Vivamus ludum 

Mucho hablan de las historia de ciencia ficción de Holliwood, pero pocos se interesan el Perú, país en el que justo tiene desenvolvimiento esta historia.

Nos encontramos en una mañana de 2025, en la selva alta de Perú, donde una tribu originaria en medio de uno de sus ritual, habían colocado a uno de los nativos en el centro, este sujeto se habían ofrecido y después sucedió que otros más se ofrecieron y, como ninguno llegaba a ceder, el curaca decidió que los cinco se enfrentaran a un duelo a muerte, todos contra todos, y el que sobrevivía recibía el honor de ser sacrificado.

Cada uno, escogió un cuchillo de piedra de su preferencia, fue entonces que se dió la pelea. Ya acercándose el final de esta fue que solo quedaban el primero que se ofreció, el cual era un niño que ya se estaba desangrando, y otro aldulto que solo tenía una que otra herida abierta. Raramente para la tribu, aquel nativo se hizo una profunda herida en el cuello y se dejó desangrar para que así pueda cumplir su sueño el niño.

Tras haber terminado la pelea, colocaron cuatro estacas en el suelo y, a ellas, amarraron las cuatro extremidades del pequeño. Después, se abrieron los cuerpos de los muertos en la pelea, les sacaron las tripas y con ellas formaron un círculo grande alrededor del niño, la sangre de los fallecidos, se la esparció por la cara el curaca al niño para, luego, cortarle la cara y que las sangres se mezclen; sin embargo, esta vez ocurrió algo peculiar. El menor empezó a moverse de una manera anormal si estuviese endemoniado; la tierra se movía; los árboles se movían, de tal manera que formaron un círculo alrededor de la tribu; se habrió el cielo; todos los nativos se espantaron; y entonces fue que un rayo le cayó al menor, matándolo de una. El centro del rito, se volvió un tablero circular como si fuese un juego de mesa gigante; y los cuerpos de los nativos caídos, en estatuas que se colocaron en distintas partes del tablero; mas el niño del centro seguía en la misma posición, muerto y totalmente ensangrentado.

El curaca se acercó, y una fuerza lo al tablero, este intentó salir, mas no puedo; pareciese como si hubiese un campo de fuerza, los nativos pensaron que eran los dioses.

Todos intentaron rápidamente irse, mas fue en vano, pues el tablero se agrandó 100 veces y terminaron dentro de él.

A cada nativo le cayó un hoja, del cielo, en la mano; en esta decían las reglas del juego y qué hacer para ganar.

Los nativos se dividieron en cuatro grupos, y fue entonces que las estatuas cobraron vida, pues cada grupo de nativos tenía que luchar contra un los 4 caídos. Al final solo quedaba un grupo y un caído, de los cuales solo sobrevivió el curaca y que derrotó al último de los caídos, pero gusto cuando iba a apedrear el cadaver del niño, este volvió a la vida, se volvió una serpiente y le inyectó su veneno al curaca.

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