer momento de vulnerabilidad de Shrek en donde mientras observa las estrellas con Burro finalmente logra abrirse y expresar sus miedos e inseguridades, algo a lo que Burro responde con empatía y comprensión, siendo esta la parte que consolida su amistad.
Al embarcarse en una misión para rescatar a la princesa Fiona por orden del tirano Lord Farquaad como condición para devolverle integro su pantano, se nos nuestra el lado opuesto del cliché de los actos heroicos que tienen los príncipes en los cuentos, ya que en este caso ni siquiera se trata de un príncipe, sino de un ogro que al llegar a la torre custodiada por un temible dragón (quien de hecho también es víctima de los prejuicios) no tiene tiempo para formalidades ni para romantizar un rescate con un beso romántico o diálogos cursis con una desconocida como es usual en las historias de amor, algo que si bien desconcierta y molesta a la princesa Fiona, quien siempre soñó con la idea del apuesto y valiente caballero que la salvara basándose en los cuentos románticos, termina descubriendo que su verdadero amor puede ser alguien tan imperfecto como único y valioso, rompiendo con la idealización del príncipe azul para descubrir que el amor puede venir en diferentes formas.
Durante el viaje de Shrek, Fiona y Burro a Duloc comienzan una convivencia divertida en donde así como Shrek demuestra no ser lo que aparenta, tampoco lo es Fiona, quien además de una princesa resulta ser una mujer valiente, decidida, experta en defensa personal y sobre todo, imperfecta. Por lo que una vez que tanto Shrek como Fiona se deshacen de los prejuicios del otro al descubrir que tienen más en común de lo que pensaban, comienzan a conocerse y a desarrollar sentimientos que pondrían en riesgo los planes originales y el destino de Fiona. Es a partir de este momento en que tanto la princesa como Shrek comienzan a exteriorizar sus propias inseguridades, Shrek no cree posible que un ogro pueda estar con una princesa porque así es como el mundo lo ha declarado, así como Fiona cree inconcebible que una princesa pueda ser una ogra y renunciar a su belleza porque así lo dictan las historias y la sociedad. Ambos luchan con mal entendidos por falta de comunicación y miedo de no ser suficientes al haber crecido con las normas sociales y el rechazo del mundo hacia lo diferente.
Tras la revelación de que Fiona es una ogra al igual que Shrek debido a su maldición, nos plantean el dilema sobre la lucha entre la aceptación social y el estatus contra la felicidad y la libertad, algo que se ve representado cuando Fiona se ve en la necesidad de casarse con alguien que no ama con el objetivo de recuperar su forma humana, sin embargo, al enamorarse de Shrek este objetivo se vio replanteado.
Finalmente, luego de reflexionar y tener una discusión con Burro quien lo alentó a ser valiente y enfrentar sus miedos, Shrek decidirse a interrumpir la boda entre Fiona y Lord Farquaad para declararle sus sentimientos justo antes de revelar su maldición convirtiéndose en ogra en frente de los invitados, siendo rechazada y temida por todos como era de esperarse, en especial por el hombre con quien estaba a punto de casarse, quien declaró que el objetivo siempre fue convertirse en rey así tenga que encerrarla en la torre. Sin embargo, es protegida por Shrek, quien además de confesarle su amor, su admiración y sentimientos por ella siguen igual o más fuertes que antes.
Toda la secuencia antes y durante la boda nos demuestra que la inseguridad, la falta de comunicación y los prejuicios nos priva de amarnos a nosotros mismos y a los demás por quienes somos, haciéndonos recurrir a la persona incorrecta por aceptación social mientras dejamos de lado nuestros verdaderos deseos y aspiraciones más allá de las normas sociales y las expectativas. Algo que se aplica en la vida real incluso hoy en día, cuando la opinión de los demás y los prejuicios orillan a la gente a tener relaciones vacías y desechables para ser aceptados por los demás.
Tanto Shrek como Fiona eran personajes solitarios víctimas de los prejuicios y expectativas que recuperaron la confianza en sí mismos al darse la oportunidad de conocerse, algo diferente a las historias románticas que estábamos acostumbrados a ver en los cuentos de hadas en donde el príncipe es solo un medio de escape y a la princesa una víctima. Aquí ambos tienen miedos y un trasfondo complejo que va más allá de su apariencia y los estereotipos con los que suelen ser representados, dándonos una historia bonita y romántica en donde ambos aprenden del otro y superan sus inseguridades juntos, destacando la auntenticidad de los personajes por encima de su apariencia. La cual finaliza de manera magistral con un número musical durante la boda de Shrek y Fiona al ritmo de “I’m a Believer” que representa el viaje del escéptico y malhumorado Shrek en donde logra superar el miedo al rechazo para darle una oportunidad al amor mientras se van en su carroza/cebolla para terminar con la frase “Y vivieron feos para siempre” cerrando con brocha de oro esta hermosa historia que libera al amor y la amistad de los estándares superficiales para abrazar su singularidad, imperfección y diversidad que hacen de los vínculos algo genuino y especial.
Esta película la considero una de mis películas de confort porque me recuerda la belleza en la diversidad y la libertad de ser uno mismo mientras me hace reír con su humor y el carisma de sus personajes. Considero que hasta el día de hoy no ha habido otra película animada que haya logrado reunir tan bien todas estas cualidades en una sola cinta de manera tan única y tan llena de personalidad como Shrek, la cual más que una película divertida y memeable, es un recordatorio sobre la importancia de ser auténtico y de amar con libertad, sobre todo cuando nuestro entorno y las redes sociales nos dicen cómo debemos ser, vernos, pensar y sentir.


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