Crítica de "Cuckoo" 

Recientemente la plataforma MAX sumó a su catálogo la película alemana Cuckoo, escrita y dirigida por Tilman Singer. Si estás buscando algo distinto que te mueva de la zona de confort, este puede ser un buen plan para el fin de semana.

Tilman Singer es un director alemán que en el año 2018 realizó el largometraje Luz, sobre una mujer taxista perseguida por una entidad demoníaca. Y antes, en el 2016, también hizo un cortometraje titulado El fin del mundo, donde una pareja se ve envuelta en una estafa a personas muy peligrosas.

En este caso nos lleva al medio de un bosque, más precisamente en los Alpes bávaros, una cordillera alemana, en el que hay una especie de resort y un proyecto innovador para el mismo. Una familia llega a cambiar de vida, el padre, interpretado por (Marton Csokas) trabaja en el proyecto y la única que no parece cómoda es la adolescente Gretchen (Hunter Schafer, ya nos detendremos a hablar de su gran interpretación).

La joven parece atravesar estadíos típicos de su edad intensificados por el duelo por la muerte de su madre. Claramente su idea de hogar no está cerca de la nueva familia de su padre, su nueva esposa Beth (Jessica Henwick) y la pequeña Alma (Mila Lieu), de quien no se siente “hermana”. Forzada a adaptarse busca una salida de esa casa y la oferta de trabajo como recepcionista es una gran oportunidad para distenderse.

El clima de extrañeza se advierte desde el preciso momento de su llegada y el encuentro con el dueño del resort, Herr König, interpretado por Dan Stevens. Un hombre aparentemente seductor y amable pero cuya mirada esconde algo. Además, la oferta de trabajo para Gretchen viene con algunas reglas muy claras como que no puede volver sola de noche y él mismo va a pasar a buscarla. Ella, típica rebelde, decide romperlas todas juntas.

La noche en el resort le permite advertir el raro comportamiento de algunas hospedadas, pero la noche en el bosque la encuentra con algo peor. Algo la persigue, pareciera una persona que corre velozmente tras ella que, absorbida por la música de sus auriculares, no percibe el peligro.

Misterio, misterio y más misterio

La película avanza por el camino del drama familiar y un misterio que envuelve elementos fantásticos con una subtrama de experimentos científicos y laboratorios. Sí, todo eso que parece de mundos distintos se mezcla en este largometraje que tiene como punto más fuerte su singularidad y su apoyo en la extrañeza para construir una incógnita atrapante.

La fotografía y el arte son los factores técnicos que más se destacan, luego hablaremos también del rol del sonido. El despliegue visual construye un mundo que se despega del naturalismo y nos envuelve en una atmósfera diferente. La paleta se centra en los tonos fríos y verdes. El exceso de prolijidad y las arquitecturas angulosas habitadas por personajes enrarecidos nos remiten más a películas como Canino de Yorgos Lanthimos donde ese mundo que se supone que es el nuestro, parece una cápsula especial y casi distópica. En ese caso por la construcción de un mundo psicológico y apoyada sobre el blanco y la luminosidad enfermiza y en el caso de Cuckoo a través de la incógnita sobre la percepción de lo natural y lo artificial.

Otro ejemplo, pero de una serie, que trabaja con los verdes y también comparte esta esencia es Severance, creada por Dan Erickson.

Antes mencionábamos el uso sonoro y hay que reconocer que esta película propone un uso expresivo destacado. La alteración de los sonidos también aporta a la construcción de lo desconocido.

Además de la enigmática interpretación de Dan Stevens, se destaca el protagónico de Hunter Schafer. Ya conocíamos su capacidad de composición desde la serie Euphoria. Pero acá la podemos ver cambiando el registro a un personaje notablemente perturbado pero bastante contenido que no verbaliza lo que le sucede. Sus expresiones de confusión y el arco de transformación hacia madurar sus emociones son verdaderamente destacables.

¿A la altura de una trama compleja?

Una de las grandes apuestas del relato es profundizar sobre un mundo extraño y una trama compleja. Las dinámicas narrativas canónicas nos tienen acostumbrados a relatos transparentes en donde las cosas se desenvuelven de forma clara, o en cualquier caso las cosas se explican progresivamente para mantener al espectador calmo y sumergido sin mayores esfuerzos en comprender.

Pero en otro tipo de relatos (y el cine europeo tiene una fuerte tradición en esto) las tramas opacas tienen mucho protagonismo. Cuando hablamos de opacidad en la trama nos referimos a relatos en los que la información puede no ser fácilmente inteligible pero esto forma parte de una búsqueda en la que el espectador tome una participación activa en dilucidar los elementos. Además, contribuye a una mirada entregada al viaje que la película proponga y no una anticipación constante que generan las dinámicas más tradicionales, en donde el espectador ya intuye todo lo que puede suceder.

Esto tiene un punto que funciona como doble filo, una gran trama compleja es muy convocante porque el espectador puede sentirse muy concentrado en un mundo que necesita imperiosamente descifrar. Pero ¿qué pasa cuando este juego de expectativas y rompecabezas crece demasiado? Lo que pasa es que nos encontramos frente a un desafío con la resolución. Mientras más enroscado se presente el enigma, más necesitamos como espectadores que la resolución tenga una coherencia con lo que se contó hasta el momento.

Además muchas veces buscamos que la resolución justifique el extraño camino recorrido. Entender por qué las cosas eran opacas y cuál era la llave que nos faltaba para entender este mundo. Es difícil escapar de este problema y hay toda una categoría de películas que se encasillan por sus buenas premisas pero sus malos desenlaces. La ambición de la trama sólo puede ser equivalente a un desenlace contundente. Los finales “abiertos” o soluciones del tipo “era todo un sueño” son las trilladas salidas de estos laberintos que sus propios creadores no pueden resolver. A veces otro motivo para dar esta salida es para poder tener un buen desenlace para el protagonista.

Click: perdiendo el control, dirigida por Frank Coraci es un ejemplo en el cual el conflicto crece tanto que no hay salida posible. El protagonista arruina su vida a tal punto en el cual no puede volver hacia atrás para resolverlo. Y para no quedarse con un final amargo que destruya al personaje interpretado por Adam Sandler deciden darle una nueva oportunidad, un final más optimista en el que en realidad nada de lo que vimos sucedió y sólo será una advertencia para que mejore sus futuras decisiones.

Algunos de estos finales sí funcionan de manera expresiva, como puede ser Abre los ojos de Alejandro Amenábar donde el sentido de entender que lo que sucedió está dentro de un sueño nos deja con una sensación angustiosa por el protagonista atrapado en una pesadilla eterna sin posibilidad de rescatarse nunca. Como todo en el cine, no podemos hacer afirmaciones que sentencian una generalización sino que cada caso merece una atención particular.

El problema con Cuckoo es que se queda a medio camino de la contundencia. Llegando al momento en el cual necesita dar un cierre al conflicto, elige cambiar algunos códigos y romper por la salida canónica, más cerca de la acción. Quedar a medio camino no es una valoración negativa sino quizás una advertencia para bajar algunas expectativas explosivas y disfrutar de un relato audaz y diferente.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 3
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.