La isla de los faisanes (2025), ópera prima de Asier Urbieta 

La ciudad de Donostia-San Sebastián es conocida, entre otras cosas, por acoger el único festival de cine de Clase A, que se celebra a lo largo del mes de septiembre y otorga el reconocimiento de la Concha de Oro a la Mejor película. Sin embargo, quizás no es tan sabido que en el mes de abril, la ciudad organiza otro certamen cinematográfico y, con esta edición, lleva nada menos que veintidós ediciones a sus espaldas.

El 22.º Festival de Cine y Derechos Humanos tendrá lugar entre el 4 y el 11  de abril - Kulturklik

Este mes de abril, la ciudad de Donostia-San Sebastián ha celebrado la 22ª edición del Festival de Derechos Humanos, un certámen cuyo objetivo es “activar la conciencia crítica de la ciudadanía ante las vulneraciones de los derechos humanos e impulsar que las personas actúen para transformar la sociedad”. Organizado por el Área de Derechos Humanos del Ayuntamiento, en el festival colaboran y participan en coloquios y charlas numerosas organizaciones como Unicef, Acnur y Zehar.

Desde el día 4 al 11, el festival proyectó un total de 48 películas de 25 nacionalidades, y entre todas ellas, vió la luz por primera vez La Isla de los Faisanes (2025), la ópera prima de Asier Urbieta.

Faisaien irla (La isla de los faisanes) (euskaraz) > ficha de la película  en golem

Tras haber dirigido la miniserie Altsasu (2020), producida por ETB y Baleuko, y disponible en la plataforma Filmin, Urbieta presenta su primer largo y continúa reivindicando que lo suyo es el cine social. No se aleja del conflicto y vuelve a la tierra como lugar identitario, en el que la nación pierde algo de su sentido y se presenta en una nebulosa llena de interrogantes.

Faisaien Irla (La isla de los faisanes) » Academia de cine

Jone Laspiur, Sambou Diaby, Itziar Ituño y Jon Olivares protagonizan un film que nos habla de un conflicto real que va más allá de la tierra y que sucede en el territorio que comparten España y Francia. A lo largo de la frontera de ambos países, Irún (España) y Hendaya (Francia) conviven frente a frente y se miran desde cada orilla del río Bidasoa. Es precisamente en mitad de este río donde se encuentra la Isla de los Faisanes, un pequeño terreno flotante de no más de doscientos metros de largo en la que no vive nadie.

Esta diminuta Isla es el territorio con dominio compartido más pequeño del mundo, pero no por ello irrelevante históricamente. De hecho, en 1659 sus tierras fueron testigo de la firma de la Paz de los Pirineos, con la que ambos países pusieron fin a sus disputas y establecieron sus fronteras.

Doscientos años después, en la firma del Tratado de Bayona de 1856, España y Francia pusieron punto final a sus disputas y acordaron la “custodia compartida” de esta pequeña isla que tantos conflictos estaba generando entre sus pescadores. A partir de 1901, la Isla de los Faisanes comenzó a ser posesión de España desde el 1 de febrero al 31 de julio, y de Francia del 1 de agosto al 31 de enero. Una tradición que sigue siendo administrada de esta manera hasta la actualidad y no por ello ha dejado de generar conflictos. La película es un buen ejemplo de esto.

En este contexto, Laida y Sambou cruzan la frontera a diario. Quizás trabajan a un lado y hacen vida al otro. En el puente, una patrulla policial hace guardia permanentemente y los conflictos raciales son el pan de cada día. Una mañana en la que dos jóvenes tratan de cruzar la frontera atravesando a nado el río, la pareja escucha gritos de auxilio. Alguien parece estar ahogándose y Laida, sin pensárselo dos veces, salta al río. Sambou se queda paralizado en la orilla. Finalmente, Laida consigue salvar a uno de ellos y días después, el cadáver del otro joven aparece en la Isla de los Faisanes, coincidiendo con el intercambio de soberanía de la isla.

La isla de los faisanes - película: Ver online

A partir de aquí, la película nos plantea una pregunta: ¿Quién se hace cargo? Pero el espectador pronto se dará cuenta de que su objetivo no es dar respuesta a la misma, pues ni la propia película lo hará. ¿Cuáles son los límites de las responsabilidades? ¿Dónde queda el sentido de las fronteras cuando se vulneran los derechos humanos? ¿Hay algo que esté por encima de las vidas humanas?

La película

A trompicones y de forma confusa al inicio, este se convierte también en el conflicto de la pareja protagonista. Pero la película consigue ofrecer un mapa de realidades diversas en el que no conduce la mirada del espectador a un único posicionamiento. Si bien no podríamos decir que muestre una neutralidad política, Urbieta se esfuerza por presentar la vivencia de un modo concreto. Y es de esta manera como va introduciendo la realidad de los jóvenes racializados, la exclusión, los ghettos, el trabajo de las organizaciones y asociaciones que tratan de ayudar, la impotencia de Laida y el miedo de Sambou.

Sin embargo, hay ciertos momentos algo peligrosos en los que la película se acerca a lo que se conoce como el “complejo del salvador blanco”. Laida, con toda su buena intención, se compromete con la injusticia acontecida en el Bidasoa y comienza a implicarse personalmente en la resolución del caso. En un túnel que parece no tener fin, una vez que el cadáver aparece, Laida se compromete a encontrar al joven que salvó para contarle lo que sucedió con su compañero y, a partir de aquí, su compromiso con la situación de los jóvenes comienza a darle sentido a su vida, a su relación y a su trabajo. Asier Urbieta juega en esta zona liminal, pero consigue salvarlo y alejarse del peligro gracias a un desenlace con tintes poéticos y festivos en plena noche de la Quema de la Sardina.

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La isla de los Faisanes (2025) ha sido presentada como un thriller de tinte social y político, algo que cumple a nivel formal, estructural y temático. Podría decirse que, a mitad de la película, el ritmo decae y se centra en el enfado de la pareja, alejándose del conflicto por unos minutos. De esta manera, Urbieta consigue volver concreto y personal una disputa que más que de territorios, va de personas y de realidades humanas que están siendo violentadas.

La Isla de los Faisanes

El poder que se le otorga a lo personal y privado de los protagonistas tiene un sentido y lo adquiere al final de la película. Laida y Sambou trabajan en el oficio familiar de ella, encargándose de la construcción de gigantes y elementos del carnaval de la ciudad. A lo largo del film, Urbieta refleja el conflicto de la pareja en su lugar de trabajo, haciendo que el espectador asocie de alguna manera la distancia entre ambos con su relación con el oficio. Y no es baladí que se trate de algo tradicional, familiar y artesano. Cuando la cabeza de Laida está en intentar esclarecer lo acontecido en el río, se aleja del trabajo y es Sambou quien se encarga de sacar adelante los últimos encargos para la noche de la Quema de la Sardina. El oficio marca una cuenta atrás, que a su manera organiza el tiempo de la acción y marca la urgencia del conflicto.

La Isla de los Faisanes

Pero cuando ambas partes parecen volver a ponerse en sintonía, Urbieta lo presenta acertadamente también a través de estos mismos códigos. En una especie de caballo de troya que no revelaré, pues es uno de los puntos más bellos de la película, Laida y Sambou ponen un punto de luz a este conflicto que todavía sigue vivo. Y al que, como decíamos al principio, la película no consigue dar respuesta pero lo acerca con una belleza, como una poesía cargada de esperanza y corazón.

Nahia Sillero.

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