El cine de animación continúa creciendo a pasos agigantados y es una industria que parece estar año tras año en todo su esplendor. Sólo en los últimos años hemos visto historias originales como “Robot Dreams”, “The Peasants”, “Soul”, “Kensuke’s Kingdom” y precisamente en 2024, dos que me fascinaron: “Memoir of a Snail” y “Flow”, la cinta que nos trae a este artículo. En cada una de ellas, podemos ver un novedoso estilo de diseño (diferente entre cada una de ellas) pero lo que más me llama la atención es la narrativa tan arriesgada donde podemos encontrar desde reflexiones sobre la salud mental hasta los derechos animales. No hay dudas que muchos autores y productoras están apostando a este tipo de historias que para nada son apuntadas a niños, sino más bien brindan libertades completamente diferentes a las “live action”, permitiendo alcanzar otros límites.
Pero si te digo que una película animada, sin ningún diálogo, protagonizada por un gato negro en un diluvio casi bíblico, puede convertirse en una coming-of-age y tenerte con el corazón en la boca durante casi una hora y media, ¿me creerías? Bueno, si creés que estoy siendo exagerado, es porque no viste “Flow”, una de las grandes cintas animadas de los últimos años y que cuenta con un enorme reconocimiento mundial por espectadores, expertos y ha conseguido varios premios y nominaciones (incluyendo los próximos Premios Óscar donde está en la categoría mejor película animada y hasta en la de mejor película extranjera por Letonia). Se destaca no sólo por su innovador estilo en su diseño (usa un software gratuito llamado Blender), sino también porque no posee ningún tipo de diálogo (al menos, que los humanos entiendan) y en ella se recrea -parcialmente- el arca de Noé junto con una inundación de proporciones bíblicas.
En ella, esta catástrofe natural azota lo que parece ser una selva y si bien no vemos en ningún momento la aparición de humanos, podemos ver ¿restos? de una civilización que supo tener herramientas, casas y decoraciones, pero no parece que hubiese sido abandonada hace poco ya que la naturaleza ya había empezado a llenar esos lugares; los árboles y el pasto crecieron y los animales (salvajes y adiestrados) ahora son todos libres y conviven (o intentan hacerlo) en completa armonía. En esta historia, el protagonista es un gato negro que pareciera haber tenido dueño, ya que siempre que está en peligro o quiere descansar, vuelve a una casa, donde duerme en una cama. Hay restos de dibujos y de esculturas talladas en madera pero, vuelvo a repetirlo, no hay personas. Cuando todo parecía marchar en tranquilidad o normalidad, una inundación ataca de la nada a la comunidad de animales, lo que pone en peligro a todos. Varios logran escapar y sobrevivir y poco a poco van juntándose en un barco que naufragó.

Si bien la coincidencia bíblica con el mito del Arca de Noé está a simple vista, la coincidencia queda solo en la inundación y en un barco, porque luego no tiene mucho que ver con lo que acontece en esa leyenda: en “Flow” vemos como un carpincho, un lémur, un perro y un pájaro secretario (tuve que buscarlo porque no conocía qué ave era). Todos, claramente, de naturalezas completamente diferentes y de “personalidades opuestas” en la que convergen por un buen rato en ese barco. Esta película puede convertirse tranquilamente en una “coming-of-age gatuna” porque literalmente, vemos como el protagonista comienza un camino de cambios y aceptación sin mediar una palabra. Como cualquier gato, es reacio y asqueroso ante la mugre de un carpincho o la energía de un lémur, y al ser -en apariencia-, un animal doméstico, tampoco sabe cazar. Todos estos detalles comienzan a moldear su nueva “personalidad” y de a poco entiende cómo convivir con otros animales y entender cómo funciona esta nueva vida para él. Este camino también nos deja reflexionando todo el tiempo sobre el poder de la naturaleza y no parece ser una amenaza, simplemente está ahí y convive con los animales.
Sin embargo y a pesar de estas reflexiones que a simple vista están ahí y funcionan de esa forma, “Flow” nos da una segunda capa y es el significado de cada rol de los animales: el gato evoluciona constantemente como ya dije antes pero también nos muestra ese costado de individualidad y casi egoísmo que sin embargo, se va rompiendo mientras transcurre la historia. Pero no es el único que tiene cambios o una personalidad marcada en la cinta: el perro comienza como un seguidor dependiente de otros animales pero conforme avanza la cinta, comienza a ganar confianza y ayudar a los demás. El carpincho es un mentor, un ser en paz y dispuesto a ayudar todo el tiempo pero sin entrometerse en la vida ajena, esperando a ganar la confianza de los demás.
Pero probablemente, los dos animales que más nos llaman la atención son el pájaro secretario y una especie de ballena que sigue a este peculiar grupo constantemente. El ave, por un lado, es una cazadora de pequeños roedores, insectos y peces, sin embargo me llamó la atención la elección particular de este tipo de pájaro y en la búsqueda de entender qué animal era, nos da una información casi vital para entender en dónde transcurre la historia y según el hábitat de esta ave, sólo vive en África. De hecho, en este continente es considerado un animal que representa protección, astucia y fuerza, algo que en “Flow” es vital y sirve como mentor para el gato. Por el otro lado, tenemos a esa ballena pero que en realidad es un leviatán (un animal marino fantástico) y es el único que no pertenece a la vida real: el director de la película confirmó que se trataba de esa criatura mitológica y que está para representar lo desconocido y el miedo del gato. Por más tenebroso que pueda resultar este gigante, ayuda en varias ocasiones al protagonista y hay una conexión final muy importante cuando el agua vuelve a bajar y el leviatán queda encallado en la tierra: cuando está a punto de morir, el gato se acerca y, sin miedo alguno, se conecta por unos segundos con este “monstruo”, simbolizando el crecimiento durante todo este viaje.

Gints Zilbalodis es el amo y señor de “Flow”: fue el director, escritor, productor, editor, director de fotografía y de arte y compositor musical y todo lo hizo en un programa libre y de código abierto, lo que le da muchísimos puntos extras a esta película que no parece tener ni un punto flojo. El reconocimiento que ha ganado y sigue cosechando alrededor del mundo está a la altura de una obra magnífica y cargada de una sensibilidad absoluta, de esas películas que une al mundo entero y no deja indiferente a nadie. Tan increíble es que Letonia ha decidido que sea la competidora oficial en los Premios Óscar como mejor película internacional y también está nominada en la categoría a mejor largometraje animado: ¿logrará ganar?
Agustín López | Periodista | Crítico | Creador de contenido
+ cositas en Red Apple Cine 👈




¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.