¿Realmente alcancé mi final feliz?  

Por fin!!! Logré conseguir un trabajo que me permite darle a mi hijo una estabilidad, no tendremos que volver a dormir en el baño del subterráneo, ni en pensiones de mala muerte donde la pasábamos tan mal. Por fin valió la pena todas las noches que estuve en vela tratando de hacer funcionar mi invento, al fin me dieron los frutos que esperaba, y por un tiempo tuve la felicidad y la tranquilidad que tanto anhelaba para mi y para mi familia.

Sin embargo, como todos ya sabemos y hemos escuchado mil veces, “nada dura para siempre”.

La empresa para la que yo trabajaba sufrió un cambio que afectó a la mayoría de sus empleados, un empresario estadounidense le ofreció una suma exorbitante al dueño de la compañía que fue casi imposible de rechazar, a raíz de ese trato, muchas vidas cambiaron, principalmente la mía y la de mi hijo.

Los nuevos directivos decidieron hacer recorte de personal para poder lograr sus objetivos de ingresos, y como se veía venir, los más afectados fuimos los que estábamos ene el fondo de la pirámide. Nos obligaron a firmar una renuncia, amenazándonos con que si no lo hacíamos, no nos iban a dar ni un peso de liquidación, así que con lágrimas de furia y tristeza en mis ojos, firmé el bendito papel.

Así fue como volvimos al principio, sin estabilidad financiera, con preocupaciones constantes y con noches de insomnio, y a pesar de que me dieron liquidación, si no encontraba otro trabajo en los próximos tres meses quedaríamos en las calles. Las siguientes semanas después de que me despidieran no fueron nada a comparación de mi situación actual, poco a poco todo fue en decadencia, empezando porque muy rápido tuve que empezar a hacer recortes de presupuesto y a elegir entre el techo y la comida.

Al ver que cada día recibía expresiones de desprecio y risas de burla en mi cara por el simple hecho de solicitar empleo me vi en la necesidad de empezar a pedir limosna en la calle, a dejar atrás mi orgullo y vivir de la caridad de las personas. Como si no fuera suficiente, los del servicio social pusieron sus ojos encima mío, y en un abrir y cerrar de ojos levantaron un juicio en mi contra por tener a mi hijo en condiciones tan deplorables, me parecía increíble que me quisieran arrebatar lo único por lo que me levantaba todos los días, y al no tener suficientes argumentos para que se quedara a mi lado, terminé perdiendo el juicio y mi querido hijo fue llevado para un orfanato. Sinceramente, esa fue la gota que derramó el vaso, ya sufría de depresión y de ansiedad, pero el no tener a mi hijo a mi lado fue el golpe más duro que he tenido en toda mi existencia, yo le quería dar todo lo que él quisiera porque se lo merecía, pero ni siquiera una vida digna fui capaz de darle.

Así fue como terminé en este punto, a la orilla de un puente, pensando en todos mis fracasos, en que los años de esfuerzo que había hecho no habían servido de nada, en que la vida es muy injusta, y en que si ya no tengo a mi hijo no tengo razones para seguir viviendo, de todas maneras, tenía esperanzas de que una familia de buenos recursos adoptara a mi hijo y le dieran lo que yo no pude darle, eso me traía un poco de paz. Supongo que ya no tengo nada más que hacer en este mundo, me doy por vencido, hasta aquí llega mi búsqueda de la felicidad.

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