Si hablamos de momentos icónicos del cine, no podemos no mencionar:
La 1er escena de Bastardos sin gloria.
"La visita de Hans Landa"
Inglourious Basterds, Bastardos sin gloria o Malditos bastardos es una película de Quentin Tarantino que vió la luz por primera vez en el 2009.
Aparte de un elenco talentoso y variado, una gran dirección, banda sonora, guión y demás atributos que tiene esta película, hay algo que la hace destacar por sobre todo lo demás… el trabajo y la química de Christoph Waltz y Denis Ménochet
Si no viste esta película, te invito a verla y después volver a este articulo porque no quiero arruinarte la magia de esta historia.
La llegada
Todo comienza en una alejada campiña francesa (plano amplio de un lugar verde y sereno) donde viven Perrier LaPadite, un hombre de campo y sus tres hijas. Mientras todos están trabajando como cualquier día normal, vemos a lo lejos acercarse un solitario convoy de un auto y dos motocicletas.
Al llegar, reconocemos los uniformes: Nazis. Tres soldados y un coronel que se presenta cordialmente hablando en francés, como Hans Landa.
El coronel le consulta a LaPadite si puede pasar para conversar y este acepta. Una vez dentro, se sientan en la mesa de la cocina y le presenta a sus hijas, quienes lo atienden cuando este les pide un vaso de leche. Luego les pide que se retiren porque tiene que hablar unos asuntos importantes con su padre.

El interrogatorio
El motivo de la visita de Landa, era simple: Encontrar a la familia Dreyfus, unos judíos que se sabía vivían por esa zona.
Luego de beber su vaso de leche, saca una libreta, su pluma y su tintero y los coloca de forma muy ordenada en la mesa. Moja su pluma y comienzan las preguntas.
- ¿Escuchó hablar de los Dreyfus? - Los conocía
- ¿Sabe dónde están? - Escuché que huyeron pero no se mucho mas.
- ¿Cuántos eran? - Eran 5
- ¿Sabe los nombres? - Creo que se llamaban Jakob, Miriam, Bob, Amos y Shosanna
LaPadite, con una actitud tranquila pero con los ojos llenos de intranquilidad e impotencia, contestó las preguntas de la forma mas precisa y calmada posible
Landa repasaba minuciosamente la lista y anotaba todos los datos que LaPadite le brindaba. Cuando consideró que tenia la información suficiente, cerró su libreta y guardó todo en su maletín.

El interrogatorio había terminado, entonces Landa le pide a LaPadite otro vaso de leche antes de irse.
La conversación parecía tornarse mas informal y es aquí cuando Landa, manteniendo la educación y amabilidad con la que entró a la casa, le pide permiso para seguir hablando en ingles ya que su francés no era tan bueno y comienza a explicarle a LaPadite que él era un coronel de la SS muy reconocido por ser el único alemán que podía pensar como un judío, lo que hacía que los encontrara con mas facilidad, de ahí su apodo “El cazador de judíos”.
LaPadite encendió su pipa, no comprendía por qué continuaba la conversación si ya había dado toda la información que tenía, quería que se fuera pero Landa parecía disfrutar de la charla.
Luego de contarle sobre su reputación y la razón detrás de su apodo, comienza con eufemismos sobre los judíos y los nazis.
Los alemanes son como las águilas, bestias depredadoras a las que les gusta cazar y los judíos son como ratas, bestias marginadas que viven en un mundo hostil. Le comenta hipotéticamente que si sus soldados entraran a la casa para registrarla, buscarían en los lugares en los que ellos se esconderían pero no en los que se escondería un judío.
De repente interrumpe su discurso y pregunta:
“¿Puedo fumar mi pipa también?” LaPadite asintió tembloroso con la cabeza.

