Bueno, lo que se dice fraude fraude, no. Excepto cuando aparecen penes, que son todos prótesis. Ojo de loca… En fin. Nos mintieron. La película no parece inspirada en la obra de William Burroughs. Y me voy a detener a explicar punto por punto por qué el escritor la hubiera detestado. Aunque no hay spoilers, es un texto para quién ya vio la película.

1. La estética
Cualquiera que haya leído, al menos un cuento o un fragmento de cualquier obra del escritor, entenderá este punto. Burroughs transmite imágenes cutres, olores nauseabundos, asquerosidades sin filtro. La palabra que mejor lo define es viscoso ¿Vieron esa grasa que brilla en las patas de un cienpiés? ¿O lo que queda pegado a una baldosa cuando aplastas una cucaracha? Bueno, intentaron resolver esta sensación pasando al pobre Daniel Craig por agua. Y no alcanza la transpiración de los personajes para transmitir esto. Además, la pulcritud de los bares nocturnos difiere muchísimo de las descripciones en la novela.
Un disclamer, es bien logrado este rasgo en las últimas escenas, pero sobre eso me dedicaré más adelante.
Comparemos la forma en que Luca Guadagnino nos muestra un bar, en contraposición a David Cronenberg, en otra adaptación Burroughiana, que sí contó con el visto bueno del escritor.


Por supuesto, en la novela original, los bares bajos mexicanos de hace setenta años se parecen más a los de Cronenberg que al decorado aesthetic propuesto por Guadagnino. Y esto me parece crucial para el devenir de la película. No es algo menor, o que pueda saltearse así como así, ya que hace contrapeso, argumentalmente, con el perfil más importante de esta obra: la ternura.
Según cuenta el mismo Burroughs, Queer fue su primer novela (aunque se publicó mucho después) y desató su interés en la escritura. Podríamos tomarla como una piedra angular en su estética, en sus modos, en su carácter como escritor. También a nivel más hipodérmico, como un descargo, y aquí viene la parte que le gusta a Guadanino, Queer es una declaratoria de intereses, de afectos, de formas de querer.
En la novela, las maricas están obligadas a compartir espacios cutres, y a compartirse entre ellas, incluso siendo víctimas de robos y peleas constantes. Un escenario de esas características, realza los sentimeintos más puros de Lee (el protagonista) que a través de materia ectoplasmática demuestra su afecto (ectoplasma es una palabra muy burroughniana, en términos guadagninos debería ser alma, o espíritu). Un contexto curado, estético, de ropita planchada y colores pasteles no son funcionales al contraste que buscan ser esos refugios de ternura entre tanta mugre. Antes de ver la película, a través del poster ya me preguntaba si Guadagnino, con la estética que lo caracteriza, sería la persona idónea para adaptarlo a William.

2. La música
¡¡¡¡¿¿¿¿¿??? que alguien me explique. Y nada de buscar lo disruptivo a través de tendencias musicales que compartieron temáticas, porque ningún grunge de los noventa tiene absolutamente nada que ver con el México de mediados de siglo. En todo caso algún synth pop, esto de quedar a medio camino es tan pero tan poco Burroughs. Siento que no se animaron a ir a fondo, y el golpe más bajo fue escuchar dos canciones de Nirvana, sin incluir el excelente cover de una de sus canciones por la gran Patti Smith, amiga personal de Burroughs.
Dicho eso, el trabajo de Trent Reznor es destacable, por momentos sutilmente perturbador. Hubiera acompañado muy bien imágenes de mayor voltaje.
3. Allerton
Eugene Allerton (Drew Starkey) es el interés romántico de Lee (Daniel Craig). Vamos a analizar cómo es descrito en la novela:
Allerton era alto y muy delgado, de pómulos salientes, boca pequeña de color rojo fuerte y ojos ambarinos que adquirían un leve tono violeta cuando estaba borracho. Su pelo rubio castaño estaba desigualmente descolorido por el sol (…) Tenía las cejas negras y rectas y las pestañas negras. Un rostro ambiguo, muy joven, bien parecido y juvenil que daba la sensación de estar maquillado: delicado y exótico y oriental.
Hasta acá vamos bastante bien con el casting, pero miren ahora:
A Allerton nunca se lo veía demasiado arreglado ni limpio, pero él no lo consideraba sucio. Simplemente era despreocupado y perezoso hasta el extremo de parecer, a veces, medio dormido.

En la película, Allerton nunca se despeina, ni deja de tener ropita en tonos blancos muy pulcra, y sus lentesitos bien puestos. Pensarán que es algo menor, y que estoy exagerando cual fan de Harry Potter enojado con Cuarón, pero tengo un punto. Hay un momento de la película, en que Allerton admite no ser “queer”. Esto se intuye levemente en el libro, pero cuando apareció en el film fue sorprendente. Durante toda la película, Allerton tuvo posturas y rasgos amanerados, y no hago responsable al actor, como sí al equipo artístico y de dirección.
El amaneramiento de Allerton es opuesto a lo que Burroughs quiere decirnos, a la construcción de ese personaje, para el cual nuestro protagonista, debe luchar muchísimo en conquistar. No me puedo imaginar qué será considerado marica en los 50', pero esa carita se delata sola, y parte crucial del texto es la ambiguedad del personaje, que puede tener algún gesto romántico e inmediatamente retractarse. Allerton no quería vivir un amor marica, quería otra cosa, algo que nunca es esclarecido, en ninguno de los formatos de la obra. Una contraposición osca en el estilismo podría haber remarcado esa ambiguedad, y que no nos sorprenda tanto la salida del closet heterosexual de este personaje, al menos no de la manera tan antinatural que propone cierta escena de la película.



