Gene Hackman: hombre duro, hombre blando 

Las circunstancias que rodean la muerte de Gene Hackman parecen sacadas de alguna de sus más prolíficas películas: policiales negros, persecuciones, hombre rudo contra hombre rudo. Porque, la verdad, los detalles de la escena del supuesto crimen (aunque todavía no se quiere arriesgar esa hipótesis) son escabrosos: Hackman fue hallado muerto en su habitación, mientras que su mujer, de 63 años de edad, fue encontrada momificada (!). Intuyo que es un término policial para asignarle a los cuerpos no sepultados algo de dignidad.

Hacía tiempo que Hackman había dejado el cine. En 2004, con setenta años, anunció su retiro. Quería dedicarse a escribir novelas y a pintar. Busqué algunas de sus novelas en Amazon y encontré títulos intrigantes como Pursuit (2013) y Payback at the Morning Peak (2011), títulos que parecen reforzar ese aspecto de hombre rudo en Hackman: policiales sin escrúpulos, poca paciencia, hombre de acción y de palabras hirientes. Su afición por la escritura venía de lejos: su primera pasión, por no decir oficio, fue siempre el periodismo. Incluso antes, cuando tenía 15 años, luego de ser abandonado por su padre a los 13, tal como contó en una entrevista en el Actors Studio.

Gene Hackman Is Utterly Captivating Opposite Al Pacino in This Grim Drama
Espantapájaros, con Al Pacino

Nacido en California en 1930, afianzado en Illinois —ciudad sureña a la que volvería en uno de sus papeles más recordados—, Hackman mintió para ingresar como marine en la guerra del 45 y fue destinado a cubrir vuelos, trabajo de oficina, monitoreo. Al regresar, pasó un tiempo merodeando por Nueva York y luego volvió al pueblo de su tía. Se anotó para estudiar producción y periodismo, pero algo lo atrajo del teatro y del cine: quizás su aspecto de hombre común, su forma de hablar directa y concisa, el contraste que generaba con la mayoría de los actores que asistían a una drama school, algo que estaba muy alejado de las búsquedas que en los años 70 los directores estaban haciendo: sacar las cámaras a la calle, mezclar la ficción con la realidad, contar historias con un pulso periodístico.

Hackman fue un actor ideal para esa camada de directores, incluso los menos conocidos. A los 30 años definió su vocación y entró en la Universidad de Pasadena, en California. Allí conoció a quien sería su amigo por muchos años: Dustin Hoffman. Luego de cinco papeles en cine, en 1967 tuvo una participación que no solo fue un parteaguas en su carrera, sino también en la historia del cine: la película que abrió las puertas a una nueva generación de cineastas que filmaban con el método de la Nouvelle Vague. Interpretó a Buck, el hermano de Clyde, en Bonnie & Clyde (1967), dirigida por Warren Beatty. La película fue un éxito y le valió la primera de sus muchas nominaciones.

Gene Hackman y Peter Boyle en La joven Frankenstein, 1974 ...
el Joven Frankenstein

Volvería a tocar el cielo con las manos, esta vez no como malhechor, sino como un policía con pocas pulgas: Popeye Doyle en The French Connection (1971), dirigida por el gran William Friedkin, quien murió hace relativamente poco. Hace poco volví a ver esta obra maestra. Si no la vieron, los envidio: es realmente una lección de cine, de cómo se puede llevar algo vivo a la realidad. Friedkin cuenta que Hackman era un actor duro, pero también sensible; había nacido y crecido en un contexto de mucha segregación racial y no le gustaba usar la palabra nigger, pero Friedkin necesitaba eso: necesitaba de un policía que hablara en los bajos fondos con la misma lengua del malón. Y Hackman se emborrachaba, pedía perdón, se deshacía cada vez que tenía que decir todo eso. Así compuso el personaje.

