Nunca había visto los Oscar. No por desinterés en el cine —todo lo contrario—, sino porque siempre tuve la sensación de que las premiaciones no son más que un juego de apariencias, una ceremonia de autocomplacencia donde los méritos reales quedan a menudo enterrados bajo capas de marketing, poder e intereses. Pero este año, decidí cumplir con este desafío, sentarme y mirar.
Antes de mirar la ceremonia, enfrenté mis propios interrogantes y sacarme las dudas que siempre tuve, pero que por desinterés o escepticismo, nunca me había detenido a investigar.
Son los Oscar premios de calidad?
Y, según lo que fui descubriendo, no necesariamente. Aunque buscan premiar "lo mejor" del cine, no siempre la calidad es el factor decisivo. Hay campañas millonarias detrás, intereses de estudios, estrategias publicitarias, y hasta cuestiones políticas o sociales que influyen en los votos. Muchas veces, las películas más arriesgadas o innovadoras quedan afuera por no ser lo que la Academia quiere premiar ese año. Así que no, ganar un Oscar no significa automáticamente que una película sea superior, aunque sí suele garantizarle reconocimiento mundial.
Quien elige las pelìculas ganadoras?
Y leí, que las nominaciones son elegidas por los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, que son unas 10.000 personas de distintas áreas del cine: actores, directores, guionistas, técnicos, productores, etc. Cada rama vota en su categoría (los actores nominan actores, los directores a los directores, y así). Y luego, en la votación final, todos los miembros pueden votar en todas las categorías.
Es justa la elección , o , ha habido injusticias?
Repasando las premiaciones ,claramente ha habido muchas injusticias. Películas olvidadas, actores ignorados, obras maestras que no fueron reconocidas, o premiaciones que respondieron más a la corrección política del momento que al cine mismo. Encontramos casos como Ciudadano Kane, que perdió frente a una película que hoy pocos recuerdan, o más reciente, como la omisión de directores y películas de otras culturas durante décadas. Sin embargo, hubo momentos donde los Oscar parecieron romper con su propia tradición, y Parasite fue uno de esos casos únicos.
Muchos vieron este triunfo como un intento de la Academa a abrirse al cine global, pero tambien para otros fue inevitable preguntarse si ese gesto fue, en parte, una forma de limpiar culpas acumuladas después de años de críticas por su falta de diversidad y apertura.
Por qué no proyectan estrenos?
A diferencia de Cannes, donde el corazón del evento es la proyección, cineastas y público especializado viajan para ver películas nuevas, algunas que nadie más vio hasta ese momento. Hay aplausos, abucheos, debates. En cambio, los Oscar son más bien, el broche de oro para producciones que ya compitieron por la taquilla o el prestigio crítico.
Y entendí que los Oscar no son un festival de cine. Son un show televisivo. El objetivo principal es entretener durante tres o cuatro horas, mantener la atención del público global, vender publicidad. No hay tiempo para profundizar ni para sumergirse realmente en las obras. Apenas vemos breves escenas, como un tráiler dentro de una gala que avanza a toda velocidad.
Entonces llegué a la pregunta clave: ¿De qué sirve un Oscar?
Para contestar esta pregunta, espere a ver la gala, y entendí que para una película, puede significar llegar a públicos que de otro modo jamás la hubieran visto. Para actores y directores, es prestigio, contratos millonarios, para directores, libertad creativa para futuros proyectos.
Fuí testigo de la emoción de aquellos que al ganar alcanzaron la cima de la industria , pasando a la historia del cine y ser recordado por generaciones.
Como primera experiencia, fue grato descubrir que muchas de las películas premiadas coincidieran con mis propios gustos. No sabía bien qué esperar, pero me encontré siguiendo la ceremonia con cierto entusiasmo, sorprendida de estar de acuerdo con varias decisiones de la Academia. Si tuviera que elegir el momento que más me emocionó, sin dudas fue gracias a Flow.
Al final, la noche me dejó algo inesperado, ganas de volver a ver los Oscar el año próximo. Y, más allá de mis dudas sobre la justicia o el sentido de los premios, entendí que, al menos por una noche, también se puede disfrutar simplemente como espectador, dejando de lado las preguntas y entregándote a las historias.




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