Desperté con una extraña sensación, como si el mundo hubiera sido rebobinado. El aire olía a polvo viejo y celuloide. Abrí los ojos lentamente y me encontré en una cafetería que no reconocía. Todo se veía… raro. El ambiente tenía un tono sepia, como si alguien hubiera puesto un filtro antiguo sobre la realidad. Sonaba jazz suave desde un tocadiscos al fondo y la gente hablaba con una cadencia forzada, como si cada palabra hubiera sido ensayada.
Me miré las manos. Llevaba un traje oscuro, guantes de cuero, y al tocar mi rostro sentí una cicatriz sobre la ceja izquierda que no recordaba tener. Frente a mí, una taza de café humeaba. En la barra, una mujer de labios rojos y mirada fatal me observaba con intensidad.
—Detective Knight —dijo con voz grave—, el caso no va a resolverse solo. Tenemos hasta la medianoche.
“Detective… ¿qué?”, pensé. Miré a mi alrededor, desconcertado. Todos seguían sus movimientos como autómatas, demasiado perfectos. Me levanté y caminé hacia un espejo colgado en la pared. Mi reflejo me devolvió la mirada de un hombre que no era yo… pero también lo era. Parecía un personaje sacado de una película de los años 40. Y entonces lo entendí: estaba dentro de una película.
Busqué en mis bolsillos. Encontré una placa con mi nombre —Richard Knight—, un encendedor grabado con esas iniciales, una libreta con pistas, y sí, una pistola. Nada parecía falso. Todo tenía peso, olor, realidad. Demasiada realidad.
Intenté romper la escena, decir algo absurdo, salirme del papel:
—¿Alguien ha visto mi celular?
Todo se congeló. Literalmente. Las personas se quedaron quietas, los sonidos se detuvieron, incluso el humo del café quedó suspendido en el aire. De pronto, una voz tronó desde el techo:
—¡Corte! ¡Otra vez no, Richard! ¡Sigue el guion!
Una cámara bajó desde el techo. Luces se encendieron. Al fondo, alguien sostenía una claqueta. Yo estaba siendo dirigido. Era el protagonista de una película que no recordaba haber aceptado.
Volví a sentarme, sin entender. Y, de pronto, el mundo se rebobinó. El café volvió a llenarse solo, la mujer volvió a decir su línea, y el jazz empezó de nuevo desde el primer compás.
Me di cuenta entonces: estaba atrapado en un bucle narrativo. No podía salir hasta que la historia terminara… y para que eso pasara, tenía que seguir el guion.
Tomé un sorbo del café, respiré hondo, y respondí con mi mejor voz de detective:
—Dígame lo que sabe, señorita. Esta noche nadie duerme hasta resolver el caso.
Si quería despertar, primero tenía que llegar al final.
Pero algo dentro de mí no quería solo actuar. Quería encontrar quién escribió esta historia. ¿Quién decidió que yo era un personaje y no el autor? Tal vez, si llegaba al final… no solo podría despertar, sino reescribirlo todo. Y esta vez, sería mi historia.
Sinopsis:
Richard despierta en una extraña versión en sepia del mundo, atrapado en el cuerpo de un detective de cine negro. Pronto descubre que no está soñando, sino actuando en una película… sin haber aceptado ningún papel. Atrapado en un bucle narrativo donde todo se reinicia si se sale del guion, Richard deberá resolver un misterioso caso antes de medianoche para tener una oportunidad de escapar. Pero mientras avanza en la trama, una pregunta lo persigue: ¿y si encontrar al asesino no fuera el final, sino el verdadero comienzo?


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