UNA MAÑANA LEJOS DE CASA  

El sol naciente pintaba la selva de Colombia con tonos rojizos y dorados, pero para aquel guerrillero, solo era un recordatorio cruel de la distancia que lo separaba de su madre. Ricardo quien llevaba años huyendo, años de noches frías y de días aún más largos, meses y años llenos de la tensión constante de la persecución, ya estaba cansado, solo quería ver a su madre y disfrutar de una vida plena y sin conflictos. La selva, antes si refugio, ahora era su prisión que con cada susurro de las hojas, cada crujir de ramas, le recordaban el peligro inminente.

Su cuerpo marcado por las heridas y la fatiga reflejaba la batalla interna que libraba, la nostalgia por su santa madre era un peso insoportable, un vacío que ninguna victoria en la guerra podría llenar. Ricardo, quien contaba con el único amigo que le quedaba en el pelotón, habrían luchado por una causa, y mientras su amigo Manuel solo luchaba y pensaba en subir de rango, el anhelo de Ricardo por volver a casa, de sentir el fuerte abrazo de su madre una vez más, lo consumía.

Cada día era una lucha contra la desesperación, una carrera contra el tiempo y sus enemigos. Al ver a la mayoría de sus amigos caer en la guerra, Ricardo se aferraba a la esperanza, a la promesa de un futuro dónde pudiera abrazar a sus seres queridos, pero la realidad era implacable.

Una mañana mientras intentaba escapar a través del intenso bosque, la trampa se cerró, su compañero quien el consideraba su mejor amigo, sospechaba de las intenciones de Ricardo y le dió aviso a su general. Rodeado, sin escapatoria, Ricardo sintió que la fuerza lo abandonaba, no hubo una lucha épica, solo la resignación de un hombre cansado, derrotado no por la guerra, sino por la soledad y la añoranza.

Decapitado por su mejor amigo, sus últimos pensamientos fueron para su madre, para el amor que lo había mantenido con vida durante mucho tiempo. Y sus últimas palabras fueron: ( perdóname madre, perdóname padre, perdóname señor, porque he pecado.)

Su trágica muerte había llegado a oídos de su humile pueblo conocido como Gavalda Sucre. Su madre quien todas las mañanas iba a la iglesia a rogarle a Dios para que le regresará a su único hijo con vida, sano y Salvo.

Esa mañana que fue a rezar como de costumbre, recibiría la peor noticia en su vida, en ese momento la iglesia se convirtió en un lugar oscuro para ella, quedó en shock al enterarse que Ricardo, su querido hijo le habían arrebatado la vida de la forma mas cruel. La peor noticia para una madre.

Al tercer dia de lamentarse y lamentarse, la señora Carmela madre de Ricardo al saber que el cuerpo de su hijo jamás sería entregado, al saber que nunca le daría un último adiós, Carmela no lo soporto más y termino por quitarse la vida, con ella la acompaña una carta escrita por ella ( eras mi vida, ahora te perdí y quedé sin mi vida. PERDÓN).

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