
Mi mami siempre decía que ser había que ser limpia, ordenada, y moral. Había que ser pulcra, jamás decir un solo insulto, y tener todo en su lugar, porque todo tiene su lugar. Lo maleducado es sucio, asqueroso, inmoral.
La inmoralidad se debe castigar, por eso la rabia, esa rabia divina me llenaba el cuerpo cuando mi mami me castigaba con su soga vieja, rasposa y sucia al decir cualquier insulto. No me molestaban para nada esos castigos, yo entendía que la santa palabra era lo que impulsaba a mi mami a hacerlo, una corrección antes de que pudiese descarrilarme de lo moral. Lo que realmente me molestaba era ver a mis vecinos de mi misma edad, corriendo, rompiendo todo a su paso, y el demonio, el sucio de su padre riéndose con la excusa de jugar con ellos. Chicos maleducados, yo sabía que llamaban gorda a mi mami, pero también sabia que la justicia divina les iba a caer tarde o temprano. El verdadero pecado eran los insultos, yo no podía creer o dilucidar esas palabas casi infernales que salían de su boca, como si fuese algo normal, algo moral, algo legítimo de ser pronunciado.
Mi mami por fin pudo ir hacia la luz, tuvo la oportunidad de elegirlo ella misma, era una santa. Ella quiso llevarme a la calma eterna, pero parece que todavía no estaba preparada, debía ser aún más pulcra, y ahí entendí que yo había visto las injusticias, había visto como un padre endemoniado, sin nada de moral, hacía del pecado el pan de cada día de sus hijos. El fuego siempre fue el purificador de este mundo, y yo no quería enviarlos al infierno, pobres, solo habían sido mal influenciados, por lo que decidí, al recibir el alto mensaje, tener benevolencia y salvarlos de la suciedad que agobiaba sus vidas.
Días después de haber incinerado los pecados de esa familia, mami no volvió a buscarme, pero la gracia divina me pedía que siga luchando contra aquellos demonios que quieren destrozar este mundo, carcomerlo con prostitutas e insultos.
El diablo estaba claramente en casa, papá decía que tenía una “novia”, pero las señales me indicaban que andaba acostándose con varias prostitutas, estaba manchando la casa, la casa de mi mami, ¡mi casa!
Después de haber devuelto el orden y la moral a casa, era obvio que tenía que buscar una forma de seguir manteniendo a esas fuerzas sucias fuera de este mundo, yo era un instrumento para encarrilar esta gentuza.
Me dediqué a leer, leí mucho, y en los libros encontré la perfección, sentía que ya no era la única trayendo los valores necesarios al mundo. Historias que me mostraban un perfecto mundo, amor, familia, gente blanca caminando tranquila y siendo amable. Me di cuenta en donde podía controlar a quienes quería corromperlo todo, y quienes deberían quedarse en este mundo, por lo que decidí ser enfermera.
Los ancianos, sucios de pecados, fueron los primeros. Años enteros siendo inmorales, alcohólicos, creyéndose graciosos con sus chistes basuras. Pero un día la gran voz me envió a examinar a los recién nacidos, hermosos y perfectos… excepto por aquellos a los que les brotaba la maldad infernal desde que su alma fue dada, y ahora más que nunca supe que mi trabajo era mantener la ciudad limpia de demonios, dejando solo unos cuantos crecer.
Ahora mismo estoy muy emocionada, ya limpié a más de cincuenta demonios, y descubrí a un autor que está limpiando con pureza la cabezas de todo el mundo, hoy voy a conocer en una firma de libros, al autor de “Misery”.



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