El papel le valió el Oscar, y de ahí en adelante, Hackman aprovechó su éxito para hacer plata por un lado (La aventura del Poseidón, 1972; Lex Luthor en Superman, 1978) y para explorar personajes y directores menores en grandes películas pequeñas como Cisco Pike (1972), Night Moves (1975) y mi preferida, Espantapájaros (1973), una película que obtuvo el Gran Premio de Venecia y en la que trabajó codo a codo con Al Pacino. Hackman daría otro papel notable que le valdría una nominación de la Academia: Mississippi en llamas (1988), dirigida por Alan Parker. Una película crucial para entender varias de las películas que están haciendo hoy con un woke wash del pasado o películas con estética nazi como The Order (2024), estrenada hace poco (muy, muy mala, por cierto).

Cisco Pike (1971)
Cisco Pike (1971)

Hackman, cansado, aparecería en la obra máxima de Clint Eastwood que le valió varios premios: Los imperdonables (1992), en donde interpreta a un sheriff corrupto que escupe de costado y mantiene una autocracia en su pueblo hasta que llega un asesino a sueldo contratado por unas prostitutas. Hackman había dudado en hacer el papel: estaba cansado de jugar al malo, al hombre rudo capaz de agarrar a alguien de los huevos para hacerlo cantar o de correr detrás de un traficante de heroína. Había hecho Wyatt Earp (1994) y estaba re podrido de un género que no hacía más que cantar, en cada nueva entrega, su canto de cisne agónico.

Por eso, acá, en este humilde homenaje, no voy a recordar solamente al Hackam asolado por la conspiranoia en La Conversación, esa obra total de Francis Ford Coppola de 1978. Voy a recordar al Hackman menos Hackman: al comediante. Le alcanzaron solo cinco minutos en El joven Frankenstein (1974) de Mel Brooks para demostrar que la comedia también era su fuerte. Algo que, por alguna razón, entendió Wes Anderson cuando escribió el papel de Tenenbaum pensando en él. A Hackman eso no le gustó: no le gustaba que nadie escribiera pensando en él, porque nadie lo conocía en verdad, le dijo. Y Wes Anderson no era el director hipster reconocido por miles de publicistas que es hoy, era un ñoño dientudo que vestía raro y que a Hackman, que había estado en la guerra, le cayó pésimo. Y, por supuesto, se lo hizo saber durante todo el rodaje. Hackman no solo lo maltrató, sino que lo trató de hipster hijo de su mami, y a cada indicación que recibía se le reía en la cara. Aun así, y quizás por esa tensión, la película sigue siendo de las mejores (sino la mejor) de Anderson: en donde los actores se pueden mover con un poco más de libertad y no forman parte del decorado que los supera.

Gene Hackman Nearly Quit Get Shorty Over A Scene That Was ...
Get Shorty

Pero mi favorita es Get Shorty (1995), dirigida por Barry Sonnenfeld. Hackman interpreta a un director de cine que no se termina de reponer de unos fracasos de taquilla y conoce a John Travolta, que le viene con la idea para una película. Travolta es un mafioso y hace lo que muchos mafiosos hacen: intenta llevar su historia de mafiosos a Hollywood. Para hacerlo, tienen que contratar al actor mejor pago de Hollywood, interpretado por Danny DeVito. Hay una anécdota del rodaje en la que Hackman se enoja porque, por contrato, había firmado que no hacía tomas nocturnas. Sonnenfeld necesitaba una sola toma y, luego de pelear mucho, a regañadientes, logró que Hackman la hiciera. Lo que hizo que estuviera de mal humor durante todo el rodaje.

Luego, en el estreno de la película, Hackman se acercó a Sonnenfeld y le dijo que había hecho un muy buen trabajo, sorprendente. Sonnenfeld no supo cómo tomar el elogio y agradeció.

—No —dijo Hackman—, en serio, pensé que eras un desastre y que no sabías qué estabas haciendo.

Sonnenfeld sabía que Hackman nunca hablaba en broma, así que volvió a agradecer.

—No, no entendés —dijo Hackman—. Es que si hubiera sabido que eras bueno, habría trabajado mucho mejor.

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