El desmoronamiento
Landa comienza a encender su pipa con mucha tranquilidad y acomodar el tabaco para que prenda bien, ahora ambos estaban sentados, mirándose a través de la neblina que generaban las brasas de las pipas y el sol que entraba por la ventana.
Reanuda su discurso diciendo:
“Para poder tachar oficialmente a su familia de la lista, debo hacer entrar a mis soldados a su casa para que hagan un registro exhaustivo, a menos que tenga algo para decirme y haga que el registro sea absolutamente innecesario, de hecho si facilita mi trabajo no va a ser castigado, por el contrario, va a ser recompensado y esa recompensa es que su familia ya no será acosada por el ejercito alemán .”
LaPadite comienza a temblar, sus ojos se llenan de lagrimas y le falta la respiración. Landa mantiene una mirada fría y sin vida que no había mostrado hasta a ese momento pero aún con serenidad. Y luego de un largo silencio pregunta:
- ¿Está refugiando enemigos del estado no?
- … Si
- ¿Los refugia bajo las tablas de madera del piso no?
- … Si
- Apunte los lugares en donde se esconden.
LaPadite, con lagrimas recorriéndole el rostro señala con la pipa las zonas en el suelo. Landa se levanta de su asiento, se para en el lugar y señala para confirmar que era el punto correcto, (la música de suspenso aumenta).
Deduce que los judíos que están debajo de las tablas no hablan ingles, porque no escuchó movimientos, entonces le ordena a LaPadite que vuelvan a hablar en francés nuevamente y que le siga la corriente.

Landa muestra una gran sonrisa y mientras toma su sombrero se despide de LaPadite, agradeciéndole por su tiempo y su hospitalidad, se acerca a la puerta y la abre al grito de “Entren niñas” para hacer entrar a los soldados. Les indica los lugares a los cuales apuntar y al momento de decir "Adieu" comienzan a dispararle a las tablas de madera y mientras las astillas y la pólvora llenan el aire, LaPadite se tira acurruca en su silla y se cubre la cabeza.
Luego de descargar todas las armas y agujerear completamente todas las tablas de madera, Landa hace un gesto de silencio para poder oír bien y detecta un movimiento debajo del suelo.
Del lado de afuera de la casa, se abre una pequeña tapa de madera por donde sale arrastrándose una joven bañada en sangre. Como puede, comienza a correr por la pradera llorando desconsoladamente.
Landa sale de la casa y la ve, desenfunda su arma, se enfoca en la muchacha, apunta y a último momento decide no disparar.
La deja escapar y teniéndola ya a varios metros de distancia, el coronel le grita: "¡Au revoir, Shosanna!" .

Icónico
Esta película es magistral de comienzo a fin pero lo que la hace increíble es el hecho de que tenga esta gran escena como apertura, dándonos una muestra pesada de lo que nos espera.
La escena completa dura aproximadamente 20 minutos, que se hacen eternos por la tensión que se siente, pero a la vez fugaces por lo atrapante que es.
Es una simbiosis perfecta la que crean sus dos protagonistas, por un lado tenemos a Menochet (LaPadite), que da la actuación de su vida, demostrando tan solo con la mirada muchas emociones diferentes que traspasan la pantalla mientras lucha con su co-protagonista, Waltz (Landa) quien llega a los niveles cínicos mas altos que van a ver en la pantalla, utilizando como recurso la unión de su lado agradable y su lado sombrío, y el tiempo, los segundos que usa entre una frase y otra para generar suspenso y cautivar al espectador.
Esta escena, no solo hipnotiza por la calidad de la misma, sino porque está basada en hechos históricos, lo que nos lleva a sentir un miedo real porque entendemos que realmente pasó algo así y que ese tipo de personajes existieron y existen.
Detalles como el vaso de leche, la pipa o la libreta humanizan a Landa, haciéndote caer en su engaño, de esa forma el otro se vuelve vulnerable.
Dejar escapar a Shosanna, es otra prueba de la sociopatía y el narcisismo de Landa, como forma de demostrarse a si mismo que aunque huya, la va a encontrar porque necesita ponerse retos y autosuperarse.
Personalmente, considero este uno de los momentos iconicos del cine, que por mas que lo veas mil veces, y te la sepas de memoria, te va a generar siempre las mismas emociones.
Estas escenas son la razón por la cual amo el cine y eso me hace muy feliz.
¡Muchas gracias por leerme!




¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.