No sé exactamente qué me pasó, pero apenas leí el "tópico", (¿así se dice?), me encontré escribiendo esto. Como si algo se activara dentro de mí, llevándome sin escalas a la injusticia poética que significa la muerte de Vincent Vega.
Así que, gracias a esta propuesta, me permití jugar a pensar cómo sería si Vincent sobreviviera a aquel indigno destino. Y, en mi intento de salvarlo, se me ocurrió pensar qué pasaría si, en Pulp Fiction, no hubiera habido muertos. Creo que podemos imaginar alternativas igual de violentas y sangrientas, sin matar (al menos del todo) a nadie.
Cada vez que algún curioso del cine me lanza la simplista pregunta de “¿cuál es tu película favorita?”, mi mente se llena de escenas, imágenes, personajes.... demasiadas opciones. Suelo responder que es imposible elegir una, que deberíamos dividirlas al menos por géneros. Pero si la gente insiste; y termina insistiendo, hay una portada que siempre se me viene a la cabeza: la de Pulp Fiction. Esa gran obra de Tarantino.
Recuerdo haberme comprado el DVD apenas pude y cómo se convirtió en una especie de ritual en casa. Cada vez que algún “extraterrestre” decía no haberla visto, me convertía en su embajador para acercarle esa joya del cine. Es más, mientras conectaba mis humildes parlantes de la época, sentía hasta una especie de envidia hacia ese extraño ser que no la había visto y que podría disfrutarla “virgen” con la mente sin condicionamientos.
La he visto tantas veces, que conozco los diálogos casi de memoria. Y, aun así, sigo disfrutando de algunos detalles épicos. Como la forma en que Jules, con un mínimo movimiento de manos, ubica hasta la posición final de la pierna del flaco “pseudo-gánster” que estaba relajado en el sillón, y amaga a levantarse al verlos entrar muy tranquilamente en busca del maletín de Marcelus.
Pero bien, aun considerando a Pulp Fiction una película perfecta, me cuesta mucho lidiar con la muerte de Vincent, al menos en la forma en que se produce. Insisto, aun estando convencido de que eso mismo es lo que buscó Tarantino. Es como si quisiera recordarnos de pronto, que este universo suyo es tan cruel como impredecible, y que exige sacrificios.
Quizá por eso, cuando leí la propuesta de imaginar qué pasaría si un personaje no muriera, supe que tenía que ser él. Salvar a Vincent Vega fue mi satisfacción del día.
Por eso aprovecho la propuesta, para volar un poco, sacarme las ganas, y darle la oportunidad de morir dignamente. Imagino que lo que más le hubiera molestado al personaje de Vincent, es morir así. Lo hubiera avergonzado post mortem que su hermano Vic Vega, (The Blonde en Perros de la Calle) lo hubiera visto acribillado con su propia arma en la puerta de un baño roñoso.
Por ejemplo, imaginemos que, durante la escena de la tostadora, Butch comete un error típico y no quita el seguro. Eso le da a Vincent los instantes necesarios para lanzarse sobre él e iniciar un forcejeo por el arma. En vez de una ráfaga de tiros, hay una brutal pero breve pelea mientras suena el pitido de la tostadora. Por supuesto, pronto Butch, termina con Vincent a puño limpio y luego escapa del lugar. Pero Vincent, aunque maltrecho y muy herido en su ego, termina sobreviviendo.
Para seguir evitando las muertes en Pulp Fiction, en el mismo orden que van sucediendo, voy a la primera aparición del maletín, en el departamento de los idiotas que ingenuamente intentaron timar a Marcelus Wallace. ¿Qué hubiera pasado si esos pseudo-gánsters no murieran?
Por supuesto que no me perdería de nada de esa increíble escena, ni uno de los segundos previos a la llegada al departamento, ni la épica discusión sobre el sistema métrico mientras iban en el auto a asesinar a esos tipos. Mucho menos nada de lo sucedido en el departamento. Todavía hoy me emociona fuerte el fragmento de la humillación con la hamburguesa de Big Kahuna y la Sprite.
Todo sucede exactamente igual a como lo conocemos: Jules y Vincent entran con esa increíble calma intimidante, Brett balbucea excusas y Jules, con su imponente presencia, comienza el famoso monólogo bíblico.
“Ezekiel 25:17,” recita Jules, con la mirada asesina y la decisión tomada. Pero justo antes de disparar, el tipo escondido con el arma se da cuenta de lo que viene y hace su movimiento. Sale disparando sin control, vaciando el cargador en dirección a Jules y Vincent. Como en la película, ninguna bala los alcanza.
