Red One: El Regalo Que Nadie Pidió  

Red One u “Código: Traje Rojo”, protagonizada por Dwayne Johnson y Chris Evans, es la película más carente de alma del año. Despojada completamente de cualquier atisbo de sinceridad, este mega proyecto corporativo de us$250 millones de dólares buscaba llenar las arcas de MGM y otorgarles a sus grandes estrellas un aún más grande bono navideño pero en vez de eso terminó siendo un rotundo fracaso en taquilla. Otro más dentro de la larga lista de blockbusters que chocaron este año. ¿Será esta una señal de alerta para Hollywood? ¿Dará paso esto a un renacer de la industria con jóvenes y osados directores como sucedió con el Nuevo Hollywood a finales de los 60s? No sé, es difícil saberlo, aunque posiblemente no.

En fin, centrémonos entonces en Red One. Siguiendo la estructura del género de superhéroes, la película nos propone una reimaginación del mito de Papá Noel donde un San Nicolás muy atlético (JK Simmons) existe realmente y se prepara durante todo el año para repartir regalos por todo el mundo la noche de Navidad. Pero no está solo en esta tarea, hay toda una megaorganización montada en el Polo Norte compuesta por elfos, trolls, humanos con poderes y osos polares parlanchines que lo ayudan a fabricar, empaquetar y entregar todos estos regalos. A su vez también existe una organización internacional ultrasecreta llamada MORA (liderada por Lucy Liu) cuya misión es proteger el secreto de todos los seres mitológicos del mundo para que la gente común no los descubra, algo así como unos Hombres de Negro pero de la mitología (marquen con un pin esta película porque volveremos a ella más adelante).

Dwyane ‘The Rock’ Johnson interpreta (¿interpreta?) a Callum Drift, líder de E.L.F.O (sí, hay muchos chistes así en la película) que vendrían a ser como los guardaespaldas de Papá Noel. Callum anuncia que esta será su útima Navidad y planea jubilarse ya que cada vez le cuesta más creer que exista bondad en el mundo. Por desgracia en Nochebuena alguien consigue la ubicación secreta del Polo Norte y secuestra a Papá Noel, lo que da pie a una secuencia de persecución a través de calles navideñas que parecen extraídas directamente del videojuego de ‘El Expreso Polar’ de Playstation 2. Tras fracasar comienza una investigación que lo llevará a dar con la persona que filtró la ubicación del Polo Norte: Jack O’Maley, un hacker cínico y sin escrúpulos encarnado por Chris Evans en su mejor imitación de Ryan Reynolds y juntos deberán formar una pareja dispareja para poder encontrar a Papá Noel y salvar la Navidad. O’Maley (como no podía ser de otra forma) está divorciado y tiene un hijo preadolescente al que en las pocas ocasiones que ve aprovecha para darle pésimos consejos de vida. “Él estaría mejor si yo me mantengo lejos”, le confesará a Callum más adelante y aquí queda plantada la semilla del arco de personaje típico de película navideña: el padre ausente, egoísta y cínico que deberá aprender sobre el valor de la Navidad, la importancia del amor, ayudar a los otros y reencontrarse por su hijo. Todas cosas que sucederán a lo largo de las 2hs de película pero sin ningún tipo de construcción en el medio, más bien como si fueses casilleros que se van tildando y se dan sólo porque sí.

Hay muchos problemas en Red One pero de entrada el más evidente es la falta de magia y sensación de asombro con el que el director Jake Kasdan aborda la historia. La primer llegada al Polo Norte nos muestra un montón de locaciones imposibles y criaturas mágicas que simplemente desfilan frente a los ojos del espectador sin intentar en ningún momento enaltecer el trabajo del equipo de producción. Basta comparar con las presentaciones de locaciones en otros clásicos navideños como El Grinch, El Extraño Mundo de Jack o hasta la fallida El Expreso Polar donde todos los elementos conjugan para transportarnos a su mundo de fantasía festiva.

En su intención de imitar lo peor del cine de superhéroes, Red One además se toma demasiado en serio a sí misma. No porque no haya chistes, de hecho los hay y muchos más allá de absolutamente ninguno de ellos logra funcionar. Más bien porque todo el argumento central del secuestro de Papá Noel, la investigación posterior, el lore de la organización y el pasado de los personajes secundarios es presentado con un nivel de solemnidad apabullante. Lo que sumado a que es proporcionado casi totalmente a través de diálogos expositivos, lo vuelven tremendamente monótono y aburrido. El film además nunca se termina de entregar por completo a la locura de su argumento, volvamos al ejemplo de Hombres de Negro, allí no sólo todo estaba atravesado por completo por el humor (y la increíble química entre Tomy Lee Jones y Will Smith que es inexistente en el caso de Johnson y Evans) sino también por la creatividad y el delirio. La película sabía que su premisa era ridícula y se permitía jugar con ella hasta límites insospechados como un gato con una galaxia entera en la bolilla de su collar. A pesar de la existencia de una organización dedicada al control de criaturas mitológicas, aquí apenas vemos seres o conceptos por fuera de los clásicos tropos navideños reinterpretados con un ligero toque superheroíco. Y digo “ligero” porque incluso en ese apartado parecer tener miedo de jugársela. Por ejemplo Callum lleva un brazalete que le permite modificar su tamaño y volver realidad los juguetes. El primer poder lo usa para cambiar entre tamaño normal y tamaño pigmeo, volviéndose un The Rock de metro veinte ideal para esquivar golpes pero extremadamente ridículo de ver en pantalla. El segundo apenas aparece y es para volver reales las cosas más aburridas como un trineo o un auto.

Otra cosa que llama la atención en la película es su sobreabundancia de efectos computarizados que, siguiendo la estela de Disney Marvel, en la mayoría de ocasiones logran una pobre integración con los elementos reales. Esto hace que las escenas de acción se sientan trilladas y sin ningún tipo de consecuencias. La excepción, y la única secuencia de la película que más o menos funciona, es cuando conocemos a Krampus (Kristofer Hivju), una gran creación de maquillaje y efectos prácticos que además se encuentra rodeado de decenas de criaturas igual de interesantes. Aquí también se dan los pocos chistes y momentos de personaje que funcionan. Ojalá el film entero hubiera tenido más instantes de lucidez como este.

En fin, no hay mucho más para decir de Red One. Más allá de su abultado presupuesto, no se trata de una película que vaya a ingresar al canon navideño y posiblemente todos olviden su existencia para las fiestas del próximo año. Solo queda esperar que esta sucesión de fracasos sirva para que se modifique en algo el modelo actual de blockbusters en Hollywood porque de seguir así, las películas hechas con Inteligencia Artificial no van a diferenciarse demasiado de las ”reales”.

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