la torre de babel 2189 

Título. Sinopsis: La torre de Babel 2189

Un día tranquilo, como todos los días, me acuesto a dormir a las 11 de la noche, pero esta vez más temprano de lo normal; casi siempre me acuesto a las 12 o 1 de la madrugada. Tenía una pequeña fiesta del trabajo después del horario, a las 6 de la tarde. Me fui de la fiesta a las 10:30 de la noche. Me sentía un poco mal, pero no era por el alcohol: parecía que me habían echado algo en la bebida y no me di cuenta. Me sentía mareado y con ganas de vomitar, por eso decidí irme; solo había bebido bebida energizante, precisamente ese día no quería tomar alcohol.

Cuando llegué a mi casa, me acosté tal como llegué. En menos de 10 minutos me dormí profundamente y me desperté a las 6 de la mañana por un sonido retumbante. Me levanté confundido; no sabía dónde estaba. De repente, vi las nubes por las ventanas. No lo entendía: no era mi casa. Desperté en una especie de edificio tan alto que estaba por encima de las nubes, y yo me encontraba en una pequeña parte de ese gigantesco edificio.

De pronto llegó un pequeño robot a mi apartamento y me dijo que tenía que salir y dirigirme al ascensor. Yo, confundido, le hice algunas preguntas, pero él solo se limitó a repetir que debía salir y dirigirme al ascensor. Cuando me decidí a salir, vi a muchas personas caminando hacia el ascensor con una vestimenta extraña, futurista; yo también llevaba esa misma ropa, pero nadie se hablaba, solo se dirigían al ascensor.

Al entrar, reconocí algunos rostros, pero ellos no parecían reconocerme a mí. Confundido y sin respuesta, intenté dialogar, pero todos me ignoraron. Cuando el ascensor llegó a su destino, se abrió y vi una luz cegadora al frente, y una voz que nos indicó que nos pusiéramos los audífonos que llevábamos en el bolsillo.

Al colocármelos, escuché una voz en off que explicó todo:

“Queridos amigos, estamos aquí por nuestra supervivencia y necesitamos su colaboración para poder sobrevivir. Estamos en la torre de Babel del año 2189. La mitad de la población sobrevivió gracias a ella, pero para que siga funcionando, tenemos que trabajar todos los días. En 2089, unos científicos descubrieron que el mundo se iba a acabar en unos cien años por una radiación solar que llegaría para destruir el planeta, y teníamos que prepararnos. Sin embargo, era muy poco tiempo para construir naves y mudarnos a otro planeta, así que la solución fue erigir una torre de Babel, no para alcanzar a Dios, sino para refugiarnos dentro y sobrevivir al periodo de radiación, estimado en unos cincuenta años.”

Continuó diciendo que necesitábamos salir al exterior con trajes especiales para darle mantenimiento a la torre. Como en toda sociedad, los de abajo eran los más pobres y los de arriba los más ricos; en el medio, la clase media. Yo, muy confundido, salí a hacer mi trabajo sin quejarme; ellos me indicaron lo que debía hacer. Cuando terminé, todos nos dirigimos a nuestro hogar, pero de camino yo secuestré a una persona para que me explicara qué estaba pasando, porque desperté en ese lugar tan real para mí; no podía creer que no fuera un sueño.

La persona que había secuestrado me habló, pero yo no lo entendía, así que la amenacé. Entonces me indicó que me pusiera los audífonos, y al hacerlo pude comprenderlo:

—No me hagas daño, por favor. ¿Por qué haces esto? Te van a hibernar.

—¿Qué es hibernar?

—Es dormir por un largo tiempo, como una especie de prisión; lo usan comúnmente para cumplir una condena y ahorrar insumos: comida, agua, apartamento, etcétera.

Le pregunté por qué sucedía esto si yo me acosté y desperté aquí. Me respondió que siempre había sido de aquí, que muchas personas me conocen pero no me hablan por lo que cometí en el pasado, que me durmieron por más de mil años y cumplí mi condena, y que ahora me habían despertado para que siguiera con mi vida como todos aquí.

No lo podía creer. Él me explicó que mil años dormido equivalían a unos veinte años en la “vida real”, y que esa “vida real” era la de la torre. Sorprendido, comenzaron a venirme recuerdos de vivencias en esa torre, y él me mostró algunos videos míos; entonces empecé a recordar.

Descubrí que yo era agente, al igual que mi esposa, y que ella desarrolló una enfermedad que ocultamos porque en ese lugar a los enfermos los hibernaban hasta hallar una cura. No soportábamos esa idea, así que lo mantuvimos en secreto; cuando la verdad salió a la luz, nos hibernaron a ambos.

Ya sabiendo la verdad sobre mi vida, dejé ir a la persona que secuestré y comencé a vivir mi vida buscando la forma de traer a mi esposa de vuelta. Había una opción para ver cómo iba su hibernación: era feliz y no se acordaba de mí. Decidí no despertarla y abandonar esa opción, prefiriendo mi sufrimiento a que perdiera su memoria.

Más tarde, en las noticias hablaron de algo grave: algunas personas estaban desapareciendo sin dejar rastro. La torre estaba sobrepoblada y la comida escaseaba; el gobierno no intervenía porque a más problemas, más asesinatos, y eso reducía la población. Un ministro propuso que, si estábamos hechos de carne, podíamos comer a los difuntos. La población se estremeció ante esa idea: unos estaban de acuerdo y otros la rechazaban.

El canibalismo venía ocurriendo desde hacía décadas: los más ricos contrataban secuestradores para privar de libertad a los más pobres y luego comérselos. Las noticias sobre canibalismo se multiplicaron, y la situación se salió de control; ni el gobierno pudo intervenir.

No todo fue malo: el problema de la radiación se restableció y la mayoría de la población pudo salir a vivir afuera, aunque no había animales ni frutas, así que el canibalismo continuó. Los más ricos decidieron irse a otro planeta, pues tenían naves; al principio no optaron por esa opción porque lo tenían todo bajo control en la torre, pero la crisis los obligó a marcharse.

El canibalismo derivó en guerra entre los que comían a sus seres queridos y los que se oponían. Pasaron algunos años; los caníbales eran mayoría, así que convencí a una pequeña parte de la población de hibernarnos y despertar años después, a ver si la situación mejoraba.

En la sala de hibernación, una vez cerrada la puerta, nadie podía entrar ni manipular las máquinas; solo nosotros, los hibernados. Al despertar, podíamos abrir y liberar a los demás. Así lo hicimos: nos dormimos, pasaron algunos años, y cuando salimos, el mundo ya no era el mismo. Los humanos caminaban diferente, hacían ruidos extraños, andaban con flechas y le temían al fuego como si fuera su dios. Veía cómo cogían objetos como celulares y calculadoras y se los llevaban a la boca como si fueran comida; estaban tan cubiertos de pelo que parecían simios.

Asombrados, decidimos aislarnos en el bosque y tratar de sobrevivir frente a esos seres que parecían animales y eran caníbales. Un tiempo después vimos una luz en el cielo: eran las naves de los que se habían marchado, que ahora regresaban. Al aterrizar, los caníbales los salieron persiguiendo la luz.

Cuando salieron, empezaron a pelear entre ellos; los míos y yo decidimos no intervenir. Tras largo tiempo de batalla, los caníbales vencieron, acabaron con todos y no supieron manipular las naves. Entonces, mi grupo y yo entramos en las naves y partimos rumbo al lugar de donde ellos venían.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 18
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.