Vincent apunta su arma al tipo, listo para acabar con él, Jules lo detiene. “¡No dispares!” ordena, con el mismo tono que utilizaría después, mientras recogía partes del cerebro de Marvin en la parte trasera del auto. Hay algo en la voz de Jules que Vincent no puede ignorar sin faltarle el respeto. Es una situación similar a la del final, cuando Vincent quiere matar a Tim Roth “por principios”.
La escena se transforma. En lugar de la violencia definitiva que conocemos, Jules comienza a procesar lo que acaba de ocurrir. Mira alrededor, todavía en estado de shock por lo que interpreta como un milagro. “¿No ves lo que acaba de pasar?” le dice a Vincent, su voz llena de una intensidad que solo él entiende en ese momento.
Vincent, por supuesto, está frustrado. “¿Qué estás haciendo, Jules? ¡Estos idiotas intentaron jodernos, este hijo de puta acaba de intentar llenarnos de agujeros con un cañón de mano, además, es lo que pidió el jefe!” Pero Jules ya no está en la misma sintonía. Para él, este es un punto de inflexión. “No somos dioses, Vincent. Esto no es coincidencia. Esto significa algo, y quiero que lo reconozcas.”
En lugar de dejar un rastro de cadáveres, los atan, amordazan, los cargan al baúl y los llevan al desarmadero de Joe, donde Wolf finalmente deberá lidiar con ellos. “Que Marsellus decida qué hacer,” insiste Jules. Podrían simplemente estar en el baúl, haciendo algún ruido de vez en cuando en las próximas escenas, sin que cambie mucho nada. Aunque reacio, Vincent acepta, más por respeto a su compañero que por convencimiento.
El cambio no solo transforma temporalmente el destino de los pseudo-gánsters, sino que también marca el inicio de la transformación interna de Jules, quien empieza a cuestionar su vida en el mundo del crimen.
Siguiendo el orden de aparición de las escenas en la película (que, como sabemos, no sigue una línea temporal estricta), es momento de volver a la lamentarme muerte de Vincent. Esa salida abrupta, irónica, que siempre me deja con un nudo en la garganta y una especie de angustia inexplicable. Pero apenas hay tiempo para digerirlo, porque en cuestión de segundos ya estoy de nuevo incorporado en el sillón, emocionado, reviviendo la mítica escena de Butch en el auto muy confiado escuchando esa canción estilo “ranchera”.
El semáforo en rojo, y de repente, como una jugada del destino tarantinesco, aparece Marcellus cruzando la senda peatonal, cajita rosa y cafés en mano. La incredulidad en el rostro de ambos, la pausa perfecta antes del caos. Este momento es tan redondo, absurdo y genial. Incluso el disparo a la pobre mujer que pretendía ayudar. La persecución, los golpes, el giro inesperado hacia la tienda de empeños... todo sucede como debe ser.
Ni hablar de la escena dentro de la casa de empeños, con los degenerados. ¿Puede una escena ser tan incómoda, tensa y absurda al mismo tiempo? Cada segundo en ese sótano es puro Tarantino: el manejo del espacio, los silencios, el horror que no necesita más que miradas y pequeños gestos para instalarse. Y luego está la katana. Es un momento casi poético: ese brillo que deja saber que la decisión se ha vuelto evidente. La Katana (creo que la primera de Tarantino) no solo se convierte en el arma perfecta, sino en un símbolo de justicia poética.
En la película, la escena nos deja intuir el destino de Zed, pero no muestra exactamente cómo Marsellus lo mata. Maynard y el hombre amordazado (‘hombre zado’) parecen muertos, aunque podríamos interpretar que solo agonizan terriblemente.
Luego del acto de justicia poética de Butch y la “semi indulgencia” de Marcelus, tenemos el gran momento del verdadero Zed, aterrado, tratando de balbucear clemencia mientras soporta el dolor insoportable de un escopetazo en las pelotas. Marsellus, humillado en lo más profundo toma el control, y suelta esas fantásticas líneas heladas: “Esto recién empieza, hijo de puta…”
Marsellus decide que la muerte es demasiado simple, tal cual lo hizo. Y con la misma calma inexplicable pero comprensible, expone su plan (esta vez no solo para Zed, sino también para los otros dos desgraciados agonizantes). No solo llamará a los hombres de las pinzas y el soplete, sino que comprará la tienda de empeños y la convertirá en una fachada. Desde el exterior, parecerá un negocio más en la ciudad. Pero en el sótano, el horror continuará eternamente.
“Voy a tenerlos aquí para siempre,” dice Marsellus, mirando a Zed con una expresión que mezcla odio y satisfacción. “Van a comer por sonda, van a beber por sonda. Y cada vez que piensen en morir, recuerden que yo soy el único que puede darles ese permiso. Cosa que no haré nunca.”
El hombre zado, Maynard y Zed quedan encerrados en ese sótano, con Marsellus prometiendo que “trabajará en ellos” personalmente una vez por semana.
