SUPERHÉROES, UNA DES-IDENTIFICACIÓN 

Ya nadie se identifica con los superhéroes del cine

  1. Introducción.

El fenómeno de los superhéroes en el cine ha acompañado diversas generaciones. Estos personajes ostentan poderes extraordinarios; aunque el aspecto más interesante que nos gustaría destacar en este artículo, sería aquello que los acerca al ser humano común: sus emociones, conflictos internos, el uso ético de sus poderes, en fin, sus complejidades humanas. ¿Qué haría usted si mañana por la mañana despierta con el poder de controlar a sus semejantes con una orden mental? Suena deseable.

Al analizar la representación de estos personajes en el cine, es crucial reconocer cómo influyen en la construcción de valores, creencias, o la moral en la vida real. Las narrativas cinematográficas a menudo presentan superhéroes que, agregado a sus habilidades sobrehumanas, cargan con debilidades y dilemas éticos, reflejando conflictos internos del individuo contemporáneo. Un ejemplo notable es la evolución de Spider-Man, quien redefine al héroe moderno, presentando un personaje imperfecto que lidia con conflictos cotidianos. Asimismo, existe una conexión entre comics y cine; de hecho, la historieta es un antecedente del cine; muchas historietas o videojuegos han sido llevados a la pantalla con irregular éxito. Esta intersección entre ficción y realidad es fundamental para entender por qué nos sentimos identificados, o bien alejados de estos héroes de la pantalla.

2. Técnicos VS. Rudos

El primer superhéroe de la historia del cine; identificado como tal, es Superman, quien apareció en la película "Superman" de 1948, protagonizada por Kirk Alyn. Aunque ya existían antecedentes en las historietas, y cortometrajes. En esta película aparecen ya las características definitorias que identifican al personaje como Super- Héroe. (el Superhéroe ostenta más poderes que el héroe normal). Tales atributos o virtudes son: Poderes extraordinarios, como capacidad de volar, fuerza sobrehumana, visión de rayos X, velocidad, ETC. Eso en cuanto a capacidades física. En el aspecto moral, el Superhéroe siempre está del lado del bien, de la justicia, busca restablecer el “orden” y salvar el mundo. ¿De qué se debe salvar el mundo? En primer lugar, de los “malos”. Estos supervillanos son convenientemente revestidos con los signos de maldad y perversidad apropiados para aterrorizar al ciudadano común.

"Superman" 1948, protagonizada por Kirk Alyn.

Otro rasgo distintivo es la identidad secreta. Durante el día actúan un papel intrascendente. Tal como lo hace el alter-ego de Superman; Clark Kent, un periodista mediocre, un Godínez sin carácter que cumple tibiamente su obligación, generando artículos deplorables y deseando los encantos de Luisa Lane. Por la noche, o cuando aparece algún peligro, el tipo se mete en una cabina telefónica, con el fin de quitarse el traje de periodista y ponerse el traje de Superman; y también despeinarse un poco, para no ser reconocido.

Yo siempre me preguntaba: si el tipo tiene tantos super poderes, ¿por qué necesita esconderse en cualquier cabina maloliente? ¿acaso cree que tan solo con peinarse el sexy mechón de cabello sobre la frente, ya nadie lo reconocerá? ¿por qué ese comportamiento tan pusilánime con las mujeres? ¿Por qué estar siempre al servicio de la Ley y el orden? ¿qué tipo de valores y comandos se intenta interiorizar en las masas? En fin, que ese tipo de superhéroes, a la larga se vuelven aburridos.

Una característica más que a veces roza lo ridículo es el uso de extrañas vestimentas; siempre ajustadas, colores chillantes, contrastes brutales, diseños delirantes. Un desfile de modas planeado, tal vez, para asustar a los archienemigos.

Y, por último, pero no menos importante, se encuentra el trasfondo, el origen mítico del personaje, con todos sus poderes y manías. (al Hombre araña le picó una araña) El trauma del nacimiento, que les lleva a comportarse como lo hacen; la búsqueda de venganza, o redención. Este trasfondo es hábilmente explotado en cada capítulo. Existen otras características, pero las de mayor peso son las que he mencionado.

La representación de los superhéroes en el cine contemporáneo ofrece un campo fértil para la exploración de los mitos culturales y su papel hegemónico en cada periodo histórico. En la pantalla se ven representados los miedos sociales, inducidos y administrados por el poder dominante. Los monstruos extraterrestres de los años 50 nos causan risa, si los comparamos con los aliens de hoy. (inmigrantes desesperados por entrar a EE. UU.) Vea la película “Hombres de negro” (Men in Black 1997) Esa xenofobia de los gringos, cómicamente expuesta en “Men in Black” se acentúa un poco más en las últimas administraciones del país del Norte, que se enfrentan a las mareas de sudamericanos hambrientos. Cada año, la marcha caravana que agrupa miles de inmigrantes atraviesa México y llega a las fronteras de EE. UU. intentando penetrar al país de las ilusiones.

Men in Black 1997 protagonizada por Tommy Lee Jones y Will Smith.

Así, los Superhéroes del cine, no solo reflejan, en sus puestas en escena, fantasías de poder y justicia, sino que también abordan realidades filosóficas, políticas y sociales más profundas. Veamos un par de ejemplos: la crisis de los refugiados de guerra, la migración, la amenaza nuclear, virus, pandemias, zombis, destrucción ecológica, la amenaza de la tecnociencia presente en la robótica y la inteligencia artificial...

