(The Princess Bride, 1987) es una de esas raras películas que logran ser atemporales. Dirigida por Rob Reiner y basada en la novela de William Goldman, es una mezcla perfecta de aventura, comedia, romance y fantasía que, lejos de envejecer, sigue conquistando nuevas generaciones con su ingenio y su encanto. Es, en esencia, un cuento de hadas que no teme burlarse de sí mismo, pero que al mismo tiempo respeta la magia y la emoción de las grandes historias de amor y heroísmo.
Desde el inicio, la película deja claro que no es un relato de fantasía convencional. La historia es narrada por un abuelo (Peter Falk) a su nieto enfermo (Fred Savage), quien al principio no está interesado en "otro cuento cursi". Pero lo que sigue es una narración repleta de acción, duelos, giros inesperados y personajes inolvidables que mantienen al niño—y a la audiencia—completamente cautivados.
El eje de la historia es el amor entre Buttercup (Robin Wright) y Westley (Cary Elwes), dos jóvenes cuyo romance es interrumpido cuando él parte en busca de fortuna y es supuestamente asesinado por el temido Dread Pirate Roberts. Años después, Buttercup es obligada a casarse con el malvado Príncipe Humperdinck (Chris Sarandon), pero es secuestrada por un trío de bandidos: Vizzini (Wallace Shawn), un estratega arrogante; Íñigo Montoya (Mandy Patinkin), un espadachín español en busca de venganza; y Fezzik (André the Giant), un gigante de gran corazón.
Sin embargo, su captor es perseguido por un enmascarado misterioso que resulta ser Westley, ahora convertido en el legendario Dread Pirate Roberts. Lo que sigue es una serie de momentos brillantes que combinan aventura y humor con una ejecución impecable: el duelo de espadas entre Westley e Íñigo, cargado de respeto mutuo y diálogo ingenioso; el enfrentamiento de ingenio entre Westley y Vizzini, donde la inteligencia es el arma más poderosa; y la persecución a través del peligroso Pantano de Fuego.
Pero La princesa prometida no se contenta con ser solo una historia de aventuras. Su verdadera fortaleza radica en su tono metanarrativo y en su capacidad de equilibrar la parodia con la emoción genuina. La película se burla de los clichés del género sin dejar de honrarlos: el amor verdadero, los villanos caricaturescos, los héroes improbables. Y en medio de esta historia llena de humor y acción, encontramos momentos de verdadero sentimiento, como la icónica frase de Íñigo Montoya a su némesis: "Hola. Mi nombre es Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir."
La química entre Cary Elwes y Robin Wright es perfecta, con Westley encarnando al héroe clásico con un toque de ironía y Buttercup siendo mucho más que una simple "damisela en apuros". Mandy Patinkin, por su parte, roba cada escena en la que aparece, convirtiendo a Íñigo en uno de los personajes más queridos del cine.
El guion de William Goldman es una obra maestra de la comedia y la aventura. Cada línea de diálogo es citable, cada escena tiene un propósito, y la historia avanza con un ritmo impecable. Y, por supuesto, la película nos deja con una de las frases más románticas y sencillas del cine: "Como desees", que encapsula todo el amor de Westley por Buttercup.
Más de tres décadas después, La princesa prometida sigue siendo una película mágica, una historia que no necesita efectos visuales espectaculares ni giros oscuros para ser inolvidable. Su humor, su ternura y su sentido de la maravilla la




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