En fin, imagino solo unos cuantos segundos más de audio al final, cuando Butch ya se ha marchado. Unas pocas líneas adicionales, con la voz en off de Marsellus, serían gloriosas además.
Siguiendo la línea de tiempo de la película, ahora deberíamos salvar a Marvin en la famosa escena del auto, cuando se convierte en víctima casual de una discusión absurda y un disparo accidental. ¿Qué pasaría si la bala lo rozara en lugar de matarlo? ¿Si su supervivencia se convirtiera en un nuevo problema para Jules y Vincent, obligándolos a enfrentarse no solo a las manchas de sangre y los tipos en el baúl, sino a las consecuencias morales de sus acciones? Marvin no sería solo un "daño colateral"; podría convertirse en un espejo incómodo para Jules, quien además empieza a cuestionarse todo su camino.
Perderíamos a Wolf, eso es imperdonable…. Ok, NO, hay que matar a Marvin. Perdón, fallé en la hipótesis inicial. Creo que como fanáticos de Tarantino, admitiríamos esa excepción. Después de todo, es un soplón, una rata, no merece ni justicia poética ja.
Un segundo, un dilema, no se si mi texto finalmente se adecua a la consigna “¿Qué hubiera pasado?”. Me permito una reflexión final, a efectos de cumplir con la consigna.
Siguiendo con el pensamiento lateral que me trajo hasta aquí, y en el intento de no esquivar el tópico propuesto, de ¿qué hubiera pasado?, vuelvo a lo mismo; se trata de una obra maestra. Y como tal, sería muy irreverente de mi parte pretender modificar algo de ella. Tal vez por eso, mientras escribía, buscaba o imaginaba maneras de que nada cambie, a pesar de que no haya muertos. Todo para justificar mi necesidad de salvar a Vincent de aquella muerte indigna.
Lo único que hice fue salvar a Vincent, como si fuera un amigo al que quiero proteger de un destino injusto. Pero ahora: ¿y si Vincent sobreviviera?.
Si no hubiera muerto, ¿podríamos imaginar una nueva historia donde apareciera? No sería una secuela de Pulp Fiction, eso está claro; sería algo completamente distinto, con su propia narrativa, pero manteniendo ese guiño al universo tarantinesco. Como cuando supimos que Vincent Vega era el hermano de Vic Vega, no hace falta siquiera explicarlo dentro de ninguna historia, pero es genial.
Visualizo a Vincent Vega en otro contexto, mucho mayor, pero todavía con su onda intacta. Traje blanco de lino, camisa liviana, sombrero y gafas; dejando claro que el calor del lugar no le sienta bien. Está en Surinam, haciendo negocios en un entorno completamente diferente al que lo vimos por última vez. Lo acompaña su joven y elegante asistente, caminando unos pasos delante mientras habla por teléfono, junto con un par de matones rústicos.
Vincent, fastidiado se queja del calor, mientras se queda rezagado, secándose el sudor con un pañuelo. Su grupo cruza la calle en dirección a un semáforo en rojo, donde un camión de reparto espera pacientemente. Dentro del camión, el conductor sigue el ritmo de una canción que suena en la radio, golpeando el volante como si tocara la batería.
Vincent, ahora cruzando la calle solo, levanta la mirada y lo ve. Quien maneja el camión de repartos es nada menos que Butch Coolidge. Más viejo, con la piel bronceada y barba canosa desprolija, (un look relajado de hombre de playa: gafas grandes, una gorra descolorida y una camiseta gastada). Está sentado al volante del camión, distraído en su música, pero cuando sus ojos se cruzan con los de Vincent, todo cambia.
Imagino la escena como un eco directo de aquel momento épico en Pulp Fiction donde Butch y Marsellus se encuentran en la senda peatonal. Pero esta vez, es Vincent quien se detiene en seco, su andar interrumpido por una mezcla de sorpresa y algo que podría ser rabia contenida. Butch, por su parte, parece congelarse por un segundo, pero no hace ningún movimiento evidente. Sin embargo, algo en su postura lo delata: aunque no lo quiere creer, sabe perfectamente quién es ese hombre que está cruzando la calle hacia él.
¿Qué pasaría después?. Es imposible saberlo, pero lo que sí puedo imaginar es que este momento, por sí solo, justificaría la existencia de esta nueva historia. Imagino al menos 4 escenarios posibles, pero no me atrevo a tanto. Sin embargo, amaría ver la magia de Tarantino desde ahí, y para eso, la única es salvar a Vincent. Así que, ahora sí, creo que respondí la pregunta.
Porque al final, lo único que quiero es verlo caminar una vez más, con su inigualable estilo, en ese universo que tanto amo.


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