La etimología de “seducción” proviene del latín se–ducere, que significa separar del “buen camino”, “desviar del bien”, o “ empujar al error”. En el siglo XVII la moral cristiana ya le ha dado una connotación religiosa. En torno a esta palabra gira nuestra historia.
Publicada en 1782, "Las amistades peligrosas" es una novela epistolar escrita por Pierre Choderlos de Laclos. A través de una serie de cartas, la obra expone las intrigas y manipulaciones de la aristocracia francesa del siglo XVIII, centrándose en la marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont, dos personajes que emplean la seducción como instrumento de manipulación.
A lo largo de los años, "Las amistades peligrosas" ha sido adaptada en varias ocasiones al cine y al teatro. Me gustaba leer ese libro, tenía un ejemplar bastante antiguo y deteriorado pero realmente descubrí sus dimensiones cuando vi en el cine una de las versiones más destacadas, la película de 1988 dirigida por Stephen Frears, con un elenco estelar que incluye a Glenn Close como la marquesa de Merteuil, John Malkovich como el vizconde de Valmont, Michelle Pfeiffer en el papel de Madame de Tourvel y Una Thurman como Cécile

Esta adaptación fue filmada en diversas locaciones de Francia, capturando la esencia de la época, su puesta en escena es más teatral que otras versiones, como la de Milos Forman, Valmont ( 1989) que es otra joyita. Me había sumergido tanto en ese universo que hasta comencé a sentirme que era parte de la historia

Me veo llegando a la campiña francesa con el viento en contra y la certeza de que esta peluca de mierd@ no es para mí. Pero, en fin, es la moda y hay que jugar con las reglas. Vengo a ver a un viejo amigo. He escuchado demasiado sobre la evolución del vizconde de Valmont y su jueguecito de seducción. A la marquesa de Merteuil la conozco de nombre, y ya me ha hecho llegar una invitación para una presentación en su salón. Parece que la curiosidad es mutua.
La velada es un desfile de hipocresía, perfume y pelucas ridículamente altas. El lunar que aconsejaron pintarme no quedó tan mal después de todo.
Valmont está en su elemento, encantador como un comediante de stand up. Me lanza una mirada de reconocimiento. Él sabe quién soy, pero eso es más una diversión que un problema.
—Me alegra ver que la moda española aún permite hombres de verdad —dice, con una sonrisa que no se refleja en sus ojos.
—Y a mí me asombra que sigas usando esos lazos en los zapatitos sin que te dé vergüenza.
El silencio dura un segundo y luego la marquesa se ríe, disfrutando la tensión. La música aquí es toda esa cosa elegante y rebuscada que tocan en las cortes, de cualquier manera ese Jean-Philippe Rameau tiene algunas piezas que no están mal. Alguna vez he visto a Valmont tocar el clavecín en casa de la marquesa, con la sonrisa de quien cree que la música es otra de sus estrategias de atracción. Lo hace bien, pero tales alardes me dan pereza.

Ante una burla trasnochada suya, le refriego el guante por la nariz. Esto lo provocó el aburrimiento del final de una velada que iba en franca decadencia. El vizconde exagera la ofensa recibida y dice que solo queda batirse. Por la mañana nos encontramos en el bosque para un duelo amistoso con testigos y todo, no hay que perder la costumbre. Valmont es rápido, pero pelea como seduce: con exceso de confianza. Lo hago sudar un poco antes de cortarle ligeramente el antebrazo. Nada serio, solo un recordatorio de que no soy otro de sus juguetes.
La marquesa desafió al vizconde a pervertir a la joven Cécile de Volanges, recién salida del convento para ser presentada en sociedad.

Ya ha sido prometida en casamiento con un viejo y acomodado señor, que la marquesa detesta, por venganza quiere que la chica no llegue casta al matrimonio. Le ha puesto las fichas al joven Danceny, un maestro de música que había contratado para dar clases personales a la niña albergando la esperanza que algo ocurra, pero el chico es un idealista —Compartamos el problema— me dice. — Dejemos que el romántico profesorcito de música tan señorito y perfeccionista intente ganarse a Cécile, no nos molesta pero después de nosotros, no sea cosa que la niña tenga una mala experiencia y termine volviendo al convento por propia voluntad—.

Valmont está acostumbrado a moverse sin resistencia, como un barco con el viento a favor. No sabe qué hacer cuando el rumbo cambia bruscamente. Madame de Tourvel es su gran obra, su desafío.

Una mujer devota, pura, que él quiere corromper porque sí, por capricho, de puro cabronazo. No tengo nada en contra de una buena historia de seducción, pero lo suyo es obsesión. Y un hombre obsesionado es un hombre vulnerable. El no sabe que detrás de ese juego hay un interés de la marquesa.Todo esto se va por el caño, me siento obligado a cambiar el curso del relato.

Dejo caer rumores, cartas anónimas, comentarios en los círculos adecuados. La marquesa, divertida, añade su propio veneno al asunto. Tourvel empieza a ver a Valmont como lo que es: un hombre con demasiadas palabras bonitas y demasiado poco corazón.
Cuando él se da cuenta, ya es tarde.
—Me has convertido en el villano de mi propia historia —me dice, con una copa de vino en la mano y una sonrisa que ya no es del todo suya.
—Solo te he cambiado el final del libro antes de que llegaras allí. Agradecerme es todo lo que tienes que hacer, he salvado la vida de ambos, dejemos que madame de Merteuil se humille sola, no hace falta un final tan dramático.
La marquesa observa la escena con un brillo extraño en los ojos. No estoy seguro de que me haya ganado su favor o su odio. Probablemente ambas cosas.
Valmont deja la campiña, derrotado de una manera que ni él mismo entiende. Cécile se casa con otro caballero, uno que no conoce nuestros juegos. Madame de Tourvel, libre del hechizo del Vizconde, se aleja de la corte, se va a su Maison de Boulogne Sur Mer, no recuerdo su dirección, pero me la dejo anotada en uno de sus pañuelos, me dijo que fuera a visitarla, pero a la hora de la siesta.
En la novela "Las amistades peligrosas" de Pierre Choderlos de Laclos, Madame de Tourvel es una joven de 22 años, virtuosa y casada, que se convierte en el objetivo de seducción del Vizconde de Valmont. A pesar de su resistencia inicial, sucumbe a los encantos de Valmont, lo que la lleva a una profunda crisis moral y emocional.
Finalmente, abrumada por la culpa y el deshonor, cae gravemente enferma y muere. Cécile de Volanges humillada vuelve al convento y es olvidada, la marquesa al ser puesta en evidencia ante la sociedad por causa de las cartas que Valmont hizo públicas desaparece de la vida social. El vizconde de Valmont muere en un duelo contra el joven pretendiente Danceny.
En la adaptación cinematográfica de 1988, dirigida por Stephen Frears, los personajes principales y sus intérpretes son:
Marquesa de Merteuil: Glenn Close
Vizconde de Valmont: John Malkovich
Madame de Tourvel: Michelle Pfeiffer
Cécile de Volanges: Uma Thurman
Caballero Danceny: Keanu Reeves
Madame de Volanges: Swoosie Kurtz
Madame de Rosemonde: Mildred Natwi





¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.