Por ejemplo, en películas como Thor: Ragnarok, (1917) se puede observar cómo la movilidad se convierte en un símbolo de poder, a la vez que se representan cuerpos desplazados, sugiriendo un vínculo entre fantasía y problemática social contemporánea. Además, el análisis del superhéroe como un ente político permite una reflexión crítica sobre militarismo y seguridad. Una gran cantidad de películas de EE. UU. y otros países, muestran una narrativa en la que se justifican crímenes de lesa humanidad (guerras, invasiones, ejecuciones) con el argumento de preservar la seguridad nacional. Nuestra obligación como espectadores críticos debería ser cuestionar las ideologías subyacentes en estas representaciones. Así, el cine de superhéroes se convierte en un espacio donde; mezclado con grandilocuentes recursos, pirotecnia, y superproducciones millonarias, se puede ver entre líneas, si se pone atención, la propaganda que intenta banalizar o romantizar la cruda violencia de complejas realidades sociales.

Un ejemplo es “Los Vengadores” (2012). Hay que hurgar entre las palomitas y la botana, entre los maravillosos efectos especiales , la atronadora música y los chistes banales; para encontrar que el argumento, la anécdota que le define, es la misma: un enemigo inesperado amenaza la seguridad nacional, es decir, mundial, que es lo mismo.

Otro ejemplo, aunque ya no de Hollywood y Superhéroes, que me viene a la memoria, es la horrible y empalagosa “La vita è bella” La vida es bella, (1997) de origen italiano, dirigida por Roberto Benigni. El héroe de esta película, que también es la víctima, tiene el superpoder de engañarse y mentir a su pequeño hijo, sobre la crueldad y sufrimiento de la vida.

She-Hulk, Defensora de Superhéroes. (2022)

3. Ya no queremos ser Superhéroes

La representación de superhéroes en el cine contemporáneo perpetúa una desconexión con la realidad de la mayoría de las personas. Personajes como la prepotente Captain Marvel (La Capitana Marvel), la indefendible She-Hulk, o la aberrante Sirenita; han sido promovidos como íconos de empoderamiento femenino dentro de un contexto del feminismo más rabioso. Pero estos personajes y sus narrativas progres, metidas con calzador no han logrado otra cosa que provocar vergüenza y asco en los fans de Marvel.

Otro tanto ha acontecido con esa campaña para obtener votos entre la comunidad LGBTQ+. Los Superhéroes gay; ya descafeinados, deslactosados des -construidos; disminuida su testosterona y “masculinidad tóxica”, dan por resultado un engendro patético. Así, sus luchas y triunfos en la pantalla resultan en una comedia ridícula. Todo esto obstruye una identificación auténtica por parte del público.

La codificación de la feminidad que se muestra en estas narrativas ilusorias; no identifica a la mujer trabajadora, que no tiene tiempo de andar en marchas feministas. No hay representaciones genuinas; ni para mujeres ni para hombres. En este sentido, es crucial que el cine explore historias que reflejen conflictos humanos reales, contribuyendo así a una conexión más significativa con el público.

Al igual que en la Lucha Libre; rudos contra ténicos; una gran cantidad de público se identifica con los malos. Pero los Supervillanos, que hacían contrapeso a los políticamente correctos Superhéroes, también han sido deslactosados.

El ejemplo más reciente, que nos ha causado náuseas y ganas de vomitar, es lo que hicieron con El Joker. Después de “Joker” (2019) con el insuperable Joaquín Phoenix, extraordinario en su papel de un hombre destrozado por la enfermedad mental y el sufrimiento, que intenta divertir al público actuando como payaso, mimo o comediante; consigue aglutinar el malestar de una sociedad que ya no aguanta más, convirtiéndose en antihéroe. Después de esta joya, surgió su antítesis; el espantoso musical: “Joker: Folie a Deux” (2024). ¿Qué diría el gran crítico de cine Jay Sherman? Diría más o menos: ¡Qué asco! Lady Gaga con su vestido rojo, es un coágulo sangriento con patas.

4. El papel del Relato en la cultura popular.

En la identificación del público con los superhéroes, juega un papel crucial la construcción de narrativas presentes en la historia cultural.

Las similitudes entre las luchas de los superhéroes y las experiencias cotidianas de las personas se vuelven un puente hacia la empatía. Sin embargo, estas narrativas también están influenciadas notablemente por las dinámicas del poder dominante que, se reflejan en la cinematografía misma. Al explorar cómo el público se proyecta en estos héroes, se revela la necesidad de que los superhéroes encarnen no solo la fantasía, sino también la vulnerabilidad humana, haciendo que sus historias sean más accesibles y relevantes para un espectador que busca héroes con los que pueda identificarse genuinamente.

El cine desde sus inicios fue utilizado, no solamente como un espectáculo de entretenimiento, sino como una herramienta de manipulación ideológica política. Así, las representaciones del cine intentan divulgar las creencias y las ideologías “correctas”. Desde El Acorazado Potemkin (1925), hasta la superproducción más reciente de Marvel, la narrativa explota la imagen de ese personaje conceptual llamado héroe, colmándolo con los atributos necesarios de nacionalismo, valor, justicia, arrojo, capaz de ofrendar la vida en defensa de los valores culturales actuales.

conclusión

El espectador común busca identificarse con ciertos héroes que siente cercanos. Pero la grandilocuencia de los superhéroes actuales, su hipernacionalismo acrítico, la inclusión forzada de personajes y narrativas, que buscan complacer a colectivos supuestamente vulnerables; la tendencia a sanitizar realidades complejas, en favor de la corrección política, (no se vaya a ofender tal o cual colectivo woke) y la evidente manipulación ideológica, aumentada tras el atentado del 9/11; todo ello se traduce en una desconexión con los problemas reales de la audiencia. Por lo tanto, la distancia entre la fantasía del cine y la vivencia cotidiana puede explicar la falta de identificación con estos héroes.

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