Sofía Coppola y el misterio del suicidio de sus vírgenes Spoilers

Las vírgenes suicidas es una novela publicada en 1993 por el escritor estadounidense Jeffrey Eugenides y llevada a la gran pantalla por Sofía Coppola tan solo seis años después. Fue la segunda película de esta directora y la que le brindó reconocimiento internacional. Tanto la novela como su adaptación cinematográfica nos presentan una historia repleta de silencios y de falta de explicaciones, o lo que podríamos entender como verdaderos espacios liminales dentro del arte: nos invitan simplemente a habitar la incomprensión. Pero esa es una conclusión a la que se llega solo a través de otras revelaciones, partiendo de la voz narradora.

La película es planteada desde el comienzo como el relato de un adulto sobre sus recuerdos de una serie de sucesos que tuvieron lugar en tranquilo barrio suburbano de Michigan de clase media y media alta durante los años 70. Un grupo de chicos se obsesiona con el suicidio de las cinco hermanas Lisbon, dato revelado durante los primeros minutos del film. Es esa obsesión y objetivación de las hermanas por parte de los chicos que funciona como motor de la historia y va marcando el ritmo de las escenas, con aires de crónica investigativa un tanto lúdica pero nunca abandonando lo fuertemente onírico del relato. Este análisis, desde la perspectiva de un grupo de niños sobre lo ocurrido 25 años antes deja al descubierto la mirada inocente e inmadura de los chicos y su limitada facultad de ver los hechos que se desarrollaban en ese momento. Logra interpelar al espectador, incluso, sobre su propia capacidad de comprensión, ya que la historia es, sin ir mas lejos, solo suposiciones sobre lo que un grupo de chicos cree que pasó.

Cecilia, la primera en cruzar

Todo comienza con el intento de suicidio de Cecilia, la hermana menor de los Lisbon. Con solo 13 años, ella intenta cortarse las venas pero sobrevive. A partir de ese episodio, el psicólogo le recomienda a los Lisbon que permitan que sus hijas interactúen con varones de su edad. Los Lisbon son una pareja extremadamente estricta e imponen en su casa reglas asfixiantes. El padre, profesor de matemática, alterna entre negador ridículo y hombre al borde de la locura. La madre, ama de casa, es la más rígida de los dos. A pesar de sus ideas religiosas y estándares morales, intentan hacer caso al psicólogo y organizan una fiesta para sus hijas en el sótano de su casa e invitan a sus vecinos. Pero es en vano, Cecilia se tira por la ventana y muere empalada en las rejas.

Vemos desde ese momento cómo las cuatro hermanas restantes se van apagando. Al poco tiempo vuelven a la escuela pero se mantienen apartadas, son juzgadas y miradas como raras. Al mismo tiempo vemos cómo los olmos de la cuadra de su casa son cortados uno a uno. La prensa cubre el suicidio de Cecilia desde el amarillismo y a las hermanas Lisbon como un producto altamente explotable. Los padres de las chicas no logran escucharlas ni acompañarlas.

Trip Fontaine y el principio del fin

Nos presentan al personaje de Trip Fontaine, el catalizador de los eventos que ocurren en la segunda mitad de la película. Trip convence al padre de las Lisbon para que le permita a sus hijas asistir al baile escolar. Esa será la útima experiencia feliz de las chicas. La noche termina con la trágica decisión de Trip y de Lux de ir a la cancha de futbol a besarse (¿y a tener sexo? Tal vez sí, pero a mi criterio eso no está claro y el título de la película juega con eso). El resto de las chicas regresa a casa con sus acompañantes y cumple con el horario pactado con sus padres. Lux y Trip se quedan dormidos en el pasto, Trip despierta y decide irse sin despertarla, sin importarle siquiera cómo iba ella a volverse a su casa. El regreso de Lux cuando ya es de día desata la furia de su madre. Desde ese momento se imparte el castigo final: las chicas dejan de asistir al colegio y su madre obliga a Lux a quemar sus discos. La casa blanca de los Lisbon se torna el mausoléo silencioso que vaticina lo que vendrá.

Una sensación de asfixia y de monotonía se apodera de los días y las noches dentro de la casa de los Lisbon. Con la eventual escena de besos y, según la visión de los chicos, breves encuentros sexuales en el techo entre Lux y algún sujeto. No lo sabemos, pero las chicas ya están comenzando a llegar a la misma conclusión: la única salida es la que elegida por Cecilia.

Es así cómo las hermanas Lisbon invitan a los chicos a su última noche, no sabemos bien por qué y mucho podemos teorizar al respeto. Creyendo que las llevarían de paseo en el auto, el grupo de chicos debe enfrentarse con dos de los cuerpos de dos de las hermanas y huye sin llegar a presenciar el suicidio de las otras dos.

La mirada masculina, el mito de la caverna y el rompecabezas final

A lo largo de la película, los chicos intentan armar este rompecabezas. Ven a las hermanas Lisbon como piezas de un enigma por resolver y no como personas. Las miran desde la ventana de enfrente, espían a Lux a través de un telescopio. Las ubican en un lugar misterio y objeto sexual, casi como un juego. Coleccionan sus cosas, roban el diario íntimo de Cecilia, todo en busca de entretenimiento. Nunca intentan entablar una conversación real con ellas ni llegar a conocerlas.

“It didn't matter in the end how old they had been, or that they were girls, but only that we had loved them, and that they hadn't heard us calling, still do not hear us, up here in the tree house, with our thinning hair and soft bellies, calling them out of those rooms where they went to be alone for all time, alone in suicide, which is deeper than death, and where we will never find the pieces to put them back together.”

Es por este motivo que el espectador solo recibe retazos de fantasía voyerista de estos chicos a lo largo de la película, y no una visión real de lo que atraviesan las protagonistas, similar a la experiencia del mito de la caverna de Platón, en la que los chicos solo perciben las sombras de lo que en verdad sucede, y en consecuencia, el espectador también. ¿Será que los verdaderos protagonistas de la película en realidad son los chicos?

Resulta claro, entonces, que la dificultad para comprender esta película radica no solo en el hecho de que precisa de una madurez emocional y una distancia “objetiva” para poder entender que la voz narrante es aquella de la de un chico adolescente y que los hechos contados, según van sucediendo, son meras suposiciones e interpretaciones de un grupo de púberes que están lejos de comprender la experiencia femenina de sus vecinas, y aún peor que eso, ni siquiera quieren comprenderla.

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