4. La construcción de sentido
Quienes no han leído la novela les cuento: toda la última parte de la película es inventada. En el libro nunca comen ayahuasca, y todas las alucinaciones y secuancias similares, son producto del síndrome de absinencia al opio de Lee. Debe decirse, que esas secuancias surrealistas abundan muchísimo en la obra (toda la obra) de William Burroughs, y que Queer es una excepción, siendo quizás su texto más lúcido en términos narrativos.
¿Que quiere decir esto? Pues que el buen Luca Guadagnino, quiso hacer entrar rasgos comunmente asociados a la literatura Burroughiana en una película que justamente es particular y diferente en ese sentido. Entonces se inventó una secuencia medio onírica y disparatada, osando incluir detalles de la vida real del escritor.
Si yo fuera presidente, encarcelaría a Guadagnino por esa atribución en nombre del buen William. Demasiado me tuve que comer toda la pantomima romántica para venderle la película a un par de trolos aspiracionistas, como para encima tener que ver como juega a ser David Lynch con un par de secuencias disparatadas, como diciendo: no necesito explicar nada, haré un final que no requiera justificaciones narrativas ni argumentales.
Una de esas vaguedades es el sentido de lo incorpóreo.
5. Lo incorpóreo

Lee sentía deseo hacia la mujer a través del cuerpo del muchacho. «No soy marica —pensó—. Soy incorpóreo».
—¿Qué tienen que yo esté buscando, Gene? ¿Lo sabes?
—No.
—Tienen masculinidad, desde luego. Lo mismo tengo yo. Me quiero a mí mismo del mismo modo que quiero a los demás. Soy incorpóreo. Por algún motivo, no puedo usar mi propio cuerpo.
Lo recién citado es mencionado comenzando el último tercio de la novela. En la película, cambia el personaje que menciona esa frase, y es tomada como un cierre, como una contundencia en un momento importante del climax del film. No soy marica, soy incorpóreo, resuelve con algunas palabras arrolladoras una secuencia visual disparatada, que no daba mucho lugar al diálogo o a la coherencia. Y eso esta muy bien.
Acá le daré un profundo visto bueno al cineasta, logrando una construcción metafórica con distintos elementos, pero llegando a conclusiones similares que el libro. Lo incorpóreo como lo puro, como lo verdadero.
En la novela el problema de mostrar afecto, pero sentirlo fuertemente, es traspolado através de esta translucidez. Siempre que un personaje tiene algún tinte incorpóreo, es cuando más amor siente. De alguna manera, el amalgamiento de esa manteria fantasmagórica (¿álmica?) de los protagonistas, durante el viaje de ayahuasca (que repito, nunca pasa en el texto) hace mucho sentido con el deseo carnal, pero también afectivo que sentían, y que también se buscó transmitir, aunque de otra manera, en la novela.
Conclusión
Lo único que le puedo pedir a una obra basada en William Burroughs es que sea grotesca. Que sea disruptiva y muy muy maricona. Esta película queda a medio camino en casi todos esos aspectos. Y esto debido al exceso de pompas, a la falta de humildad, al paisaje presuntuoso de burgués de vacaciones que le encanta restregar a Guadanino cada vez que puede. Basta de lino y de varones hegemónicos heterosexuales besándose entre ellos, fomentamos el morbo de Guadanino cada vez que vemos estas películas. Y después nos quejamos de Berger…
Quiero destacar el inmenso labor actoral de Daniel Craig, que realmente se luce, y creo que es en el único aspecto en que esta película destaca por sobre la de Cronenberg (me es imposible despegarlas y compararlas entre sí, sabrán disculpar). También quiero agradecer que de alguna manera funcione como divulgadora del trabajo de Burroughs, en un mundo tan estático y revuelto en los malos sentidos, en los menos creativos, en los más degradantes, en el sentido político, por mencionar uno.
Y si fuera que la justificación reivindacativa del film, es que se trata de una obra compartida, y que Guadagnino debe dejar su impronta porque también es su película, diré que eligió el más somnoliento de sus recursos, el troloaspiracionismo aesthetic 🤮🤮🤮
La película no es mala. Me molesta mucho que un director, que busca plasmar una estética tan clean haya decidido adaptar al más cutre de todos. ¿Será que los maricones tenemos poca representación en la industria? Sin Ken Russell y con John Waters escribiendo libros nos falta representación, hasta confiaría en un Todd Haynes antes que en el tibiecito Luca.





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